Somos la Cuarta Ola; feminismo es insumisión

Kamchatka es un espacio colectivo para una forma de hacer periodismo: feminista, de clase, contestatario e independiente. No tenemos grandes inversores que interfieran en nuestra ética profesional y para que esto pueda seguir así necesitamos más que nunca vuestra colaboración. Ayúdanos a seguir siendo libres. Ayúdanos a resistir.

En su discurso sobre la desigualdad de género en la ONU en septiembre de 2014, la actriz Emma Watson preguntó: "¿Por qué 'feminismo' es una palabra tan incómoda?". La revista Time argumentó que la palabra ‘feminista’ se había usado en exceso y debería prohibirse. Para algunas feministas, el gesto fue un ataque oblicuo contra el movimiento político en sí. Entendimos que el deseo de eliminar el término era equivalente a la deseada eliminación del movimiento. En lugar de rendirse y abandonar la palabra, decidimos luchar por ella, restaurar su potencia y el 8 de marzo de 2018 sorprendimos al mundo con manifestaciones masivas. Entonces surgió un nuevo peligro que señaló la cofundadora de la revista Bitch, Andi Zeisler, describiendo este fenómeno como "feminismo de mercado": "El feminismo de mercado es, en muchos sentidos, hacer del feminismo una identidad que todos pueden y deben consumir", escribió en su libro 'We Were Feminists Once: From Riot Grrrl to CoverGirl, the Buying and Selling of a Political Movement'. "El problema es el problema de siempre, que el feminismo no es divertido", afirma Zeisler. "No tiene porqué serlo. Es complejo y difícil y molesta a la gente. Es serio porque se trata de personas que exigen que su humanidad sea reconocida como valiosa. Los problemas radicales que confronta el feminismo (la desigualdad salarial, la explotación capitalista, las divisiones de trabajo basadas en el sexo, el racismo y la misoginia institucional, la violencia estructural y, por supuesto, la autonomía corporal) son profundamente poco sexys".

Hoy 'feminismo' es una palabra de moda, ya no incomoda a casi nadie. En estos días, el feminismo es fabuloso. Promocionado por todas, desde Dove hasta Taylor Swift, el capitalismo de consumo ha hecho que el feminismo sea sexy, divertido, genial y notablemente fácil de reclamar como propio. Pero el precio, si no confrontamos el feminismo asimilado, en todas sus variantes, puede ser perder el significado del feminismo como un movimiento político, revolucionario, como la lucha colectiva por la liberación de las mujeres.

El capitalismo de consumo ha hecho que el feminismo sea sexy, divertido, genial y notablemente fácil de reclamar como propio

Ahora, en 2019, es feminista todo el mundo, porque la RAE dice que el feminismo es el "principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre" y todo el mundo quiere la igualdad. Bueno, todo el mundo no. Son feministas todos… menos las feministas que rechazamos esa definición y preferimos que sean las propias mujeres conocedoras de la teoría y la práctica feminista las que definan qué es feminismo. ¿Sabrán mejor qué es el feminismo las autoras feministas o las mujeres en la lucha por la liberación de la mujer que una Academia misógina y patriarcal? No, señor. Lo saben mejor los varones de la RAE. ¿Preguntan los medios, los políticos varones, los tertulianos, etcétera, a las feministas qué es el feminismo? No, miran en un diccionario. Pa qué más. Y debaten sobre feminismo sin la presencia de ninguna feminista. Este tratamiento esconde una profunda misoginia, porque con ningún otro movimiento se ignora a sus teóricas, se ignora a sus militantes, se define desde fuera.

Así vemos un consenso general sobre una definición del feminismo, una definición aceptable, cómoda, bonita, funcional para poder. Quién esté más informada dirá: "No solo lo dice la RAE, lo dicen también las feministas de la igualda". Y dirá la verdad, pero no toda la verdad. Porque se están hurtando a la opinión pública corrientes importantísimas del feminismo, con décadas de existencia y autoras muy valiosas. Se ha ocultado la existencia de corrientes feministas esenciales, como mínimo desde principios de los años 90: el feminismo radical, el feminismo marxista, el feminismo negro, el feminismo autónomo, el anarcofeminismo, el lesbofeminismo, el separatismo feminista, el feminismo materialista, el ecofeminismo, por nombrar las principales corrientes olvidadas.

Muchas de nosotras hemos sido (presuntamente) educadas y hemos conocido a lo largo de nuestras vidas o ninguna visión, o solo una visión de feminismo: un feminismo posmoderno, académico, liberal, partidario de la teoría queer. En realidad hoy sabemos que lo que nos presentaron como feminismo era antifeminismo. A partir del 8M de 2018 se ha hecho hegemónica otra visión de feminismo: el feminismo de la igualdad. Podemos pensar que es un avance porque al menos es feminismo, por muy reformista que sea, no es el antifeminismo posmoderno y queer de los 30 años anteriores. Mucho mejor una Celia Amorós que una Judith Butler. Sin embargo el que he llamado feminismo de la liberación, el feminismo que lucha por la liberación de la mujer de toda opresión, vive todavía en una especie de clandestinidad. Muchas obras principales siguen sin traducirse, sus mejores autoras son desconocidas incluso dentro del feminismo (Andrea Dworkin, Audre Lorde, bell hooks, Adrienne Rich, Marilyn Frye, Margarita Pisano, Andrea Franulic...), y si se las nombra es, a menudo, porque corren bulos y mentiras sobre ellas, divulgadas originalmente en portales ultramisóginos.

Es completamente lógico que el feminismo de la liberación incomode y sea molesto para el poder patriarcal y el capital. Sin embargo el feminismo de la liberación resulta irreverente, incómodo, insumiso, inaceptable, no solo para los misóginos burgueses, sino también para buena parte de la izquierda y del feminismo. ¿Por qué? En el caso de la izquierda es evidente, porque hablamos de una izquierda patriarcal, dominada por varones, donde las mujeres y sus cuestiones ocupan un papel secundario, por mucho que intenten aparentar que no. Sus dardos se dirigen en el mejor de los casos al capitalismo, nunca al patriarcado, cuya existencia no reconocen la gran mayoría de ellos.

El feminismo de la liberación resulta irreverente, incómodo, insumiso, inaceptable, no solo para los misóginos burgueses, sino también para buena parte de la izquierda y del feminismo

En el caso del feminismo, las causas son bastante parecidas. Las feministas que rechazan cualquier intento de radicalizar el feminismo no son en realidad feministas independientes. Reabren viejos debates de los años 70 sobre la doble militancia. Hoy, como ayer, comprobamos que, salvo honrosas excepciones, las mujeres de partido no son leales a las mujeres ni al feminismo, son leales al partido patriarcal al que sirven. Estas mujeres sí hablan de feminismo, un feminismo reducido al abolicionismo, la lucha contra los vientres de alquiler y la violencia machista, pero si hay un conflicto con feministas que van a la raíz de la opresión, siempre optarán por defender a compañeros varones y no a sus compañeras feministas. Por supuesto defenderán que los hombres pueden formar parte del movimiento feminista, ni siquiera dirán que son aliados, dirán que son hombres feministas, aunque raudos tomarán el altavoz más cercano y comenzarán a explicar a las feministas, qué es, cómo debe actuar el feminismo, y sobre todo qué deben de dejar de hacer porque "eso daña al feminismo".

Las mujeres de partido siempre optarán por apoyar, ignorar o atacar una causa feminista siguiendo las órdenes de los varones dominantes, según la coyuntura partidaria y electoral, en función muchas veces de las encuestas. Acatarán sumisas las órdenes varoniles. Por el bien del partido. Y por el bien del partido tampoco dudarán en callar ante acosos y abusos sexuales a mujeres dentro de la propia organización o ante la militante insumisa que se niegue a aceptar la ley del silencio. Estas mujeres, a menudo ocupando cargos intermedios, incluso llegarán a participar en la campaña de desprestigio a la mujer agredida o desobediente organizada por los varones poderosos. Son indiferentes antes las trágicas consecuencias que en ocasiones tienen esas campañas de deshumanización de la víctima de la violencia machista dentro del partido. ¿Podemos confiar las feministas en estas mujeres con sus mentes colonizadas por el varón? Obviamente no. Y menos cuando vemos que estas mujeres dicen cosas más atroces contra el feminismo que los mismos machistas. Por ejemplo no tienen ningún escrúpulo a la hora de difundir que el propósito del feminismo radical es exterminar a los hombres, algo que no se han atrevido nunca a decir ni los gurús del neomachismo.

¿Desde cuándo el feminismo se volvió tan fácil de difamar, de tergiversar? ¿Desde cuándo aquellas que decían entender su valor, y se unían detrás de la bandera feminista, prefieren defender a sus varones y sumarse al ataque a las feministas de las liberación? En palabras de Andrea Dworkin: "Las mujeres somos especialmente tendentes a renunciar a lo que sabemos y sentimos que es correcto y verdadero por el bien de otros, o por el bien de algo más importante que nosotras. Esto es así porque la condición en la que viven las mujeres es una condición colonizada. Las mujeres son colonizadas por hombres, en cuerpo y mente. Definidas en todos lados como malvadas cuando actuamos en interés propio, nos esforzamos por ser buenas renunciando a nuestros propios intereses por completo". En 1979 Andrea Dworkin ya denunciaba que: "Las feministas están siendo amenazadas en este momento en todas las áreas de actividad porque los hombres están intentando recolonizar nuestras mentes -mentes que han estado intentando liberarse del control masculino. En todos lados, las mujeres son confrontadas por la urgencia de las demandas masculinas, todas las cuales se supone que sustituyen en importancia a las demandas que las mujeres debemos hacer por nuestra propia integridad. La historia es tan vieja que ya debería estar agotada y muerta, pero no lo está. Las feministas cuentan la historia una y otra vez: cómo las mujeres contribuyeron a esta y a aquella revolución y fueron vendidas al final, enviadas en paquetes de vuelta a la casa para limpiarla luego de que el polvo revolucionario se haya asentado, embarazadas y pobres; cómo las mujeres contribuyeron a este o aquel movimiento social por el cambio y fueron violadas y explotadas y abusadas, y luego fueron enviadas de vuelta a la casa para limpiarla, embarazadas y pobres. Pero la mente colonizada no puede recordarlo. La mente colonizada no tiene el orgullo o la militancia de los recuerdos. La mente colonizada se rehúsa a politizar el enojo o la amargura. La mente colonizada debe satisfacer las demandas del colonizador: devoción y buen comportamiento, pensamientos claros y sin ira desagradable".

¿Desde cuándo el feminismo se volvió tan fácil de difamar, de tergiversar? ¿Desde cuándo aquellas que decían entender su valor, y se unían detrás de la bandera feminista, prefieren defender a sus varones y sumarse al ataque a las feministas de las liberación?

En la práctica, desde el mismo momento el que se creó el Movimiento de Liberación de la Mujer en 1969/70 los varones marxistas y anarquistas reaccionan con mucha hostilidad. La razón es que la primeras mujeres militantes decidieron separarse de los partidos y organizaciones de izquierda y del feminismo burgués.

Mujeres militantes hartas de ver despreciada y relegada la cuestión de la mujer, cansadas de escuchar a los varones, de ser relegadas sistemáticamente a un papel secundario, hartas de ser acosadas y maltratadas sexualmente en organizaciones mixtas. Mujeres militantes que crearon los colectivos feministas que formaron luego, al coordinarse, el Movimiento de Liberación de la Mujer. A estas pioneras se unieron de inmediato las jóvenes de las organizaciones del feminismo burgués, como NOW en Estados Unidos. Las mujeres que se quedaron en esas organizaciones de izquierda colaboraron desde el primer momento en la airada reacción patriarcal contra el MLM, es decir, contra un movimiento de autodeterminación de las mujeres que eligen llevar ellas sola la lucha por su liberación. Heidi Hartmann en 'Un matrimonio mal avenido: hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo' hace otra lectura muy interesante del conflicto.

Sea como fuere, y a pesar todo, hoy el verdadero significado del feminismo y su teoría radical se está recuperando poco a poco gracias al esfuerzo militante de feministas de varios países de habla castellana, entre un caos de vitriolo, toxicidad, confusión, luchas internas y amargura que se está desarrollando especialmente en las redes sociales, esenciales para la Cuarta Ola. Hasta hace poco las jóvenes tenían miedo de alinearse con el feminismo por temor a ser señaladas. Ese miedo ha empezado a desaparecer desde el 8M de 2018. Aún así, muchas mujeres jóvenes o no tan jóvenes, se sienten todavía demasiado intimidadas para unirse al diálogo, a menudo brusco, sobre lo que significa ser feminista en los tiempos actuales, por temor a la forma en que se les hablará o silenciará o malentenderá (en muchas ocasiones deliberadamente). Esta falta de respeto hacia las feministas y el acoso que sufren, especialmente en redes, debe ser abordada de manera urgente, en especial por la izquierda y su "feminismo" patriarcal, que en no pocas ocasiones organizan o colaboran en los ataques misóginos focalizados en las feministas más jóvenes.

La falta de respeto hacia las feministas y el acoso que sufren, especialmente en redes, debe ser abordada de manera urgente, en especial por la izquierda y su "feminismo" patriarcal

Resulta paradójico que quienes no dejan de alertarnos del fascismo (aunque sea en un intento de chantaje a las feministas) no tienen escrúpulos en querer acabar con la libertad de expresión, en una especie de fascismo preventivo. Mujer, cállate... "para impedir que el fascismo alcance el poder".  Esta línea autoritaria de la izquierda y su "feminismo" patriarcal, incapaz de mantener un debate abierto y honesto, recurre sin pudor al tipo de tácticas antifeministas que describí en este artículo.

Nadie progresista, ni menos feminista, puede pretender que las feministas nos callemos y ocultemos, como hacen estas personas, la historia del feminismo y sus luchas. Las sufragistas de principios del siglo XX son legendarias dentro del feminismo, pero parecen haberse olvidado sus métodos de lucha, los que las llevaron finalmente a la victoria. Dirigidas por Emmeline Pankhurst, estas audaces y valientes mujeres se ataron y encadenaron a rejas y cancelas, incendiaron buzones y detonaron bombas. Su lema era "Hechos, no palabras".

El 18 de noviembre de 1910, Emmeline Pankhurst y otras 300 mujeres se plantaron frente a la Cámara de los Comunes exigiendo la aprobación de la de Ley de Conciliación (Conciliation Bill) en la que se planteaba el derecho al voto para las mujeres de Gran Bretaña e Irlanda, aunque la policía, siguiendo órdenes de Winston Churchill, disolvió inmediatamente la manifestación con un grado de violencia extrema. La medida llegó a ser aprobada ante la oposición de los conservadores y liberales del Parlamento. Emmeline Pankhurst declaró: "Si la ley, a pesar de nuestros esfuerzos, es liquidada por el gobierno, entonces tengo que decir que es el fin de la tregua".

En 1913 las sufragistas inglesas decidieron radicalizar sus acciones, pasando de la mera desobediencia civil a la acción violenta, realizando operaciones que inspiraron a muchas otras mujeres. Sus tácticas para lograr el voto de las mujeres y todo tipo de derechos, que hasta entonces le habían sido negados, eran muy variadas: destrozaban buzones, escaparates de comercios y establecimientos colaboracionistas. Las sufragistas vertieron ácido en los campos de golf, incendiaron estaciones o se enfrentaron cuerpo a cuerpo con la policía, poniendo en práctica técnicas de autodefensa personal que aprendían y practicaban en grupos.

En 1913 las sufragistas inglesas decidieron radicalizar sus acciones, pasando de la mera desobediencia civil a la acción violenta

Edith New y Mary Leigh, dos militantes sufragistas, se dirigieron a la casa del primer ministro británico, en el 10 de Downing Street, y comenzaron a lanzar piedras con mensajes contra las ventanas. Un acto que pagaron con dos meses de prisión. Ambas fueron encarceladas, se consideraron presas políticas y se sorprendieron al recibir el apoyo de las demás sufragistas que aceptaron con entusiasmo el uso de esa clase de violencia sin víctimas como nueva forma de protesta. Ambas salieron como unas heroínas de la cárcel. Recuerden que Emmeline Pankhurst lo había dejado muy claro: "Deeds, not words" ("Hechos, no palabras"). Una vez iniciadas esas acciones, la misma Pankhurst comentó: "Fuimos llamadas militantes por hacer eso, y estábamos dispuestas a aceptar el nombre, porque la militancia para nosotras es de larga tradición. Estábamos decididas a presionar por la emancipación de la mujer hasta el punto de que ya no estamos para ser ignoradas por los políticos".

Todavía hoy se conservan numerosas pruebas gráficas de las fichas policiales, testimonios, detenciones, juicios rápidos y encarcelamiento de las sufragistas en cárceles de toda Inglaterra, sobre todo la siniestra prisión del castillo de Halloway. Pera fue desde las cárceles donde el movimiento sufragista se fortalecía gracias a las campañas de solidaridad organizadas por las sufragistas que permanecían en libertad. Holloway se convirtió en un lugar de horror y tormento con escenas repugnantes de violencia a cualquier hora del día, con los médicos convertidos en torturadores.

Durante aquellos de confrontación, Emmeline Pankhurst fue detenida hasta en siete ocasiones. Todas y cada una de las sufragistas se mentalizaron de que resistir era vencer, y cuando fueron detenidas y encarceladas soportaron huelgas de hambre, duchas de agua helada o la alimentación forzada. "Destruir para construir" fue la filosofía de las sufragistas hasta el final de sus días.

Emily Wilding Davison el 4 de junio de 1913, en el Derby de Epsom, se abalanzó sobre Anmer, el caballo del rey Jorge V, y murió cuatro días más tarde. Emily había dicho a sus compañeras que "una gran tragedia evitaría muchas otras". El primer paso hacia la aprobación del voto femenino se dio cinco años después, en 1918, cuando el Parlamento permitió votar y poder ser elegidas a las mujeres mayores de 30 años que reunieran ciertas condiciones, como tener propiedades por encima de cierto valor o ser licenciadas universitarias. Un derecho que benefició a casi 8 millones y medio de mujeres y que hizo posible que Nancy Astor fuera la primera mujer que ocupó un escaño en la Cámara de los Comunes. El 2 de julio de 1928 se aprobó que las mujeres votaran en las mismas condiciones que los hombres, desde los 21 años de edad. "Las mujeres hemos despertado tarde, pero una vez decididas, nada en la tierra y nada en el cielo hará que las mujeres cedan; es imposible", dijo Emmeline Pankhurst.

Emily Wilding Davison, el 4 de junio de 1913, en el Derby de Epsom, se abalanzó sobre Anmer, el caballo del rey Jorge V, y murió cuatro días más tarde. Emily había dicho a sus compañeras que "una gran tragedia evitaría muchas otras"

La mayoría de las sufragistas no provenían de la burguesía, como se ha dicho en repetidas ocasiones, sino que eran mujeres trabajadoras que al igual que hoy, veían cómo sus protestas pacíficas y sus masivas manifestaciones no tenían el efecto legislativo deseado. Las sufragistas proletarias estaban organizadas en la Women's Suffrage Federation (WSF) de Sylvia Pankhurst, hija de Emmeline. LA WSF fue una organización marxista, con su base principal en la clase trabajadora del East End de Londres. Como relata  Mary Davis en su libro 'Sylvia Pankhurst', de 1999, sus métodos de lucha eran la acción colectiva de las trabajadoras, más que ataques individuales a la propiedad, y sus objetivos iban más allá del sufragio femenino. Para reflejar sus posiciones políticas más amplias, en marzo de 1916 se cambió el nombre a Workers' Suffrage Federation (WSF). Desde principios de 1917 adoptó un nuevo lema: "Asegurar el sufragio humano, es decir, un voto, para todas las mujeres y hombres mayores de edad, y ganar la libertad social y económica para el pueblo". La WSF apoyó con entusiasmo la Revolución de octubre de 1917. Ante la inacción del gobierno británico y su respuesta violenta, fueron radicalizándose y volviendo su lucha cada vez menos pacífica. Las sufragistas de la clase trabajadora estaban dispuestas a perderlo todo en su búsqueda incansable de la igualdad, la libertad y una sociedad sin clases.

Y no fueron solo las sufragistas de la Primera Ola del feminismo las que lucharon fuera de las instituciones y obtuvieron importantísimos logros. Si avanzamos a finales de los años 60 nace el Movimiento de Liberación de la Mujer, la Segunda Ola del feminismo. Como explica Tara Moss en 'The Fictional Woman', las mujeres se hartan de esperar y "quieren ser ya iguales en derechos, aunque no iguales a los hombres". 

Es un insulto y una ofensa a nuestras antepasadas feministas afirmar ahora, por fines puramente electoralistas, que la lucha en la calle no sirve de nada. En la historia del feminismo hay numerosos ejemplos y no hay que irse demasiado lejos. Hace poco, aquí mismo, las mujeres en pie de guerra logramos, desde las calles, parar una reforma dirigida a restringir el derecho al aborto, una reforma legislativa contra la mujer del infame Gallardón, quien contaba con una mayoría absoluta para aprobarla.

Hace poco, aquí mismo, las mujeres en pie de guerra logramos, desde las calles, parar una reforma dirigida a restringir el derecho al aborto

Es fácil olvidar que no hace mucho tiempo a las mujeres se les negaban empleos debido a su sexo, no podían obtener una tarjeta de crédito o un préstamo bancario, no podían poseer propiedades, no tenían opciones sobre la fertilidad y sufrían matrimonios infelices debido al estigma y las dificultades financieras de divorcio. Eran considerados legalmente como propiedad de sus maridos, incluso si sus parejas no los percibían ni los trataban de esa manera. Y que poco a poco, a través de protestas, autodefensa, sensibilización y educación, las mujeres en lucha obtuvieron concesiones y forzaron a hacer cambios políticos y sociales, beneficiando enormemente a todas las mujeres. Sin embargo, solo unas pocas décadas después del inicio de la Segunda Ola, a finales del siglo XX y comienzos del XXI, el feminismo se consideró de alguna manera anacrónico, irrelevante para la mujer y el hombre contemporáneos, algo pasado de moda, out.

La Tercera Ola posmoderna no se pareció en nada a las dos anteriores. Incluso no me extrañaría nada que en un futuro se considerase una ola antifeminista. Esta ola trató de borrar a la mujer, especialmente a la mujer lesbiana, intentó introducir al varón como sujeto político del feminismo, no combatió al machismo construido con conceptos intolerables como "feminazis", alejándose de las mujeres del pueblo y sus luchas con la desmovilización política y social y su jerga vacía e incomprensible.

La Cuarta Ola se caracteriza ya desde sus inicios porque las mujeres forman parte de la lucha feminista trabajen o no, tengan títulos o no, tengan hijos o no, estén casadas o no, sean heterosexuales, bisexuales o lesbianas. Todas estas mujeres tienen diversos puntos de vista, políticos y culturales, y son conscientes de que si tienen alguna de esas opciones en sus vidas y una voz para expresarlas se debe al feminismo y los problemas que plantearon a toda la sociedad sus madres o abuelas. El feminismo nunca ha sido un movimiento homogéneo. ¿Cómo puede serlo cuando atraviesa enormes diferencias culturales, raciales, económicas, sociales, sexuales y educativas? Al final hay dos feminismos, como hay dos clases sociales, un feminismo burgués y un feminismo de la clase trabajadora.

La Cuarta Ola se caracteriza ya desde sus inicios porque las mujeres forman parte de la lucha feminista trabajen o no, tengan títulos o no, tengan hijos o no, estén casadas o no, sean heterosexuales, bisexuales o lesbianas

En paralelo hay un intento deliberado de tergiversar el feminismo de la liberación, de difamar sus intenciones y los objetivos de su lucha. Por dar un ejemplo, describirlo como un movimiento anti-hombres es simplemente propaganda antifeminista, diseñada para desacreditar cualquier argumento del feminismo radical. La descripción machista del feminismo también se usa para intentar alejar a las mujeres jóvenes de explorar lo que significa el feminismo, disuadir a las mujeres profesionales de que se identifiquen con él y mantener una rabia irracional contra él. También es una forma de desacreditar las voces feministas más reconocidas. No importa cuán legítimos sean sus puntos de vista, su política, ¿por qué escuchar sus demandas cuando estas surgen del odio a los hombres?

Lo que ha estado, y está pasando hoy, no es una lucha sobre el significado del feminismo entre dos corrientes que luchan por la hegemonía en pie de igualdad, con la lucha de clases de todo movimiento transversal subyacente, sino que estamos ante una cadena de ataques contra el feminismo radical (que va a la raíz de la opresión de la mujer). Estos ataques son impulsados por el poder patriarcal y apoyados por mujeres que traicionan a su propio sexo y difunden ideas autoidentificadas como feministas, al tiempo que ignoran la problemática central del feminismo: la oposición a la supremacía masculina.

Lo que está sucediendo no es una lucha sobre el significado del feminismo entre dos corrientes que luchan por la hegemonía, sino que estamos ante una cadena de ataques contra el feminismo radical

Frente a estas ideas el significado, valor, verdad y realidad del feminismo es la identificación de la dominación masculina y la oposición activa a en todos los órdenes de la vida. Lo que queda fuera de la definición está bajo la lógica patriarcal y sometido al control masculino. En el relato normalizado del feminismo hay un vacío, una falta, la oveja negra de la familia feminista que hay que esconder: las corrientes revolucionarias del feminismo. Como recordaba hace unos años la chilena Margarita Pisano: "El gran invisibilizado es el feminismo radical por el proyecto político que propone, es decir, por cuestionar la civilización vigente desde sus fundamentos. El movimiento feminista instalado ha borrado y negociado los conocimientos de la propuesta radical a lo largo de estas últimas décadas. Feminismo radical está entrelazado con gesto lésbico. Y, en este contexto, a la vez que se invisibiliza a las lesbianas se está invisibilizando un discurso ideológico específico, nada conveniente para los intereses y juegos de poder dentro del sistema. Es una equivocación analizar la lesbofobia del movimiento feminista sin la explicitación de las corrientes de pensamiento que lo conforman y sin implicarla en el orden simbólico de la misoginia".

En las universidades la presencia del feminismo revolucionario ha sido y es casi nula. Hay feministas en el mundo académico cuya política feminista es directa e inequívocamente radical, y que han tenido éxito en transmitirlo a sus estudiantes, pero están en minoría, asediadas como las feministas radicales en todas partes. Sin embargo en demasiados textos autoidentificados como feministas, emanados del mundo académico, los signos de sus orígenes burgueses y patriarcales son demasiado evidentes. El principal es el silencio absoluto de la cuestión de la dominación masculina. Hay una ocultación sistemática de los escritos feministas que identifican claramente la supremacía masculina y sus formas, el patriarcado entendido como forma de dominio y control sobre las mujeres desde que nacen. El feminismo, como un movimiento de mujeres que defienden sus propios intereses frente a la supremacía masculina y buscan su liberación, es de una duración mucho mayor que el llamado feminismo de las últimas tres décadas. ¿Por qué se nos oculta?

Nos recordaba Margarita Pisano: "Dependerá de la ideología que lo contenga y, en este sentido, el feminismo radical es una corriente de pensamiento que aporta claves para una ruptura civilizatoria. Para nosotras, el feminismo radical constituye un cuerpo de conocimientos coherente con prácticas políticas no funcionales al sistema de dominio vigente. Existe una contradicción entre compartir ideas del feminismo lésbico radical y practicar cualquier activismo en compañía de los dueños y señores de la masculinidad/feminidad dominante. Mientras no construyamos un foco ideológico, cualquier combinación con aquéllos, nos transforma en cómplices de la deshumanización que vivimos, especialmente con nosotras mismas (la misoginia entre las mujeres es la peor). Nuestra mirada radical consiste en pararse desde "la otra esquina" para mirar y ver, y esto supone un desapego hacia el orden esencial del patriarcado al que no le reconocemos valor alguno por su historia".

Las prácticas políticas del feminismo radical son ir construyendo conocimientos desde la experiencia vital de las mujeres. Las feministas radicales proponen el separatismo, porque la "integración" implica la "desintegración" de pensamientos transformadores, la toma de los espacios de mujeres y sus ideas. La lesbofobia se ha manifestado en la reescritura de la historia feminista, con la invisibilización de la que han sido objeto las lesbianas en las historias reescritas por el movimiento feminista. Por dar un ejemplo el libro 'Una inmensa minoría: influencia y feminismo en la transición', de 2002, de María Ángeles Larumbe, oculta las tesis de 1979 del Partido Feminista de España en las que afirma que el lesbianismo es el sector que ha aportado "más significados revolucionarios en la lucha feminista".

Según Anne Phillips ('Género y teoría democrática', 2006) se puede argumentar que tanto en forma como en contenido, las feministas se propusieron históricamente radicalizar las prácticas mismas de la democracia, desmantelar la retórica masculina, subvertir las jerarquías innecesarias, abrir la toma de decisiones a los y las que en otro tiempo ni siquiera eran consideradas sujetas de derechos; en resumen, crear el mundo de nuevo, convirtiendo en realidad la pesadilla de los grupos hegemónicos. Sin embargo, este ideal de transformación social ha enfrentado serias limitaciones desde sus inicios, ya que tanto la democracia moderna, como el capitalismo liberal, nacieron aparejados y son herederos de regímenes colonialistas. Existe una tensión permanente entre un sistema político que pretende ser igualitario (la democracia), aunque sea en la abstracción, cuando está enlazado a un sistema económico (el capitalismo) cuya esencia es justamente la desigualdad. 

Existe una tensión permanente entre un sistema político que pretende ser igualitario (la democracia), aunque sea en la abstracción, cuando está enlazado a un sistema económico (el capitalismo) cuya esencia es justamente la desigualdad

Para hacer política es necesario reconocer una historia en común de las mujeres, recuperar nuestra genealogía y explorar todas las formas de hacer política. Margarita Pisano escribió: "Como he ido bosquejando, lo importante es constituir grupos pensantes que se sitúen fuera de los valores e instituciones de la civilización conocida, y que constituyan focos de atracción civilizatoria. Para esto, no hay fórmulas, sino caeríamos en lo condicionado; para esto, se necesita tener valentía, pero no la valentía patriarcal, sino la de comprometernos en la búsqueda de estar expresadas, de no negociarnos, de estar dispuestas a ensayar otros modos de relación, porque sólo a través de este ensayo, iremos desprendiéndonos de las creencias tan arraigadas y marcadas en nuestros cuerpos. Lo que sí sé es que esto no se puede hacer sin estar mentalmente AFUERA del sistema, en otro laboratorio, ejerciendo libertades e irreverencias, y conectándonos a otra estética, distinta a lo que hoy apreciamos como belleza". 

Aglaia Berlutti dijo: "El feminismo no es un pensamiento cómodo ni busca serlo: cuestiona las bases de un sistema de valores que infravaloran a la mujer y que se basa en un concepto de la feminidad como elemento secundario. La molestia, irritación, el tabú son síntomas de que el feminismo es necesario, que mueve conciencia y engendra opiniones". Le vendieron el feminismo a las masas y hasta hace poco no significaba nada. Ser feminista es inseparable de ser una mujer incómoda, irreverente, desobediente, indómita, insumisa ante el poder patriarcal. Los problemas radicales que confronta el feminismo no son divertidos. Las feministas de la liberación no hemos vuelto para hacer que nadie se sienta cómodo, ni cómoda.

Suscríbete a nuestra newsletter