'Soy Rosita, soy mujer, soy campesina, soy indígena'

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"Mi comunidad indígena es trabajadora y un lugar donde las mujeres han asumido roles de liderazgo en la lucha por recuperar tierras ancestrales", dice Luz Angélica Tarapuez, del municipio de Cumbal, en el departamento de Nariño, en la frontera colombo-ecuatoriana. Ella es una de las 94 mujeres indígenas y campesinas que han asistido a la escuela de formación 'Soy Rosita, soy mujer, soy campesina, soy indígena'. Desde 2019, este programa de capacitación ha estado enseñando a las mujeres indígenas cómo fortalecer sus roles de liderazgo en su comunidad y prevenir la violencia de género. 

Este programa, diseñado para mujeres indígenas y trabajadores agrícolas comenzó a funcionar en los municipios fronterizos entre Colombia y Ecuador de Ipiales y Cumbal, y es la primera iniciativa binacional e interagencial financiada por el Fondo de Construcción de Paz en América Latina. Cuenta con el apoyo de ONU Mujeres, UNICEF y ACNUR.

A medida que comenzaron las medidas de confinamiento de COVID-19 en Colombia, el país experimentó un aumento en los casos de violencia contra las mujeres, incluidos los denunciados a través de los números de línea directa. Este año, entre el 25 de marzo y el 30 de julio, las llamadas de ayuda aumentaron en un 107 por cierto en comparación con el mismo período de 2019. El 89 por ciento de esas llamadas se desviaron a líneas directas dedicadas a atender a las víctimas y sobrevivientes de la violencia contra las mujeres.

"Asumir un papel de liderazgo no ha sido fácil. Hemos tenido que luchar con hombres que nos han discriminado, pero no nos hemos dejado eclipsar. Asistir a la escuela de formación nos permitió conocer más sobre nuestros derechos y la importancia de hablar sobre las decisiones que nos afectan como mujeres. Hemos organizado una Mesa Redonda de Mujeres para fortalecer nuestra plataforma", dice Tarapuez, radiante de orgullo.

La escuela de capacitación es parte de un proyecto implementado por Hombres en Marcha, en Colombia y Ecuador. Es la primera iniciativa de este tipo en estas localidades fronterizas que se centra exclusivamente en abordar la violencia de género. Al impulsar la participación política de las mujeres e involucrar a los hombres como aliados de la igualdad de género, el proyecto tiene como objetivo prevenir la violencia de género y establecer normas de género más equitativas.

El programa ha sensibilizado a los participantes sobre sus derechos, lo que constituye violencia, y les ha enseñado cómo fortalecer su participación económica, cívica y política. Como resultado, en Cumbal, las mujeres indígenas se han movilizado para formar una Junta Municipal de Mujeres y un Comité Local sobre Violencia Sexual y Junta de Acción Comunitaria. A través de ellos, organizan foros durante las elecciones locales y desarrollan propuestas que configuran el Plan de Desarrollo Municipal. Algunos participantes también han comenzado a pensar cómo pueden criar a sus hijos de manera que no perpetúen las normas y estereotipos de género negativos.

La pandemia ha mostrado un aumento de la violencia de género en Nariño, donde se reportaron 1.268 solicitudes de información y protección entre los meses de marzo y junio de 2020. El acceso limitado a internet ha dificultado aún más a las mujeres acceder o buscar apoyo. Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, solo el 17 por ciento de los hogares en Nariño tienen cobertura de internet.

"Las mujeres indígenas experimentan violencia sexual, psicológica y física a diario sin darse cuenta. Por eso es importante que las mujeres se empoderen… necesitamos [ser conscientes] de lo importante que somos en casa, en la finca, social, económica y políticamente, en nuestras comunidades", dice Mariana Tucanez, quien vive en el municipio. de Ipiales, también en Nariño.

Luz Angélica Tarapuez siente que organizar un foro de mujeres exitoso en Cumbal fue uno de sus mayores logros. "Ahora, podemos dejar un legado de mujeres fuertes del que las generaciones más jóvenes pueden aprender", dice. "Somos como el agua que fluye y da vida, y los hombres como el fuego que enciende. En nuestra cosmovisión indígena, nadie es más y nadie es menos, nos complementamos, y por eso defendemos la igualdad de género".

Tarapuez ha reclutado a más mujeres de la comunidad para que asistan a la escuela de capacitación. "La escuela es importante porque las mujeres deben estar aprendiendo. Es parte de la vida y nos permite fortalecer nuestro rol en la comunidad", enfatiza.

El programa de capacitación ha sido un catalizador para movilizar a las administraciones municipales para apoyar los planes de desarrollo municipal que apuntan y benefician a las mujeres en las comunidades, según ONU Mujeres.

La Representante de País de ONU Mujeres, Ana Güezmes García, dice, "esta iniciativa binacional sirve como ejemplo de cómo movilizar a los gobiernos locales, la comunidad internacional, el sector privado y la sociedad civil, desde la base. Cuando las mujeres pueden participar plenamente en sus comunidades, nos permite cumplir la visión de un mundo más justo, sostenible y pacífico para todos".

 

Fuente: ONU Mujeres

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