La gran traición al pueblo kurdo

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"Separaron a los hombres de las mujeres. A los hombres los mataron tirándoles al fuego y a las mujeres las vendieron como esclavas". Aheng mide alrededor de 1,60, pesa unos 50 kilos y porta al hombro un rifle Kaláshnikov cargado de balas y resentimiento. Tania es kurda y también yazidí, una minoría religiosa preislámica que está en el punto de mira de todas las facciones islamistas.

Los yazidíes forman una comunidad de unos 800.000 fieles que residen mayoritariamente en la región de Sinyar, al norte de Irak. Aquí consiguieron construir durante unos años una etapa de relativa calma hasta que, en agosto de 2014, el autoproclamado Estado Islámico irrumpió para sembrar la tierra de muerte y cenizas. Los yihadistas asesinaron a unas 500 personas y vendieron a 300 mujeres y niñas en subastas públicas de esclavas.

Fue en ese momento cuando Aheng y otros miles de mujeres kurdas decidieron empuñar las armas para defender sus vidas y recuperar el territorio. Organizadas en las milicias del YPG (Unidades de Protección Popular en español), donde lideran compañías formadas por decenas de hombres, fueron ellas las que encabezaron, junto al ejército sirio, la primera línea de ataque contra el ISIS.

Las mujeres kurdas lideraron las milicias del YPG que encabezaron, junto al ejército sirio, la primera línea de ataque contra el ISIS

Sobre el terreno, a pie, recorrieron cientos de kilómetros, luchando palmo a palmo por cada metro de superficie. Meses de guerra encarnizada contra unos enemigos que le superaban en número, formación y arsenal bélico, hasta que lograron llegar a Raqqa, la capital del califato yihadista. Allí, en el corazón mismo de la bestia, asestaron los últimos golpes para liberar la ciudad de la barbarie de un régimen medieval. "Estoy orgullosa de estar aquí y de haber combatido al Dáesh", recuerda Aheng.

El pueblo kurdo fue uno de los ejes centrales sobre el que orbitó la operación militar para derrotar al ISIS. Sin su contribución, sin la determinación de aquellas mujeres que tuvieron que elegir entre matar o morir, es más que probable que una de las organizaciones terroristas más importantes de Oriente Medio hubiera conseguido expandir su dominio sobre territorio sirio.

El desempeño de las mujeres kurdas no solo fue militar, sino también, e igual de importante, un ejercicio de empoderamiento femenino en una zona del mundo donde las necesidades e inquietudes de las mujeres son asuntos relegados a los márgenes del relato. "Los soldados del DAESH huían de nosotras porque creen que si los mata una mujer no irán al paraíso". Aheng sonríe frente a las cámaras, pero es una sonrisa triste. Sus ojos delatan el terror del que ha sido testigo y aunque el combate de primera línea había comenzado a remitir, sabe que su origen kurdo y su creencia yazidí no le permitirán jamás poder respirar tranquila.

Asia Ramazan Antar
Asia Ramazan, símbolo de las mujeres kurdas, asesinada en combate cuando tenía 22 años

En el ocaso del enfrentamiento, cuando las balas silbaban con menor frecuencia, las mujeres kurdas aprovechaban los días para planificar jornadas de empoderamiento femenino. Organizaron talleres de autodefensa y jineología, también conocido como "ciencia de las mujeres", una corriente de pensamiento feminista desarrollado en el Kurdistán que defiende la igualdad entre mujeres y hombres como principal fundamento de una sociedad libre. "Un país no puede ser libre a menos que las mujeres sean libres. La libertad de las mujeres determina el nivel de libertad en la sociedad en general", asegura Abdullah Öcalan, líder del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK).

También organizaron talleres de feminismo y jineología, una corriente de pensamiento feminista desarrollado en el Kurdistán

El Movimiento de Liberación de las Mujeres Kurdas es una de las organizaciones feministas más importantes de la región. Apela a "una rearticulación de la liberación de la mujer al margen de las premisas de un orden global patriarcal y capitalista, reivindicando la autodefensa legítima y luchando contra una fuerza brutal para crear una liberación en sus propios términos, una liberación del Estado y de las organizaciones fascistas, pero también de su propia comunidad"

  • Estados Unidos, de aliado a ejecutor

Las soldados kurdas se convirtieron en un referente para millones de mujeres musulmanas, pero incluso en el trayecto más exitoso hay malas decisiones de consecuencias devastadoras. Las milicias aceptaron el apoyo del ejército de los Estados Unidos para recuperar los territorios kurdos ocupados por el ISIS, y aunque pudiera ser una opción insalvable para la consecución de los objetivos, la única lealtad a la que Washington promete fidelidad es la de sus propios intereses.

La Casa Blanca ordenó esta semana el repliegue de sus 2.000 soldados en el norte de Siria, lo que a efectos prácticos significa la autorización para que Tayyip Erdoğan, presidente de Turquía, pueda poner en marcha su plan de invadir militarmente Rojava, el hogar del pueblo kurdo.

La Casa Blanca ordenó el repliegue de sus 2.000 soldados en el norte de Siria para que Tayyip Erdoğan pueda invadir el territorio kurdo

Las valerosas mujeres que produjeron más de 10.000 bajas entre las filas del ISIS, las mismas que combatieron en primera línea de fuego, son ahora abandonadas a los instintos belicistas de Turquía, un país que financia a grupos salafistas y que permitió el contrabando de petróleo sirio, principal fuente de financiación del califato islamista.

Erdoğan defiende que el YPG es una sucursal del PKK, una formación política fundada en Turquía que aboga para una autonomía propia para los pueblos del Kurdistán y que es considerada una organización terrorista por Turquía y Estados Unidos. En la realidad, sin embargo, subyace una lucha personal para mantener en el poder al actual mandatario turco.

En 2013, Erdoğan pudo firmar la paz con el PKK cuando estos renunciaron a la independencia para centrarse en reivindicaciones de corte autonomista, pero sabe que, cada cierto tiempo, necesita alimentar el fantasma del terror kurdo para mantener fieles a sus votantes.

Este nuevo escenario de enfrentamiento es también un pulso entre el islam moderado, que supuestamente representa Erdoğan, y la izquierda secular, lideraba en el parlamento de Ankara por el Partido de la Democracia de los Pueblos, progresista, laico y partidario de los reclamos históricos de la ciudadanía kurda. La presencia de mujeres en las milicias que lucharon contra el Estado Islámico, en muchas ocasiones al frente de batallones repletos de hombres, demuestra que Rojava es uno de las zonas más avanzadas de Oriente Medio en la consecución hacia la igualdad.

Trump y la Unión Europea, que de momento se mantiene en un silencio cómplice, lamentarán la decisión de haber aupado aún más a un líder autoritario que en cualquier momento se puede volver en contra. Erdoğan ya advirtió que si la UE se oponía a sus planes abriría las fronteras para que más de 3 millones de migrantes tuvieran acceso al viejo continente. Muchos de ellos son combatientes del ISIS, al que el líder turco presta cobijo como si fuera un as bajo la manga para una hipotética partida de póker contra Bruselas.

Son precisamente ellos, la encarnación más brutal del fundamentalismo religioso, los otros grandes beneficiados del conflicto. Centenares permanecen retenidos por las autoridades kurdas, que ahora, con la amenaza de la guerra, verán mermada su capacidad de confinamiento. De hecho, un portavoz oficial del gobierno de Rojava anunció que unas 700 personas, familiares de yihadistas, habían logrado fugarse del campo de refugiados de Ain Issa.

Los yihadistas del ISIS aprovecharán la invasión turca para reunificarse y tratar de volver al escenario político

Trump comete un error que está siendo recurrente en las ultimas administraciones estadounidenses. Al igual que Bush se equivocó cuando anunció la victoria sobre la insurgencia iraquí, al igual que Obama se precipitó cuando dio por derrotado a Al Qaeda, Trump también yerra cuando considera desmantelado el califato del Estado Islámico. El escenario que se vislumbra en un horizonte próximo es el idóneo para la reunificación de los fundamentalistas, vencidos en Siria, pero todavía activos a la espera de un cambio de perspectiva que propicie su vuelta al tablero político.

De nuevo, los intereses de las grandes potencias occidentes prenden la llama en el gran polvorín del mundo. De nuevo serán los kurdos el “daño colateral” que pague con sangre y muerte la injerencia extranjera. De nuevo, Estados Unidos demuestra que no es un aliado fiable.

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