Cómo es la vida de las mujeres después del 8 de marzo

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En vísperas del 8 de marzo escuché en un supermercado cómo un empleado le decía a su compañera que él iba a hacer huelga la semana siguiente, pero que vendría a trabajar y sería totalmente improductivo. Más tarde, de camino a casa, un joven iba hablando por teléfono. "Recuerda que mañana hay huelga de mujeres. Ah, ¿que te lleva tu madre? Estupendo". 

Es todo un éxito que solo dos años después de la primera huelga general de mujeres un 8 de marzo en España, las conversaciones en torno a ésta fluyan por toda la sociedad y la gente sepa que ellas pueden (o deberían poder) ejercer ese derecho cada 8M, a pesar de que a veces da la sensación de que todavía no se ha llegado a un consenso en las interpretaciones o a empatizar del todo sobre las causas que movilizan a las mujeres. El éxito de las manifestaciones que se sucedieron durante la jornada en todas las ciudades y pueblos es innegable. Pero al preguntarle a mujeres cómo es su vida después del 8M, se puede extraer una clara conclusión: se necesita que ellos se impliquen a niveles mucho más transformadores que mirarnos hacer huelga y decir que nos apoyan. 

Se necesita que ellos (los hombres) se impliquen a niveles mucho más transformadores que mirarnos hacer huelga y decir que nos apoyan

Amaia Pérez Orozco dice en su libro 'Subversión feminista de la economía' una frase que resume toda esta tesis. "Es mucho más grato referirse a los cuidados que amorosamente prestan tantas mujeres y a cómo los capitalistas las explotan, que cuestionarse cuánto mejor vivo yo sin limpiar el váter". 

Esto es precisamente lo que vive Ariadna a diario en su piso compartido. "Hice huelga y acudí a la manifestación, donde vi a muchos hombres. Muchos están sensibilizados con nuestra causa e intentan cambiar, pero otros se sienten atacados por el feminismo y luego al llegar a casa se comportan como Antonio Alcántara cuando llega de trabajar. Es el caso de mi compañero de piso. Llevo dos años viviendo con él y sufriendo desconsideraciones constantes ante mi trabajo y tiempo a la hora de realizar las labores domésticas de la casa, como no manchar el váter. cuando mea, limpiar la grasa de la mesa después de comer o tirar la basura". El diálogo asertivo no ha servido en su caso. "He dejado claro que se me falta al respeto cuando limpio el baño y a continuación se afeita y deja sus pelos. No me vale la excusa de llegar cansado de trabajar, yo también trabajo y estudio. Curiosamente a este hombre, con el que no tengo más relación que compartir espacios comunes de convivencia, le ofende profundamente que las feministas luchemos y hablemos de manera inclusiva. Es un hombre que nunca reconocerá que vive en un sistema donde sus derechos son privilegiados de manera natural". 

Lo que le ocurre a Ariadna le resultará muy familiar a muchas mujeres. Son hombres que públicamente dicen que están a favor de la igualdad, pero que en el ámbito privado eluden responsabilidades básicas, como la limpieza del hogar. Categorizan a las mujeres del movimiento feminista como "feministas razonables" y "feminazis" (este calificativo lo suelen emplear para las que les cuestionan sus privilegios y les exigen obligaciones, como limpiar la casa). "Les molesta exacerbadamente que algunas de nosotras, por suerte cada vez más, pidamos derechos tan radicales como ser tratadas por igual ante la sociedad. Porque la igualdad que tu compañera de piso pide, fundamentada en el ideario del feminismo que nunca te has molestado en intentar entender, se presenta muy peligrosa. Explícame la relación entre el nazismo y negarse a limpiar mierda de desconocidos", finaliza Ariadna. 

En el ámbito laboral también hay mucho que cambiar. Ana Bernal-Triviño, profesora de la Universitat Oberta de Catalunya cuenta que hizo huelga el 8 de marzo, "pero como había compañeras y compañeros que no hicieron huelga, me empezaron a llegar -e-mails y whatsApps para responder. Puse en todos los espacios que pude que nadie me buscara, pero tuvo escaso éxito. No respondí a nadie, pero te quedas intranquila, más aún en una situación como la mía, que trabajo en la universidad pero también soy autónoma". En el caso de Ana, el dinero que le descuentan por hacer huelga pasa a la unidad de igualdad de la universidad. Sobre las movilizaciones dice que "había mucho hombre en la manifestación, pero la verdadera revolución llegará cuando le digan a sus parejas que cocinan ellos y que descansen ellas. Es difícil derribar ese escollo".

Había mucho hombre en la manifestación, pero la verdadera revolución llegará cuando le digan a sus parejas que cocinan ellos y que descansen ellas

Los medios de comunicación hacen un seguimiento muy exhaustivo del 8 de marzo, cada año con más intensidad. Pero algunos periódicos publicaron ese mismo día a página completa un anuncio de 'Hazte oír' negando la violencia machista. Ahí es donde las periodistas nos cuestionamos si los grandes empresarios de la comunicación no ven más este día como una oportunidad de clicks y visitas fáciles a las noticias de las webs que como una llamada de atención de sus propias trabajadoras. Marina trabaja en prensa escrita y también se sumó a la huelga. "En mi empresa todas las mujeres la hicimos, pero realmente no hay ninguna reflexión detrás de ese día. Cuando acabó el día hubo felicitaciones por lo bien que había salido el trabajo sin nosotras, como un día especial. No se pensó en por qué nos ponemos en huelga, como si fuese algo ajeno a las condiciones de la empresa. No cobramos menos que ellos, pero hay una mayoría de hombres en la dirección, también entre los trabajadores. Nuestros salarios son bajos y siempre hacemos horas extra. El 8M reclama conciliación y mi empresa apoya la huelga feminista, pero luego tenemos que hacer horas extra que no se pagan. Veo imprescindible que los hombres avancen en cuestionarse a sí mismos y sus privilegios". 

En el caso de Sandra, comunicadora audiovisual, en su empresa hay paridad en cuanto a trabajadores. "De cuatro chicas, tres hacemos vídeo. Si nosotras hacíamos la huelga, no podía salir ningún vídeo. El año pasado hicimos el parón y cuando volvimos nos encontramos con que los chicos habían grabado el vídeo, pero nosotras teníamos que montarlo. Así que al volver del 8M teníamos el doble de trabajo. Este año los jefes nos apoyaron en la huelga, pero el jueves por la noche nos enteramos de que habían contratado a un chico para hacer los vídeos. Quieres reivindicar tu puesto en el periódico, pero contratan a un hombre para que la carencia de ese día no se note o la gente no lo sepa. Resulta frustrante sentir que tus reivindicaciones no sirven de nada en tu empresa". 

Susana es científica y comenta su situación. Parece que en el sector público, al no tener tanta presión de competitividad, fue más sencillo poder hacer huelga. "En la facultad en la que me estoy doctorando se respetó el derecho a parar sin problema. Somos casi todas mujeres, menos el jefe, que se fue a casa para hacer la comida a su mujer e hija, para que pudiesen ir a la manifestación. Estoy muy contenta en ese sentido, pero voy a dejar la ciencia en cuanto acabe el doctorado porque quiero ser madre". Tras un pequeño intercambio de preguntas, cuenta que en la carrera científica se criminaliza especialmente el deseo de ser madre. "El sistema de méritos está montado de manera que la baja maternal y los cuidados penalizan a las mujeres para alcanzar altos puestos. Hay una presión importante para publicar y la financiación a veces depende de concursos en los que se tienen en cuenta esas publicaciones. Si una mujer ha estado de baja por maternidad no se le descuenta ese año, así que compite con otros que han podido trabajar sin interrupción". Llega la pregunta obligada. ¿Si no fuese así el sector de la ciencia, te gustaría dedicarte a ello? "Sí, claro", contesta Susana. 

Otras mujeres, como Laura, abogada que también desempeña labores profesionales en otros ámbitos, recibieron una carta de su empresa informando de que los servicios mínimos ese día eran del 100 % y que su no cumplimiento sería sancionable. "Me lo notificaron ya estando de huelga a través de un teléfono desconocido por whatsApp. Añadieron la frase 'os informo', casi en plan amenaza". 

El 8 de marzo no sólo se hizo huelga en las grandes ciudades. Este año las mujeres rurales han protagonizado una gran movilización y contaban con un manifiesto propio. Virginia Hernández, es alcaldesa de San Pelayo, un pequeño pueblo de la provincia de Valladolid. "Si que tengo la sensación, tras hablar con mujeres el 8 de marzo, de que muchas se ausentaron de su puesto de trabajo pero no pudieron ausentarse de las labores domésticas, para no tener el doble de trabajo, y dedicaron el día a avanzar en las tareas del hogar o incluso de mandar emails desde el ordenador de casa para cuestiones laborales". Y recuerda que en el entorno rural hay situaciones en las que las mujeres no pudieron hacer huelga aunque quisieran. "Esto ocurre con las ganaderas o agricultoras, a las que les resulta imposible dejar abandonadas sus granjas o tierras, por ejemplo. Es muy importante visibilizar esto y se ha hecho este año desde un manifiesto propio", dice Virginia. 

Tengo la sensación, tras hablar con mujeres el 8 de marzo, de que muchas se ausentaron de su puesto de trabajo pero no pudieron ausentarse de las labores domésticas

Todas las mujeres que aparecen en este artículo resaltaron que este año vivieron la jornada del 8M de forma muy emotiva y que están muy satisfechas de las movilizaciones que protagonizaron las mujeres en todos los ámbitos. "Dejamos claro que, a pesar de las actuales amenazas de la derecha más reaccionaria, no estamos dispuestas a dar ni un paso atrás en los derechos de las personas", relata Virginia. El caso del campo cobra mucha relevancia este año, ya que es un espacio donde la ultraderecha quiere recabar votos. "Desde Fademur, que reclama la igualdad para las mujeres rurales, se llamó a la huelga y se ha dado mucha importancia al 8M este año. Se ha fomentado que las mujeres hicieran visibles sus reivindicaciones en el pueblo. Había mucho más movimiento este año en periódicos y revistas llamando a la movilización de las mujeres rurales por considerar que están más discriminadas". 

Tras estos testimonios se deduce que la movilización feminista va por muy buen camino, pero que sin la verdadera implicación masculina no podrá llegar a conseguir derribar estructuras de poder. Una amiga un día me dijo una frase muy sabia: "No hay nada más optimista que una mujer feminista. Siempre esperamos que los hombres se cuestionen por qué ocupan más responsabilidades en todos los ámbitos o se les exige mucho menos que a nosotras y decidan cambiar".

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