5 centavos por minuto, el precio de la lectura en las cárceles de Estados Unidos

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Decía Heinrich Heine, uno de los poetas y ensayistas alemanes más destacados del siglo XIX que "allí donde se queman los libros se acaba por quemar a los hombres". La lectura, apunta Gabriel García Márquez, "es el alimento del alma". Allí donde haya una biblioteca "y un jardín", añade Cicerón, "no faltará nada". Los libros han roto las cadenas de millones de seres humanos que encontraron en sus letras el camino hacia la libertad, y por eso, los que sostienen con firmeza la vara candente del opresor le tienen tanto miedo como a la más sanguinolenta de las revueltas armadas. "Un pueblo que no sabe leer ni escribir es un pueblo fácil de engañar", precisaba Ernesto Guevara. 

En las cárceles estadounidenses de Virginia Occidental es difícil escapar de la soledad perturbadora de una celda, pero en los pequeños resquicios donde las cadenas toleran un sopla de libertad, los reclusos encontraron en la lectura un instante para saborear la vida que se les escapa entre los dedos. 

Allí donde unos hallaron un intermedio para la monotonía de la condena, otros han montado un lucrativo negocio donde rascar las pocas migajas de unos bolsillos raídos. Los responsables del presidio llegaron a un acuerdo con una empresa privada para suministrar libros electrónicos a los condenados, con los que pueden acceder el proyecto Gutenberg, una biblioteca digital con más de 60.000 volúmenes, gratuitos y de libre acceso. Parecía una buena idea que serviría para ayudar en la reinserción social de los presos, pero en el país donde "la mano invisible del mercado" codicia hasta el último penique, la mejor de las iniciativas tiene un coste para el beneficiario. 

Según una información de la web Bookpatrol, los internos de la cárcel tienen que pagar 5 centavos por cada minuto de lectura. Un documento interno de la empresa adjudicataria desgrana las ventajas de este modelo de negocio: "El cargo por minuto generará muchas más ganancias que un vendedor de libros electrónicos que cobra un precio fijo por las descargas, ya que el coste de leer un libro supera con creces el de comprar uno. La versión en rústico de 1984  tiene aproximadamente 330 páginas. Le tomará a una persona que puede leer 30 páginas por hora unas 11 horas para leer la novela. Con la tarifa de uso de 0.05 por minuto, 11 horas de leer un libro le costará alrededor de 33 dólares, y esto es si no se detiene a pensar o a volver a leer". 

Los internos de la cárcel tienen que pagar 5 centavos por cada minuto de lectura

Resulta paradójico que la compañía haya escogido la novela distópica de '1984' para ejemplificar un acto miserable que parece sacado de la peor de las pesadillas orwellianas.

Los responsables de la prisión, que se llevan un 5% de los beneficios, se defienden aludiendo que el servicio tiene un precio que no pueden asumir, mientras que la empresa esgrime en su alegato haber tenido en cuenta las “especiales circunstancias” para fijar una tarifa que califican como mínima. 

Los presos que trabajan en algunos de los oficios de la cárcel ganan de media 30 centavos la hora. Robarles una sexta parte del jornal por un minuto de asueto es una práctica usurera que parece haber sido diseñada para destruir la humanidad que se pierde entre las sombras de unos barrotes.

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