La desmemoria de Ana Rosa Quintana

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Ana Rosa Quintana conduce de lunes a viernes, durante cuatro horas y media, El Programa de Ana Rosa, el espacio matinal de Telecinco que combina a partes iguales la tertulia política, la actualidad sensacionalista y el salseo de personajes más o menos conocidos. La autoeregida reina de las mañanas ha dedicado los últimos meses a la "plaga de las ocupaciones", dibujando un escenario apocalíptico donde cualquiera puede perder su casa si no tiene contratada una alarma de Securitas Direct y se entretiene demasiado al tirar la basura. Peligrosas mafias acechan entre los contenedores esperando el despiste de algún incauto.

Resulta curioso, sin embargo, la poca atención que ha dedicado a los temas que le afectan de forma directa. Tan aficionada a azuzar a las masas contra aquellos que no son de su agrado, parece sufrir graves episodios de desmemoria cuando es su cuello el que siente el tacto de la soga.

Resulta curioso, sin embargo, la poca atención que ha dedicado a los temas que le afectan de forma directa

Hace un par de días se levantó el secreto de sumario de la operación kitchen, la enésima pieza judicial sobre la corrupción generalizada en el PP tras décadas de contabilidad b, sobresueldos, mordias y "volquetes de putas", que diría Francisco Granados. Quintana repasó los últimos detalles de la trama, pero olvidó mencionar un nombre que se repite en varias ocasiones entre los documentos del sumario: el suyo.

Según ha publicado elplural.com, el informe judicial transcribe una grabación que la periodista mantuvo con el comisario Villarejo, donde el antiguo miembro de la Policía Nacional le cuenta detalles sobre cómo destruyó pruebas para tapar la corrupción del PP. "Las maldades que me han encargado a mí, para salvarle el culo al Barbas (en referencia a Rajoy). No te puedes imaginar las cosas que yo he hecho por el Barbas. No te puedes ni imaginar ¡Que podía estar preso el presidente del Gobierno eh, por muchas cosas... y se han perdido papeles y se han perdido cajas y se han perdido muchas cosas y operaciones de tal, decir, oye en tal sitio hay papeles de Bárcenas, hay que ir a romperlos".

Villarejo lamenta el maltrato que dice haber sufrido después de su salida de la policía y continúa desgranando las maniobras internas del PP, en esta ocasión con Rodrigo Rato, que estaba hastiado con el partido tras situarse en el centro de la diana judicial: "Y veo a Rato y me dice Rato, que no me toquen mucho los cojones porque yo he trincado sobres, pero delante mía iba Rajoy con otro sobre".

Desde que Ana Rosa ocupa un puesto preferente en la parrilla española, su relación se ha ido estrechando a medida que los escándalos les han ido salpicando

No es la primera vez que la presentadora de Telecinco se relaciona estrechamente con el excomisario de policía y tampoco es la primera vez que olvida informar de ello en su programa. La amistad entre ambos se remonta 40 años atrás, y desde que Ana Rosa ocupa un puesto preferente en la parrilla española, su relación se ha ido estrechando a medida que los escándalos les han ido salpicando, como si de una conexión simbiótica se tratase.

En 2016, cuando el nombre de Villarejo comenzó a sonar en los medios de comunicación a raíz de su implicación en el caso del pequeño NIcolás, ambos concertaron una cena con sus respectivas parejas, Genma Alcalá y el empresario Juan Muñoz. Como hacía habitualmente en todas sus reuniones, el espía grabó el encuentro y los audios fueron revelados tiempo después por la periodista Patricia López en publico.es .

El objetivo de la comida era que el excomisario ayudara a Muñoz a solventar un litigio que mantenía con un antiguo socio y la estrategia fue chantajear al abogado de éste con un video sexual. El marido de Ana Rosa Quintana nunca llegó a hacer uso de la grabación, circunstancia que sirvió para atenuar la petición de cárcel, finalmente fijada en 8 años por supuestos delitos de extorsión y revelación de secretos. Cuando el empresario fue detenido, Quintana se ausentó de su programa durante una semana. "Bueno, les pedimos paciencia. Ana dará las explicaciones oportunas. Y ahora comenzamos con el programa", decía un balbuceante Joaquín Prat.  A su regresó pronunció un discurso de lugares comunes previamente redactado, donde apelaba a la presunción de inocencia de su marido y al respeto a su intimidad.

Cuatro horas y media de televisión diaria, cinco días a la semana y nunca jamás ha vuelto a pronunciar ni una sola palabra acerca de la turbulenta relación con su buen amigo, el ex comisario y ahora preso, José Manuel Villarejo. 

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