Somos la Cuarta Ola; la Revolución Feminista

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El feminismo es el movimiento de liberación de las mujeres

El fascismo patriarcal se ha encarnado en un partido político que ha logrado 12 diputados en Andalucía. La enorme abstención de 41,36% no ha tenido apenas análisis, especialmente desde la izquierda electoral, que bien haría en hacer una severa autocrítica y cambios radicales en sus organizaciones, líderes y discurso. Tampoco ha sido merecedor de estudio en la derecha desvergonzada, a pesar de que en un sistema llamado democrático, una abstención en semejantes dígitos debería ser razón más que suficiente para que saltaran todas las alarmas. Al parecer, carece de importancia que casi la mitad del pueblo andaluz ignore unas comicios que se presentaron como decisivos, particularmente para la izquierda domesticada, esa misma que ha encontrado en el feminismo al chivo expiatorio de fracaso.

El 8 de marzo se cumple un año del resurgimiento del feminismo como movimiento de masas, pero también de los continuos ataques que sufre por parte de las fuerzas del patriarcado, incluyendo a las que se dicen progresistas y de izquierdas. Las críticas esconden una profunda misoginia de aquellos que utilizan el movimiento de las mujeres para tratar de camuflar su incompetencia, pero a la hora de la verdad fuimos las feministas las que salimos a las calles a plantarle cara al fascismo, para dejar claro que no vamos a tolerar que se reduzcan nuestros ya de por sí mermados derechos como mujeres. Tampoco vamos a tolerar la infiltración de lobbies, partidos y sindicatos que han actuado en contra de nuestro intereses, pidiendo, por ejemplo, la regularización de la prostitución (el feminismo que no es abolicionista no es feminismo), o difundiendo el porno como empoderante y transgresor, o tratando de legalizar los vientres de alquiler. 

La guerra contra las mujeres coge fuerza y con ello se agudizan también las contradicciones dentro del feminismo. Estos días se desenmascaran a sí mismas las lacayas del proxenetismo que estaban infiltradas en el movimiento y sale a la luz todo lo que permanecía oculto antes del 8 de marzo: el clasismo, el liberalismo, el racismo, la lesbofobia e incluso la misogínia de algunas llamadas feministas, que no han leído ni comprendido a feministas lesbianas, radicales, revolucionarias, negras, chicanas, gitanas… ignorando el corazón del feminismo moderno: las mejores obras de Andrea Dworkin, Audre Lorde, bell hooks, Adrienne Rich, Margarita Pisano, Ángela Davis, Andrea Franulic y tantas otras mujeres que lucharon o luchan por nuestra liberación.

El feminismo no puede perder más tiempo en debates superados. Si las mujeres dejáramos de una vez por todas de estar pendientes de los varones, no prestaríamos atención a nada que refuerce y legitime el sistema patriarcal. Si no damos ejemplo ¿cómo vamos a convencer a la sociedad de que es inaceptable que se plantee el recorte de nuestros derechos? Mientras las feministas no respetemos los principios del movimiento, seguiremos consolidando la misoginia intrínseca de una sociedad que nos adoctrina para aguantar, resignar y callar. Para ser buenas, sumisas y obedientes.

Si las mujeres dejáramos de una vez por todas de estar pendientes de los varones, no prestaríamos atención a nada que refuerce y legitime el sistema patriarcal 

A estas alturas no pueden ser tabú las palabras lesbiana o lesbianismo, separatismo, revolución, clasismo, anticapitalismo o antirracismo; solo desde el pensamiento capitalista y patriarcal se puede afirmar que son luchas ajenas al feminismo. No se deben repetir los errores del feminismo radical que lo llevaron a su fin antes de acabar el siglo XX. En los años setenta y ochenta fueron hegemónicos, primero el feminismo liberal, y luego el feminismo radical y ambos recibieron justas críticas desde el feminismo negro y el lesbianismo. El feminismo radical, que en su momento fue revolucionario e hizo numerosos aportes al movimiento, no puede resurgir para ser una corriente conservadora, que no integre los aportes radicales, y tampoco estéril, que viva de las rentas del pasado sin desarrollar su propia teoría y práctica. Algunas mujeres que reducen el radfem a un movimiento antiqueer, no advierten cuánto se parecen a la teoría queer, que al igual que ellas ignora las opresiones de clase y raza.

bell hooks escribió: "La lucha para acabar con la opresión sexista que se centra en destruir la base cultural para tal dominación fortalece otras luchas de liberación. Las personas que luchan por la erradicación del sexismo sin luchar para acabar con el racismo o el clasismo socavan sus propios esfuerzos. Las personas que luchan por la erradicación del racismo o el clasismo al mismo tiempo que apoyan la opresión sexista están ayudando a mantener las bases culturales de todas las formas de opresión grupal".

Otras corrientes que renacen desde los setenta, tras la Tercera Ola posmoderna, son el separatismo feminista, el lesbofeminismo, o el feminismo de la diferencia, entre otras. Ninguna debería tomar las valiosas obras de sus fundadoras como un texto sagrado, o convertir sus frases -con frecuencia mal interpretadas- en dogmas intocables. Estas corrientes que surgieron hace 50 años, y han sobrevivido hasta hoy, han de ser conocidas, estudiadas, actualizadas y desarrolladas, como hace por ejemplo la feminista chilena Andrea Franulic con el feminismo radical de la diferencia.

La Cuarta Ola tendrá que recoger el testigo de todos los movimientos feministas, sin dogmatismos ni sectarismos, unidos en un único feminismo que luche por nuestra liberación, o no tendremos la suficiente fuerza para destruir el patriarcado y el capitalismo que lo refuerza.

Un movimiento feminista vivo ha de vincularse a la genealogía de las mujeres, incluso las que ni siquiera se llamaban a sí mismas feministas. Un movimiento vivo ha de vincularse al pasado, ha de crear y actuar en el presente, ha de seguir sumando, multiplicándose, desarrollándose para librarse de toda opresión, también por ser lesbianas, bisexuales, trabajadoras o racializadas. Las opresiones no son divisibles. ¿Acaso una mujer no puede ser sujeto del feminismo si es lesbiana, gitana, negra o pobre? ¿En serio? ¿Vais a tratar de impedirnos participar en un colectivo o en un encuentro feminista? Atreveos. La mujer fascista, racista, lesbófoba y clasista no es feminista. El sustantivo Mujer incluye a todas las mujeres, punto.

La mujer fascista, racista, lesbófoba y clasista no es feminista. El sustantivo Mujer incluye a todas las mujeres

bell hooks escribió: “El proceso comienza con la aceptación por la mujer individual de que las mujeres estadounidenses, sin excepción, son socializadas para ser racistas, clasistas y sexistas, en diversos grados, y que etiquetarnos a nosotras como feministas no cambia el hecho de que debemos trabajar conscientemente para deshacernos del legado de la socialización negativa".

La formación feminista implica que las mujeres heterosexuales lean y escuchen a las autoras lesbianas, y viceversa; que las mujeres de cualquier clase social lean y escuchen a las autoras y experiencias de la economía feminista anticapitalista; que las mujeres lean y escuchen a las autoras de otras etnia que no sea la suya. Hemos de aprender mucho de las experiencias de otras mujeres, por muy lejanas que nos parezcan. Un feminismo que realmente quiera destruir el patriarcado no puede tener tantos prejuicios ni excluir a colectivos tan amplios, basándose en dogmas inmutables.

Hace unos días difundí en las redes sociales un video sobre una pareja de lesbianas con síndrome de Down. Un varón había violado a una de ellas, y se veía cómo recibía el apoyo incondicional de su compañera. Fue un video que emocionó a muchas mujeres, que me dijeron, extrañadas de sí mismas, que nunca habían pensado en la opresión y vulnerabilidad de las mujeres con síndrome de Down, mucho menos en las mujeres lesbianas con síndrome de Down; es más, no sabían ni que existían. Fueron sinceras, y al hacerlo comprendimos hasta qué punto llega nuestro desconocimiento de la realidad de otras mujeres. Unas compañeras contaron que en Italia y en muchos más países, las mujeres lesbianas y los varones gay solo pueden adoptar a niñas y niños con discapacidad físicas o mentales. Casi nadie sabía nada.

O nos conocemos entre nosotras y nos vinculamos entre nosotras, o aprendemos juntas y luchamos juntas, o esta ola del feminismo será una más, y tendremos que esperar a la próxima para lograr nuestra liberación. O creamos una alianza o no podremos con el patriarcado. bell hooks escribió "No habrá un movimiento feminista basado en las masas, mientras las ideas feministas sean comprendidas solo por unas pocas bien educadas".

  • ¿Queremos ser víctimas o subvertir el orden patriarcal?

En mis artículos anteriores he denunciado la situación de todas las mujeres, especialmente de las más olvidadas, incluso por el feminismo Lo he hecho tratando de no caer en el victimismo paralizante, ofreciendo nuevas soluciones para que dejemos de ser víctimas, a corto plazo y en el futuro, y recuperando otras igualmente válidas. Muchas veces, con la mejor intención, no parecemos advertir que si creamos una identidad de la mujer como víctima, únicamente estamos hablamos de nuestra debilidad y no de nuestra fuerza. Los testimonios del sufrimiento provocado por los varones, si bien resultan liberadores en un principio, se convierten con el tiempo en una trampa que nos impide pensarnos más allá. Tampoco podemos caer en una exaltación del sufrimiento, del dolor, de la explotación, de la tortura y de la muerte de las mujeres. Si nos centramos en ese discurso de las mujeres como mártires podemos caer en un sensacionalismo reaccionario que haga propaganda de los actos más viles del patriarcado, amplificando el mensaje de intimidación que el desorden patriarcal pretende hacernos llegar a todas las mujeres. Las mujeres acobardadas no van a luchar por su liberación, si no contraponemos a ese discurso otro discurso de lucha, igualmente articulado. Aquellas que lucharon antes que nosotros jamás se rindieron, ni ante las mayores dificultades Si no nos valoramos, si nos dejamos validar por varones que han fracasado en sus políticas de fantasías de revoluciones, si no vemos las señales de libertad que nos envían las mujeres desde todos los rincones del planeta, nunca conquistaremos los objetivos.

Tampoco podemos reducir el feminismo a una lucha defensiva. Como dice la compañera andaluza Sara Lauper, las mujeres hemos de adoptar una posición ofensiva contra el machismo, tanto en público como en privado; y como dicen las compañeras de Jueves Feministas, el feminismo ha de pasar al contraataque. Si realmente queremos pasar a la ofensiva, no podemos continuar saliendo a la calle solo cuando somos atacadas, cuando el poder judicial dicta una más de sus sentencias-provocación, cuando un partido fascista y misógino pretende recortar todavía más nuestros derechos; no podemos salir a la calle solo como consecuencia de nuestra indignación. Las feministas hemos de tener una agenda, aprender de quienes nos precedieron y usar la fuerza del enemigo en su contra.

  • Los debates actuales del feminismo

La historia de las mujeres nos enseña que su lucha ha sido original, creativa, que no ha respondido a la lógica dicotómica del varón.

Afortunadamente, dentro del feminismo se van dejando de lado los debates absurdos en los que nos ha entretenido la Tercera Ola y comienzan a plantearse asuntos realmente relevantes. Lidia Falcón escribe: "La mayoría del Movimiento Feminista está muy contenta de haberse instalado en la dinámica conocida del trabajo asociativo: reuniones periódicas, a las que se asiste a veces, discusiones interminables sobre temas puntuales, la mayoría de las cuales no concluyen en ninguna resolución y que consumen tiempo, viajes y dinero, jornadas de presentación de ponencias y manifestaciones en la calle. Ya sabemos que esas son las actividades propias del movimiento asociativo que contribuyen a crear y hacer avanzar la conciencia de clase cívica. Pero insuficiente para cambiar la situación política. Como he repetido muchas veces, quien tiene el poder es el que firma el Boletín Oficial del Estado, y de la Provincia y de la Comunidad y las ordenanzas municipales. Y en esa tarea el Movimiento Feminista está ausente, y aún peor, cree que no debe implicarse".

La trayectoria feminista de Lidia Falcón es incuestionable, por lo que dudo mucho que contraponga un movimiento político y social en la calle a la participación en las instituciones. El problema real es que ese movimiento que hace décadas fue pujante, se ha transformado hoy en un magma confuso de corrientes feministas y antifeministas. Si hay concejalas o diputadas que emprenden cualquier labor en favor de nuestros derechos, será decisivo que reciban el apoyo de las mujeres organizadas en las calle. El movimiento del cual fue partícipe Falcón resultó determinante para lograr la aprobación de una serie de leyes feministas, e impidió a su vez la puesta en marcha de otras que suponían una regresión para los derechos de las mujeres. Si el feminismo pretende que se promulgue una ley abolicionista de la trata y la prostitución, vamos a necesitar diputadas realmente comprometidas con la causa.

En la Cuarta Ola hay muchas muchas mujeres que se niegan a caer en los errores del pasado. Sabemos por lecturas y testimonios personales que una ola feminista, como la Segunda, puede ser derrotada, más por la falta de claridad a la hora de identificar a los enemigos, que por la reacción del enemigo patriarcal. Si una mujer comparte el ideario feminista de la liberación, seguro que hay un lugar en la lucha para ella: para mujeres con vocación legisladora, o para mujeres más de acción. Si realmente queremos destruir el sistema patriarcal y del capital y crear una nueva sociedad donde seamos libres, vamos a necesitar mujeres en puestos decisivos del sistema patriarcal, mujeres trabajadoras en las calles y en los centros de trabajo, mujeres estrategas y teóricas, mujeres guerreras, mujeres creadoras, mujeres en huelga y estudiantes realizando tomas de las universidades, mujeres creando espacios solo de mujeres, mujeres historiadoras que recuperen nuestra genealogía, mujeres en puestos directivos de los medios de comunicación, mujeres en constante formación, mujeres comprometidas y organizadas, mujeres en pie de lucha.

Lidia Falcón escribe: "Si el tiempo, las energías, los esfuerzos y la inteligencia -si realmente la tienen- que invierten las participantes en esas Comisiones eternas del 8 de marzo y del 25 de noviembre en reunirse y pelearse, en ocasiones muy agresivamente, en discutir interminablemente textos que pueden repetirse cada año puesto que los problemas no remiten, y en manifestarse ritualmente, los invirtieran en participar en las elecciones apoyando a un partido feminista, haría tiempo que habríamos cambiado sustancialmente la correlación de fuerzas en los parlamentos autonómicos, en los ayuntamientos, en el Parlamento Europeo y en el Congreso. Y hubiéramos logrado legislar y gobernar a favor de las mujeres y de las clases populares".

Falcón aborda en este segundo artículo varias cuestiones de interés. Una es la feroz crítica a un movimiento feminista caduco que ya está siendo confrontado, no solo en el papel, sino también en asambleas y encuentros, y sobre todo, que ya ha sido desbordado en las calles por mujeres que tienen muy claro que así, con concentraciones delante de los ayuntamientos, o con manifestaciones festivas y rituales en los días señalados, no vamos a ningún lado. Las mujeres nos quedamos cortas con un  feminismo cómodo, conformista y elitista.

En cuanto a la coyuntural cuestión electoral, Falcón ignora que la mayoría de feministas no van a apoyar a un partido coaligado con fuerzas antifeministas. Este es un problema que podrán resolver si van a la raíz del problema.

El feminismo está vivo. Los últimos enfrentamientos dentro del movimiento han llevado demostrado que la manida frase de "en el feminismo cabemos todas" conduce al conflicto permanente y a la parálisis. Son numerosas las compañeras y colectivos feministas que han planteado la ruptura con el feminismo liberal en todas sus formas; que advierten de la necesidad urgente de crear un Movimiento de Liberación de la Mujer abolicionista, antipatriarcal, anticapitalista, antirracista, que no esté limitado por la búsqueda de consensos imposibles con un sector infiltrado por las fuerzas políticas del patriarcado.

El que fue rey ha quedado al desnudo, y muchas feministas han podido contemplar su desnudez. Por muy transgresor que se presentase en sociedad, el feminismo posmoderno y queer siempre fue una infiltración del neoliberalismo patriarcal, nacido en un momento de crisis, tanto del feminismo radical como del marxismo. El feminismo posmoderno llegó para tratar que las mujeres no abordásemos las cuestiones feministas desde la raíz de la opresión y para que borrásemos del feminismo la palabra mujer y dejáramos sin significado la palabra lesbiana. El feminismo posmoderno vino a que las mujeres olvidásemos la opresión de clase y raza; de ahí su carácter individualista y reaccionario; y de ahí su derrota sin paliativos, por más que queden rescoldos, sobre todo en la universidad donde las profesoras y catedráticas posmodernas están instaladas como garrapatas.

Son muchas, cada vez más, las mujeres convencidas de que necesitamos un movimiento feminista que entierre definitivamente a la Tercera Ola posmoderna y emprenda la lucha con atrevimiento, coraje, estrategia y capacidad de transformación. Andi Zeisler escribe: "El problema es -el problema siempre ha sido- que el feminismo no es divertido. No tiene porqué serlo. Es complejo y difícil y molesta a la gente. Es serio porque se trata de personas que exigen que su humanidad sea reconocida como valiosa. Los problemas radicales que confronta el feminismo -la desigualdad salarial, las divisiones de trabajo basadas en el sexo, el racismo y el sexismo institucional, la violencia estructural y, por supuesto, la autonomía corporal- son profundamente poco sexys".

A la pregunta: "¿Qué le dirías a alguien que piensa que ser feminista es algo negativo/tabú?", Berlutti respondió: "Que incluso su antipatía resulta beneficiosa para comprender los alcances del feminismo. El feminismo no es un pensamiento cómodo ni busca serlo: cuestiona las bases de un sistema de valores que infravaloran a la mujer y que se basa en un concepto de la feminidad como elemento secundario. La molestia, irritación, el tabú son síntomas de que el feminismo es necesario, que mueve conciencia y engendra opiniones".

  • Separatismo feminista

Mi anterior artículo incluía una pequeña sección dedicada al separatismo feminista que ha levantado ampollas en muchos varones y en una minoría de feministas heterosexuales. La gran mayoría de feministas saben por experiencia propia que, como dijo la historiadora feminista Lillian Faderman: "Todos los espacios se convierten en espacios masculinos, a menos que las mujeres realicen un esfuerzo conjunto demarcándolos para sí mismas".

Los espacios solo de mujeres existen desde tiempos inmemoriales. En la historia más reciente fueron separatistas los clubes de lectura -a finales siglo XIX y principios del XX-, en los que las mujeres tuvieron acceso a la producción intelectual de numerosas autoras. Fue allí, donde se generaron las inquietudes y las formas primarias de los primeros movimientos políticos feministas, como el sufragismo. También hubo organizaciones solo de mujeres en el comunismo y el anarquismo.

El separatismo propiamente feminista surge en las mujeres de la izquierda revolucionaria de los años setenta y en la necesidad de reunirse para pensar y reflexionar sin la interferencia de los varones. Como dice la compañera Doménica Franke: "Las razones son variadas: en muchos casos los propios compañeros de la organización son los perpetradores de violencia contra ellas, encubridores o cómplices; en la mayoría de los casos, estos hombres, consideran que los problemas de las mujeres son secundarios en el desarrollo de los conflictos de clase y no constituyen un asunto político sino personal, y que entorpecen o sabotean los verdaderos objetivos políticos en pos de intereses egoístas y fraccionadores de la unidad de clase. De esta manera, no fue extraño entonces y no lo es ahora, que los hombres rechacen el separatismo feminista, no se trata de que no sean capaces de entender o que necesiten ser informados, es que, sencillamente, el separatismo los hace enfrentarse a la posibilidad de que sus privilegios sean minados. No creo que los hombres sean ingenuos respecto a estos temas".

El separatismo propiamente feminista surge en las mujeres de la izquierda revolucionaria de los años setenta y en la necesidad de reunirse para pensar y reflexionar sin la interferencia de los varones

En el documental 'She’s beautiful when she’s angry', la cineasta Mary Dore hace una crónica del nacimiento y desarrollo del Movimiento de la Liberación de la Mujer de 1966 a 1971 en los Estados Unidos. La cinta filma la lucha feminista de aquellos años a través de videos de archivo y entrevistas con numerosas activistas y autoras de la Segunda Ola, como la reconocida feminista Kate Millet, la feminista negra Fran Beal o la feminista lesbiana separatista Rita Mae Brown. Hay incontables episodios de separatismo feminista provocado por los varones. Por ejemplo, el de una mujer que es silenciada e insultada en un mitin izquierdista. Resulta especialmente emocionante ver como las mujeres lesbianas, negras y latinas pelearon para estar en primera línea, abordando cuestiones como la clase, la raza o la orientación sexual, así como el derecho de la mujer a decidir sobre sus cuerpo. Las feministas de la Segunda Ola no tenían tabúes a la hora de hablar de la sexualidad femenina, al cuestionar la reproducción obligatoria y al denunciar la dejadez del sistema patriarcal ante la salud de las mujeres. La mayor enseñanza del documental es comprobar que las mujeres fueron capaces de organizarse frente al mayor de los enemigos (el FBI calificó al Movimiento de Liberación de la Mujer como una amenaza para la seguridad nacional) para lograr una serie de derechos que hoy nos parecen elementales.

Marilyn Frye escribió hace medio siglo que el separatismo es un elemento de tensión en el feminismo, pero lo cierto es que, con el paso de los años, ha ido ganando popularidad. Actualmente hay mucho más interés que rechazo, aunque no se trate de un separatismo completo, porque su reaparición es debida a la infame reacción de muchos varones ante el resurgir del feminismo. A pesar de que son ellos los que con su ostentosa falta de empatía han provocado que miles de mujeres se interesen por el separatismo feminista, también son ellos los que se sienten amenazados con la idea de la separación. Por supuesto, nunca han participado en espacios mixtos, pero no soportan la idea de perder el liderazgo y los derechos asociados.

¿Por qué el separatismo feminista incomoda tanto a los varones? Marilyn Frye escribe: "Las hembras proporcionan, y generalmente han proporcionado a los machos, la energía y el espíritu para vivir. Los machos son nutridos por las hembras. Y esto, aparentemente, los machos no pueden hacerlo por sí mismos, ni siquiera parcialmente. El parasitismo de los hombres sobre las mujeres es demostrado por el pánico, la rabia y la histeria generada en muchos de ellos por la idea de ser abandonados por las mujeres. Pero se demuestra de una manera más persuasiva por la evidencia literaria y sociológica. Los hombres tienden en números sorprendentemente significativos, y en grado alarmante, a caer en enfermedades mentales, delitos menores, alcoholismo, enfermedad física, desempleo crónico, adicción a las drogas y neurosis cuando se les priva de la atención y la compañía de una pareja o cuidadora. Mientras que, por otro lado, las mujeres sin pareja masculina son significativamente más sanas y felices que las mujeres con pareja masculina".

Resulta revelador que el separatismo indigne a muchos varones más que las violaciones, la esclavitud sexual o la violencia machista. El separatismo debe ser estudiado y valorado con racionalidad. Se trata de una corriente que tiene sus propios debates, como el de si debe ser un objetivo permanente o temporal, una opción colectiva o una decisión personal. Las feministas, lesbianas, bisexuales o heterosexuales, favorecen algunos grados de separatismo. Todas creen que los grupos no mixtos, y los espacios exclusivos para mujeres son, bajo el patriarcado, completamente necesarios. Las cuestiones planteadas por el separatismo son hoy más vigentes que nunca para el crecimiento de la conciencia feminista.

Los varones antiseparatistas han buscado las excusas más peregrinas para justificar su oposición, como por ejemplo, al compararlo con el apartheid. En el caso del apartheid, la minoría opresora blanca apartaba a la mayoría negra oprimida, mientras que en el caso del separatismo feminista más radical son parte de la mayoría oprimida (las mujeres) las que decide libremente formarse, organizarse y luchar sin la minoría opresora (los varones).  Ninguno de estos varones reconoce que entre sus motivos para oponerse está la dependencia que tienen de las mujeres para alcanzar su bienestar. Marilyn Frye, una de las primeras teóricas del separatismo feminista escribe: "Estas interacciones con las mujeres, o más bien, estas acciones sobre las mujeres, hacen que los hombres se sientan bien, anden erguidos, se sientan frescos, vigorizados. Los hombres se agotan por vivir solos, con hombres y entre otros hombres, y son revividos y refrescados, recreados, yendo a casa a que les sirvan la cena, cambiándose de ropa para poder llevarla limpia, teniendo relaciones sexuales generalmente forzadas con su esposa; o pasando por el apartamento de una amiga para que le sirva café o una bebida y lo acaricien de una forma u otra; o al elegir a una prostituta para un baño rápido o para darse un baño en sus fantasías de escape sexual favoritas; o violando a las refugiadas de sus guerras (extranjeras y domésticas). La ayuda de las mujeres, ya sean voluntaria o involuntaria, gratuita o pagada, son las que devuelven a los hombres la fuerza, la voluntad y la confianza para continuar con lo que llaman vida".

Los varones son conscientes de que están perdiendo el control sobre la mujer, de que cada vez son más las que desafían el imperativo patriarcal, tras acercarse al feminismo. Muchas afirman haber perdido el deseo hacia los hombres por sus recalcitrantes actitudes machistas. Unas descubren su lesbianismo o su bisexualidad, otras se replantean la hetersosexualidad obligatoria, mientras los varones atribuyen este cambio de paradigma a la presunta locura femenina asociada desde siempre a las mujeres libres. Tienen miedo porque dependen en gran medida de las mujeres y son incapaces de darse cuentan que es su falta de autonomía, su falta de empatía y su violencia los verdaderos motivos que amenazan su bienestar.

La historiadora feminista chilena Doménica Franke escribe: "Así las cosas, en los grupos de mujeres organizadas, esta necesidad de separarse suele reaparecer una y otra vez. En estas situaciones, el separatismo es practicado de una u otra forma, en diversos niveles y grados. Aunque sea la sola necesidad que sienten las mujeres de organizaciones mixtas de juntarse sin hombres en espacios y momentos muy acotados (en talleres, reuniones más informales, exhibición de documentales, etc.), es posible comprobar, en las dinámicas que se producen, la veracidad del lema feminista ‘lo personal es político’, en relación a que la mayor parte de las experiencias de opresión que viven las mujeres se producen en el ámbito de lo privado: parejas heterosexuales, familia, etc. En otras palabras: experimentan la opresión de los hombres con los que sostienen algún tipo relación. Por otra parte, en espacios separatistas, las mujeres, socializadas para guardar silencio y escuchar a los hombres, por fin logran alzar la voz y escucharse entre sí, sin miedos o apoyándose en las otras para superarlos. En fin, se comprueba que las experiencias de opresión, muchas de ellas de corte sexual (acoso, abusos, violaciones, etc.) son compartidas por las mujeres, y que son los hombres quienes la ejercen, al mismo tiempo, que, en la mayor parte de los casos, se trata de hombres cercanos, familiares o pareja, amigos, etc., hombres con los cuales las mujeres comparten o han compartido espacios íntimos y/o cotidianos".

Las mujeres tenemos que decidir si vamos a seguir actuando bajo el prisma patriarcal o, por contra, con la cosmovisión de las mujeres que quieren ser libres de toda opresión. Doménica Franke escribe: "Ser radicales, creo, hoy no solo implica ir a la raíz, porque del análisis de esas raíces venimos… Habrá que tomarse en serio también aquello de ser extremas, taxativas, arriesgadas. Las rupturas deben ser tan profundas y definitivas que no quede más opción que volver a nosotras". Las mujeres tenemos que decidir si queremos un feminismo asimilado y asimilable por el sistema patriarcal que queremos destruir, o un feminismo que si fuera asimilado causaría la propia destrucción del patriarcado.

Marilyn Frye escribe: "Ahora se hace más claro por qué siempre hay un aura de negatividad desagradable sobre el separatismo. Cuando nuestros actos o prácticas feministas tienen un grado de separación, asumimos el poder controlando el acceso del varón hacia nosotras. La esclava que excluye al amo de su cabaña se declara a sí misma no-esclava. Y que controlemos su acceso y que nos definamos nosotras a nosotras mismas es disputar el poder masculino. Los poderosos normalmente determinan lo que se dice y se puede decir. Cuando el poderoso etiqueta algo, lo nombra o lo bautiza, ese algo se convierte en lo que ellos llaman. Las mujeres por lo general no son las personas que definen. Al negarles el acceso a nosotras y autodefinirnos, somos doblemente insubordinadas, ya que ni controlar el acceso ni definirnos a nosotras mismas nos está permitido. Y el acceso y la definición son ingredientes fundamentales en la alquimia del poder, por lo que somos doble y radicalmente insubordinadas. Las mujeres solo podemos hacer la definición de nosotras mismas cuando replanteamos el acceso a las mujeres por parte del varón. Asumiendo el control de ese acceso, trazamos nuevos límites y creamos nuevos roles y relaciones. Esto, aunque causa cierta tensión, perplejidad y hostilidad, se encuentra en gran medida al alcance de las mujeres de hoy en día, al menos en espacios de mayor conciencia feminista.” Por supuesto, como señala Doménica Franke: “La base de este acceso es la sexual, mediante la heterosexualidad obligatoria con su abanico de expresiones que va desde el amor romántico hasta la prostitución y la violación, el control de los cuerpos mediante la medicina, la moda, la ley, etc".

Si la principal razón para que los varones se enfrenten al separatismo feminista es la pérdida del poder y del acceso sexual a la mujer y sus servicios, ¿cuál sería la razón del rechazo por parte de algunas mujeres, incluso de algunas feministas? Leyendo textos de los setenta vemos que ese rechazo ha disminuido. Hoy la gran mayoría de mujeres heterosexuales han comprendido que el separatismo feminista tiene grados de separación de los varones, por lo que todas las feministas son separatistas en cierto modo, y cada una elige libremente el nivel de separación con el que se sienta bien. Ninguna mujer está obligada a ser separatista al 100%.

En 1977 Marilyn Frye escribe: "Grupos de mujeres, reuniones, proyectos exclusivamente para mujeres, parecen causar controversia y confrontación. Muchas mujeres se sienten ofendidas por ellas; muchas temen ser las que anuncien la exclusión de los hombres. El separatismo se ve como un instrumento cuyo uso necesita una justificación muy elaborada. Creo que esto se debe a que la exclusión consciente y deliberada de los hombres por parte de las mujeres, cualquiera que sea, es una insubordinación flagrante y genera en las mujeres el miedo al castigo y la represalia, miedo que a menudo está bien justificado. Este no es un miedo irracional. Nuestra experiencia en el movimiento en general es que la actitud defensiva, la maldad, la violencia, la hostilidad y la irracionalidad de la reacción al feminismo tienden a corresponder con la ostentación del elemento de separación en la estrategia o el proyecto que desencadena la reacción antifeminista ante los espacios de mujeres, organizaciones de mujeres, reuniones de mujeres, clases de mujeres, están prohibidos, reprimidos, hostigados, ridiculizados y castigados, en nombre de esa otra institución patriarcal fina y duradera, la igualdad sexual". En estos 50 años hemos logrado que las reuniones solo de mujeres no sean tan cuestionadas, pero hay otras ideas separatistas que son ridiculizadas y atacadas como antes lo fueron los grupos y tertulias solo de mujeres.

Hay mujeres que puede que rechacen el separatismo por miedo a las represalias, como señalaba Frye, otra razón puede ser que sean partidarias del feminismo burgués de la igualdad, asimilable por el varón, hasta por el más misógino. Marilyn Frye: "Para mí es claro, al menos en mi propio caso, que la contradicción entre asimilación y separación es una de las principales cosas que guía o determina las evaluaciones de las diversas teorías, acciones y prácticas como reformistas o radicales, como ir a la raíz de la cuestión o ser relativamente superficiales".

Hoy en día, la mayoría de las feministas no estamos asustadas por el separatismo, sino al contrario, sabemos que se trata de una estrategia que no supone mayor amenaza para nosotras. Como señalaba Frye en 1977: "Estamos muy ocupadas en lo que nos parece nuestras insubordinaciones flagrantes: vivir nuestras propias vidas, cuidarnos las unas a las otras, hacer nuestro trabajo y, en particular, decir la verdad tal y cómo la vemos".

En 'The Politics of Reality', Marilyn Frye analiza la opresión de la mujer y fundamenta teóricamente el separatismo feminista. Doménica Franke escribe, 36 años después: "En general, hoy hay un consenso entre quienes han interiorizado el feminismo, respecto a la 'utilidad' del separatismo respecto a proporcionar a las mujeres un espacio seguro para encontrarse unas a otras. Si se ha logrado ese consenso, lo que no es fácil ni rápido, surgen otras cuestiones. Son las mismas que se vienen discutiendo desde que el separatismo surgió, más o menos. Esto es: ¿el separatismo es una táctica de fortalecimiento entre mujeres, para, una vez logrados ciertos objetivos, integrarse con los hombres? O, ¿constituye un proyecto político y vital de las mujeres, a mediano y largo plazo?".

Nunca se ha rehuido el debate político sobre el separatismo. Adrienne Rich, en 1981, expresó su preocupación sobre si algunas expresiones del separatismo lésbico enfatizaban la negación: "Sería más fácil para algunos si todas las lesbianas pudieran ser etiquetadas de “separatistas”, lo que implica que nuestras políticas y autodefiniciones proceden primero por odio y rechazo de otros (hombres o mujeres heterosexuales). Sería más fácil, pero destructivo para el feminismo y una negación de nuestra complejidad. Nosotras constantemente nos preguntamos si estamos más preocupadas por aquello a lo que decimos 'no' que por el 'sí' que estamos diciéndonos a nosotras mismas y a otras mujeres. ¿Qué significa separatismo ? Me pregunto si tal vez la verdadera duda en cuestión no es el separatismo en sí, sino cómo, cuándo y con qué tipo de identidad consciente se practica".

Estos son los debates que tendrían que ocuparnos en la actualidad con respecto al separatismo: explorar en la teoría y en la práctica qué vías separatistas nos harán fortalecer la lucha por nuestra liberación, y qué vías separatistas nos apartarán de ellas. El debate está abierto: Bárbara León en 'Separar para integrar' afirma: "La formación de grupos exclusivamente femeninos en cuestiones que no sean los derechos de las mujeres y su liberación, es reaccionaria. Él se encuadra en los proyectos de la supremacía masculina para mantener a las mujeres segregadas, excluidas y 'en su lugar'. Sólo si el propósito declarado de un grupo de mujeres es luchar contra el descenso hacia una posición y un status separados, es decir, para luchar por la liberación de las mujeres, sólo entonces un grupo separatista adquiere un propósito revolucionario y no reaccionario". Doménica Franke replica: "Aquí se manifiesta el viejo temor de estar haciendo lo mismo que los hombres hacen a las mujeres. ¿Feminismo como machismo al revés? Es impresionante que este tipo de debates se dé entre las propias filas feministas, y desde mujeres politizadas, referentes. Me parece necesario que, renunciando a los arrebatos de optimismo, pero sin caer en fatalismos, intentemos ver el panorama en su totalidad, reconozcamos los errores, los temores y las deshonestidades que nos mantienen atadas a los hombres. Debemos superar la 'simple huida', si me permiten expresarlo así, cuando nos encontramos ante el hecho de que éstos nos matan y nos violan. La reacción airada y emotiva, el análisis de las estadísticas, ya suficientes para abrir las puertas de la jaula de la heterosexualidad, no son suficientes, sin embargo, no nos ha alcanzado, para mantenernos fuera de la jaula… Creyendo, erradamente, que allí afuera nos espera el descampado, el vacío y la soledad, regresamos una y otra vez a la seguridad tras los barrotes".

En el rechazo al separatismo de algunas feministas está el desconocimiento de la historia de las mujeres y de la teoría feminista radical y revolucionaria que, por supuesto, no es objeto de los planes de estudio, ni de la formación que se difunde por algunas autoras y periodistas. Esas alicortas listas de libros para iniciarse en el feminismo que sistemáticamente excluyen a feministas radicales, lesbianas, negras, chicanas, separatistas... que siguen con la creencia de la incapacidad de las mujeres que nos ha inculcado el patriarcado al maleducarnos. Las críticas del separatismo no reconocen que los varones no son sujetos del feminismo, que la lucha feminista en un movimiento de liberación de las mujeres, y que nadie las obliga a separarse. Vivimos en 2019, no en 1971. Una mujer puede ser separatista en su vida personal y política, aunque sepa que no puede o no quiere sobrevivir sin un trabajo que implique estar en contacto con hombres, o aunque no quiera separarse de sus seres queridos varones, y aún así esta misma mujer puede desear abstenerse de dar cualquier parte de sí misma a los varones con los que no tiene ningún vínculo o que son una molestia o una amenaza para ella.

El separatismo de hoy es más afirmativo que negativo. Doménica Franke escribe: "Toda la historia, la teoría y la práctica política, nos colocan ante la verdad de la necesidad de separarnos de los hombres, dado el carácter limitado de nuestras posibilidades, en muchos casos de forma gradual, pero sin renuncias, sistemática y definitivamente, y con miras a un proyecto a mediano y largo plazo. Hay vida, amor, pasión, deseo y fuerzas creadoras después y sin los hombres. Nosotras hemos heredado un legado teórico, político y simbólico suficiente para renunciar al mundo de los hombres y construir el propio, el nuestro, no podemos pensar que han sido en vano estos cientos y tal vez miles de años de descubrir las miserias y las mentiras del patriarcado".

Como hemos visto, se puede hacer una crítica política a algunos planteamientos separatistas. Entonces, ¿por qué el separatismo crea tantas suspicacias en algunas feministas heterosexuales? La mayoría de ellas callan sus verdaderas razones, que otras sí confiesan en privado: "el separatismo me suena a lesbianas", "eso es cosa de bisexuales y lesbianas", "solo vale para ellas".

Y así llegamos a otro de los tabúes dentro del feminismo: el lesbianismo.

  • Lesbianas, lesbianismo, feminismo lesbiano

En primer lugar no es cierto que el separatismo sea solo para lesbianas. Ya he mostrado como todas las feministas son separatistas en algún grado, pero aunque hablemos del separatismo lésbico, no se entiende por qué no tendría que ser apoyado por las mujeres heterosexuales, cuando las lesbianas han defendido siempre derechos que no van a necesitar ellas sino las mujeres heterosexuales, como el derecho al aborto. Existe el separatismo lésbico, ¿por qué no tendría que ser defendido su derecho a vivir separadas de los varones por el resto de feministas, aunque podamos discrepar de ellas políticamente?

Hace casi 50 años Adrienne Rich escribió algo que sigue plenamente vigente: "Sigo pensando que las feministas heterosexuales sacarán fuerza política para cambiar si toman una postura crítica ante la ideología que exige la heterosexualidad obligatoria, y que las lesbianas no pueden dar por supuesto que no nos afectan esa ideología y las instituciones que en ella se fundan. No hay nada en esa ideología que nos obligue a pensarnos como víctimas, como si nos hubieran lavado el cerebro o fuéramos del todo impotentes. La coerción y la obligación están entre las condiciones en las que las mujeres hemos aprendido a reconocer nuestra fuerza. La resistencia es un tema importante en este artículo y en el estudio de la vida de las mujeres, si sabemos qué es lo que  buscamos".

Este artículo de Adrienne Rich debería ser conocido por toda feminista que quiera formarse como tal, sea cual sea su preferencia sexual. Hoy día existe un incomprensible sectarismo a la hora de formarse en feminismo, y en algunos casos, hay pura lesbofobia. Una feminista heterosexual que no lea a las autoras lesbianas tendría una formación incompleta. Sacar las obras de autoras feministas del feminismo es una mutilación del legado para la emancipación de la mujer, de cualquier mujer. No creo que haya una feminista conocedora del corpus teórico del feminismo que pueda negar que los aportes de las autoras lesbianas han sido fundamentales para el movimiento de liberación de las mujeres, de todas las mujeres.

Hoy día existe un incomprensible sectarismo a la hora de formarse en feminismo, y en algunos casos, hay pura lesbofobia

Muchas autoras que he ido citando en mis artículos son lesbianas y suponen buena parte del fundamento teórico del feminismo de la liberación. Ochy Curiel escribe: "Las lesbianas, las afrodescendientes y las llamadas “mujeres del pueblo” comenzaron a cuestionar la universalidad del llamado “feminismo blanco”, demostrando que la subordinación de las mujeres se hacía histórica cuando otras categorías como la sexualidad, la “raza” o la clase eran consideradas a la hora de analizar esa subordinación. Fueron pioneras en demostrar que no a todas las mujeres el patriarcado nos afecta igual".

Algunas de las autoras feministas que hoy consideramos más profundas y vigentes son mujeres lesbianas negras, quizás por esa razón hay en sus obras una contundencia y claridad inusual en la mayoría de las feministas blancas y heterosexuales; una fuerza por haber resistido a tanto machismo, a tanto racismo y a tanta pobreza; un esfuerzo por ir a las raíces de todas las opresiones que puede sufrir una mujer. Las lesbianas negras no se limitan a hablar de las insuficiencias del feminismo blanco, sino que denuncian y actúan con dureza contra el machismo en las comunidades negras y tratan de acabar con él. Como escribió Cheryl Clarke: "La lesbiana negra, como cualquier otra persona de color en los Estados Unidos, experimenta la sujección del racismo institucional y puede sufrir igualmente el sexismo homofóbico de su propia comunidad. Los negros, como ex-esclavos (o sea que ya no “pertenecen oficialmente” a los blancos), tienen más oportunidad para oprimir a las negras. Hoy, no tienen que competir directamente con los blancos para controlar los cuerpos de las negras. Ahora, los negros pueden tomar el papel del 'amo' y pueden tiranizar sin obstáculos a las negras. Y así lo hacen los negros".

El feminismo lesbiano en todas sus corrientes ha generado una gran obra teórica en las últimas décadas. Autoras destacadas son Audre Lorde, Adrienne Rich, Marilyn Frye, Sheila Jeffreys, Cheryl Clarke, Mary Daly, Charlotte Bunch, Barbara Smith, Pat Parker, Margaret Sloan-Hunter, Gloria Anzaldúa, Cherrie Moraga, Ochy Curiel, Carol Anne Douglas, o Andrea Franulic. Sus obras son desconocidas dentro del feminismo, al contrario que algunas de sus frases, como "todas las mujeres pueden ser lesbianas", sacadas de libros que no leen, y que son por tanto malinterpretadas.

En palabras de Sheila Jeffreys: "En los años 70, el feminismo lesbiano cometió un acto de herejía: transformaron el lesbianismo de una práctica sexual en una práctica política que ponía en entredicho la supremacía masculina y la institución de la heterosexualidad obligatoria". Durante la Segunda Ola, las lesbianas feministas redefinieron el lesbianismo como "una saludable elección para las mujeres, basada en la autoestima, el amor por otras mujeres y el rechazo de la opresión masculina". La redefinición de la palabra lesbiana puede ser muy discutible, más aún cuando intenta ser usurpada por la decadente teoría queer, pero no puede ignorarse al leer a autoras lesbianas de los años 70. Sus frases más conocidas adquieren verdadero significado cuando entendemos qué pensaban las autoras  que redefinieron el término lesbiana y qué significa para ellas. En palabras de Charlotte Bunch, "lesbiana es amarse a una misma, mujer, en una cultura que denigra y desprecia a las mujeres". Así frases de autoras lesbofeministas que suelen molestar hoy a algunas feministas heterosexuales, adquieren su significado real, que no ha de irritarlas en absoluto. Leamos esta de Ginny Berson: "Las feministas deben convertirse en lesbianas si desean poner fin a la supremacía masculina". Ya no significa lo mismo, ¿verdad?

En palabras de Charlotte Bunch, "lesbiana es amarse a una misma, mujer, en una cultura que denigra y desprecia a las mujeres"

¿Por qué no leer a autoras lesbianas como, por ejemplo, Cheryl Clarke? "El análisis de un pensador y escritor socialista, Manning Marable refleja a una postura de cambio. En una discusión sobre la violencia, Marable les propone este reto a los hombres: "Para que haya posibilidad de que ocurran cambios fundamentales, la lucha contra la violencia se tiene que hacer dentro de todos los movimientos progresistas sociales. Los hombres teóricos, negros o blancos, que no ponen la lucha por los derechos democráticos y humanos de las mujeres en el centro de sus postulados socio-transformativos están simplemente duplicando las prácticas y los pensamientos predominantes de la antigua sociedad civil, racista y capitalista. A través de un proceso de autocrítica y una re-educación extensa los hombres tienen que romper con la lógica de lo que ha significado ser hombre, para así redefinirse a sí mismos y sus relaciones con las mujeres. Aunque la lesbiana feminista negra amenace el control rapaz del hombre negro sobre la negra, el propósito como ideología política y filosófica es no aceptar la posición superior del hombre negro o cualquier otro". Ya que a las lesbianas negras no les interesa el pene, nosotras subvertimos uno de los pocos recursos del poder sobre nosotras: la heterosexualidad. Esto los amenaza. De su parte los hombres negros tratan de intimidar a las negras y prevenir que se sumen al feminismo acusándolas de ser lesbianas. Las negras involucradas en la lucha de liberación, que entienden la necesidad de organizarse alrededor de nuestra opresión como mujeres, tienen que resistir la intimidación y manipulación por medio de esta táctica perniciosa".

Como afirma Yuderkys Espinosa: "Negar u ocultar el nexo entre la política lesbiana o a la política feminista sería negar nuestra propia historia y nuestra propia refundación”. Adrienne Rich, poeta feminista norteamericana, fue quien propone por primera vez el concepto de heterosexualidad obligatoria como sistema de opresión que afecta a todas las mujeres y que invisibiliza al lesbianismo. Rich propuso además en 1999 el concepto de continuum lesbiano para expresar la necesidad de solidaridad entre todas las mujeres, sean o no lesbianas, contra todas las formas del patriarcado".

Las feministas lesbianas, como hemos visto, interpelan a los varones negros, blancos o de cualquier etnia, y no suelen dirigirse solo a las mujeres lesbianas, sino a todas las mujeres, y no con afán proselitista. Adrienne Rich escribió: "Las feministas heterosexuales sacarán fuerza política para cambiar si toman una postura crítica ante la ideología que exige la heterosexualidad, y las lesbianas no pueden dar por supuesto que no nos afectan esa ideología y las instituciones que en ella se fundan".

El documental 'Angry Wimmin' de Vanessa Engle, recuerda a las Feministas Revolucionarias inglesas de los años 70, que exhortaron a las mujeres a convertirse en lesbianas políticas. Sus protagonistas nos cuentan con una mirada autocrítica, cómo se organizaron y cómo lucharon, qué consiguieron con sus acciones directas y movilizaciones, qué errores cometieron, y cómo terminaron siendo derrotadas en los años 80 tras entrar en las instituciones y la llegada al poder de Margaret Thatcher que fulminó todos sus programas sociales feministas. Todas habían sido asimiladas, con la excepción de la lesbiana negra Linda Bellos, que nos recuerda cómo la falta de análisis de la opresión por la raza era todavía una carencia hasta del feminismo más radical. Las Feministas Revolucionarias inglesas son otro ejemplo de cómo lesbianas radicales fueron pioneras en batallas que hoy ocupan a todas las feministas, como la lucha contra el porno; el documental muestra sus contundentes acciones contra los lugares que difundían el porno de la época. Hay más ejemplos de acciones directas y campañas que también conciernen a las mujeres heterosexuales y bisexuales, como su lucha contra las violaciones, la publicidad sexista o el acoso callejero.

Resulta sorprendente que el feminismo lesbiano no sea apenas conocido, incluso dentro del feminismo. Cheryl Clarke en su artículo 'Lesbianismo: un acto de Resistencia' escribe: "No hay un solo tipo de lesbiana, no hay un solo tipo de comportamiento lésbico, y no hay solo un tipo de relación lésbica. Igualmente, no hay sólo un tipo de respuesta a las presiones que las mujeres sufren para vivir como lesbianas. Ser lesbiana es un acto de resistencia, una resistencia que debe ser acogida a través del mundo por todas las fuerzas progresistas. No importa cómo una mujer viva su lesbianismo: en el armario, o no". Sheila Jeffreys en su libro 'La herejía lesbiana', publicado en 1993, afirma que el feminismo lesbiano pone en entredicho que la heterosexualidad sea un hecho natural, desenmascarando la heterosexualidad obligatoria como una institución política con la que se propone acabar en pro de la libertad de las mujeres y de su autodeterminación sexual.

Las autoras lesbofeministas profundizan en formas de opresión de toda mujer que las autoras heterosexuales no suelen abordar en sus obras. En 'La herejía lesbiana' Sheila Jeffreys, además del lesbianismo, aborda también cuestiones en las que pocas autoras feministas han profundizado, y que afectan o pueden afectar a cualquier mujer. Siguiendo la estela de Andrea Dworkin, Sheila Jeffreys critica las prácticas sadomasoquistas que involucran a las mujeres y describe el sadomasoquismo como "supremacista masculino", una recreación del predominio masculino heterosexual y la opresión de las mujeres que glorifica la violencia y utiliza los cuerpos de las mujeres como un instrumento sexual. Considera sin ambages el sadomasoquismo como misógino y fascista, afirmaciones que la llevaron a enfrentarse a la teoría queer desde sus inicios.

Adrienne Rich acababa su artículo anteriormente citado sobre la heterosexualidad obligatoria: "El supuesto de que 'la mayoría de las mujeres son heterosexuales por naturaleza' es un muro teórico y político que bloquea el feminismo. Sigue siendo un supuesto sostenible en parte porque la existencia lesbiana ha sido borrada de la historia o catalogada como enfermedad, en parte porque ha sido tratada como excepcional y no como intrínseca, en parte porque reconocer que, para las mujeres, la heterosexualidad puede no ser en absoluto una 'preferencia' sino algo que ha tenido que ser impuesto, gestionado, organizado, propagado y mantenido a la fuerza, es un paso inmenso a dar si una se considera libre e 'innatamente' heterosexual. Sin embargo, no ser capaces de analizar la heterosexualidad como institución es como no ser capaces de admitir que el sistema económico llamado capitalismo o el sistema de castas del racismo son mantenidos por una serie de fuerzas, entre las que se incluyen tanto la violencia física como la falsa conciencia. Para dar el paso de cuestionar la heterosexualidad como 'preferencia' u 'opción' para las mujeres -y hacer el trabajo intelectual y emocional que viene después- se requerirá una calidad especial de valentía en las feministas heterosexualmente identificadas, pero creo que los beneficios serán grandes: una liberación del pensamiento, un explorar caminos nuevos, el desmoronarse de otro gran silencio y una claridad nueva en las relaciones personales".

El feminismo no puede olvidar los análisis y las prácticas de las feministas que van a la raíz del sistema de opresión, sean heterosexuales, bisexuales, lesbianas, negras o blancas. No puede permitirse el lujo de ignorar o rechazar lo más potente, profundo y coherente del corpus feminista. Ochy Curiel en su artículo 'El Lesbianismo Feminista: una propuesta política transformadora' se preguntaba en 2007: "¿A qué mundo aspiramos? Es la pregunta que debemos hacernos. ¿A un mundo que nos tolere o a un mundo donde las desigualdades por cuestiones de sexualidad, de racialización, de clase, sean eliminadas? Desde el lesbianismo feminista muchas aspiramos a esto último. Otro mundo, probablemente no tengamos claro cuál es, porque para lo que aspiramos no hay modelos, sin embargo sabemos lo que no queremos de este y eso es ya una premisa potencial para otra construcción posible. El lesbianismo feminista para muchas de nosotras es una propuesta transformadora que supone no depender ni sexual, ni emocional, ni económica, ni culturalmente de los hombres. Significa entender que la sexualidad es algo mucho más allá que el coito, supone crear lazos y solidaridades entre mujeres, sin jerarquías ni relaciones de poder. Significa entender cómo el patriarcado afecta los cuerpos de las mujeres, cuerpos históricos a los que les toca de cerca la mundialización y transnacionalización del capital, el racismo, la pobreza, la guerra, pero también, cuerpos que han construido la resistencia y la oposición a la desigualdad que produce el patriarcado, cuerpos que han imaginado y creado otras relaciones sociales, otros paradigmas, otros mundos".

El feminismo no puede olvidar los análisis y las prácticas de las feministas que van a la raíz del sistema de opresión, sean heterosexuales, bisexuales, lesbianas, negras o blancas. No puede permitirse el lujo de ignorar o rechazar lo más potente, profundo y coherente del corpus feminista

Ochy Curiel termina su artículo recordando a las Radicalesbians de Nueva York, que hicieron popular esta frase: "Una lesbiana es la rabia de todas las mujeres concentrada hasta su punto de explosión".

  • La Revolución Feminista: una propuesta completa de mundo

Las mujeres estamos descubriendo nuestro propio poder, como individuas, y mucho más, nuestro poder como colectivo. Y estos descubrimientos son mucho más que una teoría, son experiencias que no pueden ser desmontadas por ninguna clase de doctrina dogmática. Somos las mujeres quienes vamos siendo conscientes de que al actuar unidas, y con un propósito, nuestro poder hace avanzar la lucha feminista. Y estamos llegando al momento en el que es necesario ampliar los significados de actuar, de luchar, de soberanía, de poder, de revolución con los que hemos sido socializadas. Elizabeth Janeway insistía en que una de las formas más importantes y significativas del poder sostenido por las personas oprimidas es "la negativa a aceptar la definición de una misma que es presentada por los poderosos". Janeway llama a esta negativa el "imprescindible uso del poder de no creer". En el caso de las mujeres es evidente que las mujeres hemos de dejar de creer en todo lo que la dictadura patriarcal nos ha enseñado sobre nosotras, sobre los varones, sobre cómo debemos relacionarnos con ellos, sobre cómo debemos de pensar y sentir, etc, etc. Las mujeres tenemos el poder de no creer todo ese complejo sistema de ideas y creencias con las que han querido regular y controlar nuestras vidas, y tenemos el poder de desterrar de nosotras la definición de nosotras que han hecho otros. Estos dos poderes que pueden parecer tan sencillos suponen una formidable revolución en nuestras vidas y en nuestra lucha.

Las mujeres hemos de rechazar urgentemente la descripción que los poderosos han hecho de nuestra realidad, y comenzar a conocer cómo la han descrito las mujeres como las que he ido citando, y muchas más, y hemos de hacerlo también las mujeres que somos pobres, somos explotadas o estamos atrapadas en circunstancias opresivas. Necesitamos saber que el ejercicio de este poder básico es un acto de resistencia y fuerza.

Las mujeres hemos de ir conociendo y reconociendo todos nuestros poderes. Audre Lorde escribía en 1978: "Existen muchas clases de poder; los que se utilizan y los que no se utilizan, los reconocidos o los que apenas se reconocen. Lo erótico es un recurso que reside en el interior de todas nosotras, asentado en un plano profundamente femenino y espiritual, y firmemente enraizado en el poder de nuestros sentimientos inexpresados y aún por reconocer. Para perpetuarse, toda opresión debe corromper o distorsionar las fuentes de poder inherentes a la cultura de los oprimidos de las que puede surgir energía para el cambio. En el caso de las mujeres, esto se ha traducido en la supresión de lo erótico como fuente de poder e información en nuestras vidas".

Desde fuera, desde el antifeminismo liberal y antierótico, se nos ha presentado a las feministas como seres asexuales, puritanas, reprimidas, como si el rechazo del porno y la prostitución supusiera oponerse a Eros, cuando realmente es todo lo contrario. Eros es la personificación del amor y el poder creativo en todos sus aspectos. Lo erótico es una afirmación de la fuerza vital de las mujeres, de una energía creativa y fortalecida. Continúa Lorde: "En realidad, lo erótico ofrece un manantial de fuerza inagotable y provocadora a la mujer que no teme descubrirlo, que no sucumbe a la creencia de que hay que conformarse con las sensaciones. Los hombres han acostumbrado a definir erróneamente lo erótico y a emplearlo en contra de las mujeres. Lo han equiparado con una sensación confusa, trivial, psicótica, artificial. Por este motivo, muchas veces renunciamos a indagar en lo erótico y a considerarlo una fuente de poder e información, confundiéndolo con su antítesis, la pornografía. Ahora bien, la pornografía es la negación directa del poder del erotismo, ya que representa la supresión de los sentimientos verdaderos. La pornografía pone el énfasis en la sensación sin sentimiento".

Las mujeres no solo hemos de rechazar el porno, sino comprender el daño que nos ha hecho y hace a nosotras y a los varones, y recuperar nuestra capacidad erótica con el despliegue total de su profundo significado. Audre Lorde nos recordaba: "Lo erótico no sólo atañe a lo que hacemos, sino también a la intensidad y a la plenitud que sentimos al actuar. El descubrimiento de nuestra capacidad para sentir una satisfacción absoluta nos permite entender qué afanes vitales nos aproximan más a esa plenitud".

El ascenso del poder y la conciencia feminista está llevando a muchas mujeres a la conclusión de que acabar con la opresión patriarcal solo es posible si estamos comprometidas con la revolución, es decir, con la creación de una nueva sociedad. Sin embargo la gran mayoría de mujeres todavía no imaginamos nuevos sistemas políticos. Y eso no es falta del feminismo, o mejor dicho, no solo es falta del feminismo. Nos han socializado para creer que las revoluciones siempre suceden rápida, súbita, repentinamente. También hemos sido socializadas para la gratificación inmediata de nuestros deseos, para lograr respuestas rápidas a nuestras demandas. En todos los movimientos de liberación la lucha ha sido y es larga, y en el feminismo falta todavía el tipo de compromiso con la lucha prolongada que hace posible la revolución. El movimiento feminista actual no desarrolla todavía todo el potencial de su impulso revolucionario. Grace Lee Boggs y James Boggs escribieron: "La rebelión es una etapa en el desarrollo de la revolución, pero no es la revolución. Es una etapa importante porque representa la fase de ponerse en pie, la afirmación de su humanidad por parte de la oprimida. La rebelión solo marca el punto al que llegar. Tenemos que aceptar que nunca hubo una estrategia por parte de la inmensa mayoría de organizadoras y participantes feministas para crear una conciencia masiva de la necesidad del movimiento feminista a través de la educación política. Una estrategia así es necesaria para que el feminismo sea un movimiento político que afecte a la sociedad en su conjunto de una manera revolucionaria y transformadora".

El ascenso del poder y la conciencia feminista está llevando a muchas mujeres a la conclusión de que acabar con la opresión patriarcal solo es posible si estamos comprometidas con la revolución, es decir, con la creación de una nueva sociedad

Las feministas de la liberación hemos de trabajar para cambiar la dirección del movimiento feminista, para que la mayoría de las mujeres puedan ver que sus anhelos de acabar con su opresión específica es atendida por un movimiento amplio de liberación de las mujeres. Remodelar la política de sexo, clase y raza del movimiento feminista es una estrategia que llevará a muchas más mujeres a unirse a la lucha feminista. Para construir un movimiento feminista basado en las mujeres trabajadoras más que en unas élites, necesitamos tener una ideología liberadora que puede ser compartida por las mujeres que hoy están fuera del feminismo. Esa fuerza revolucionaria solo puede crearse si las experiencias de opresión de todas las mujeres son comprendidas, y nos nutrimos de las experiencias y vivencias de todas nosotras. Todas hemos de participar en el movimiento de liberación de las mujeres; pensar, crear, luchar juntas. Como recordaba la compañera chilena Andrea Franulic en 2016: "Nos merecemos otra cosa, comencemos por buscar en las palabras de nuestras antepasadas y contemporáneas las pistas, y no nos hagamos cómplices de fomentar la ignorancia patriarcal, que siempre se las arreglará para naturalizar nuestra inferiorización. Nuestras fuerzas creadoras y pensantes debemos retornarlas hacia nosotras, y debemos cuidarlas".

Las mujeres hemos de ser conscientes, y sentirlo en nuestros corazones, que hemos sufrido la mutilación de nuestras capacidades innatas y han sido sustituidas por nuestras capacidades para complacer, obedecer, dar placer, trabajar gratis, y ser explotadas por los varones. Y para reforzar ese sistema que realmente nos hace seres incapaces de valorarnos, nos han condicionado para sentir culpa si no cumplimos con esos papeles que nos han asignado por nuestro sexo, por ser mujeres. Audre Lorde decía: "Nos han educado para que temamos el SÍ que llevamos dentro, nuestros más profundos anhelos. Pero cuando llegamos a identificarlos, aquellos que no mejoran nuestro futuro pierden su poder y pueden modificarse. Es el miedo a nuestros deseos el que los convierte en sospechosos y les dota de un poder indiscriminado, ya que cualquier verdad cobra una fuerza arrolladora al ser reprimida. El miedo a no ser capaces de superar las falacias que encontramos en nuestro interior nos mantiene dóciles, leales y obedientes, definidas desde fuera, y nos induce a aceptar muchos aspectos de la opresión que sufrimos las mujeres".

Ahora que las mujeres estamos volviendo a unirnos para luchar por nuestra liberación, todas hemos de ser conscientes de que hemos sido maleducadas por el patriarcado, y hemos de estar muy atentas a no reproducir patrones nocivos que nos inocularon desde pequeñas. bell hooks escribió: "La dominación revela la patología del amor: el sadismo en el dominador y el masoquismo en el dominado. Porque el amor es un acto de coraje, no de miedo, es el compromiso con las demás. No importa donde se encuentran las oprimidas, el acto de amor es el compromiso con su causa, con nuestra causa, la causa de la liberación".

Las mujeres hemos de comenzar el trabajo de reorganización feminista entendiendo que todas tenemos -independientemente de nuestra raza, sexo o clase- que actuar en complicidad contra el sistema de dominación de la mujer. Todas necesitamos hacer una ruptura consciente con el sistema patriarcal centrado en el varón. Necesitamos poner nuestra atención más en las mujeres y no tanto en los varones. Debemos calmar nuestra impaciencia al acercarnos, o si se acercan a nosotras, mujeres que son políticamente inconscientes; no debemos dudar en reconocer que nuestro cambio de conciencia ha sido un largo proceso y no olvidarlo nunca cuando estemos con mujeres con poca o ninguna conciencia feminista. No podemos motivar a estas mujeres a unirse a la lucha feminista afirmando una superioridad política que hace que el feminismo sea solo otra jerarquía opresiva. Ninguna mujer nació feminista, no lo olvidemos nunca.

Las feministas hemos de comprender que no competimos entre nosotras, que tener muchas voces enriquece al feminismo, tanto hacia dentro como hacia afuera, porque ninguna de nosotras tiene la capacidad de llegar y conmover a todas nuestras hermanas. Muchas mujeres abandonaron el movimiento feminista porque no quisieron apoyar las ideas de una pequeña minoría de mujeres que hasta hace poco han tenido el control sobre el discurso feminista. Esta vez necesitamos llegar a ser más, muchas más, y luchas todas juntas, si en verdad queremos transformar las bases de nuestra sociedad. Para ello necesitamos no solo hablar sino demostrar, seguir aprendiendo de las obras de nuestras grandes autoras, de nuestras hermanas y de nuestra experiencia. Necesitamos organizarnos más y mejor, ser más radicales, ser más profundas. Necesitamos ganarnos el respeto de las mujeres con nuestro trabajo feminista. Necesitamos nuevas fuerzas, revitalizar, y recuperar para la causa feminista la atención, el apoyo y la participación de las muchas mujeres que se fueron desilusionadas del movimiento feminista. Andrea Franulic propone para empezar ser valientes en las ideas, solo así las mujeres ofreceremos una propuesta completa de mundo: "Ya que muchas de nosotras sí tenemos la posibilidad de nombrarnos feministas, lesbianas, radicales, y pensarnos, tomemos el peso de nuestras consignas, démosle contenido y abandonemos la autocensura. Ante el extremismo de la misoginia, ser cobardes en las ideas no es una opción para nosotras. Está la jaula ante nuestros ojos, pero está también la fisura abierta por otras".

La esencia del feminismo es cambiar el centro de nuestras vidas de los varones a las mujeres. Por mucho que nos cueste, y nos costará menos con el apoyo mutuo de nuestras hermanas y compañeras, jamás hemos de cejar en este empeño, nunca hemos de renunciar a ser nosotras mismas, a vivir las vidas que realmente elijamos vivir. Nuestra liberación llegará a través de la multiplicación de muchas revoluciones individuales y colectivas. Las feministas más hondas no han dejado de recordarlo durante décadas a las mujeres que han tenido la posibilidad de escucharlas: "Cuando vivimos fuera de nosotras mismas o, lo que es lo mismo, siguiendo directrices externas en lugar de atenernos a nuestro conocimiento y necesidades internas, nuestras vidas quedan limitadas por factores externos y nos adaptamos a las imposiciones de una estructura que no se basa en nuestras necesidades humanas", bell hooks.

Para restaurar la fuerza vital revolucionaria del movimiento feminista, las mujeres debemos comenzar a repensar y reformular su dirección; hemos de estar dispuestas a criticar, reexaminar y comenzar nuevamente el trabajo feminista. La formación de una visión del mundo diferente al actual es imprescindible para la lucha feminista de hoy en día y para las luchas del futuro. Esto significa que, aunque sea el mundo en el que tenemos la "seguridad" que nos ofrece lo conocido frente a lo desconocido, debemos cambiar radicalmente este mundo hostil que nos agrede, nos explota y que es peligroso para nosotras. Esos impulsos revolucionarios, que tanto temen nuestros enemigos, deben inspirar nuestra teoría y nuestra práctica si queremos una Revolución Feminista que acabe con la opresión existente contra la mujer, si queremos realmente transformar nuestra realidad actual, si es verdad que queremos crear juntas una sociedad donde las mujeres seamos libres.

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