Guillermo Izquierdo: "El número uno ha sido bestial, pero la pandemia nos ha dejado en rojos"

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El grupo más importante del thrash metal nacional cumple 20 años. En realidad son 21, pero la pandemia dejó aparcada la mayor gira de su carrera que estaba prevista en 2020. Angelus Apatrida sacan nuevo disco, de título homónimo, y lo celebran colocándose número uno en las listas de ventas en España, por delante de los fenómenos de masas del reguetón y el pop anglosajón, y entrando en el top 50 en Alemania.

Guillermo Izquierdo (guitarra y voz) se quedó en shock al enterarse de la noticia. "Fantaseamos con la idea, pero sabíamos que era muy difícil". El próximo 20 de marzo presentan el álbum en la sala La Riviera de Madrid, con todos las medidas sanitarias, porque extrañan la sensación del directo y porque necesitan trabajar para despertar del letargo de la pandemia que les ha dejado en números rojos. "Lo necesitamos nosotros y lo necesitan todos los trabajadores de la industria musical, que ha sido abandonada por el Ministerio de Cultura", lamenta Guillermo. 

Durante una hora y media habla por teléfono para Kamchatka, sobre un disco que ha sido sanador para ellos y también para sus seguidores, sobre los planes para un futuro incierto, pero con la confianza en un público que les ha sido fiel durante dos décadas, sobre "la aberración" de meter a un rapero en la cárcel o sobre el día que les pidieron hacer una crítica de un disco de Adele "y nos gustó mucho". ¿Quién dijo que el metal estaba muerto?  

¿Qué tal sienta ser número uno en ventas?

Fantaseamos con la idea, pero sabíamos que era muy difícil. Nos tocaba lidiar con el lanzamiento de Foo Fighters, que es una de las bandas de rock más potentes del mundo, o con Taburete, que también sacó disco el día 5. Ahora, además de las ventas físicas, también se contabilizan los streaming, y ahí podíamos tener problemas. No queríamos hacernos ilusiones, pero cuando nos lo dijeron estuve media hora en shock. Es una sensación brutal.

Este álbum, en un principio, iba ser un EP.

Sí, porque 2020 se presentaba como el año más completo de nuestra carrera, lleno de conciertos y festivales. Cumplíamos 20 años desde que empezamos a tocar y estaba prevista una gira por Europa y EE.UU, además de la posibilidad de volver a Latinoamérica. Teníamos un par de temas compuestos y en abril entraríamos en el estudio para hacer 4 canciones más y sacar un EP en verano, pero en marzo se jodió todo con la pandemia. Así que estábamos en casa sin saber que hacer y compusimos 12 temas. Elegimos 10 y lanzamos el LP. 

Los expertos dicen que la gente ya no invierte su tiempo en escuchar un álbum.

Creo que el público del rock, del metal y del punk todavía somos fieles al disco físico, como demuestran nuestro caso o el de Foo Fighters. Al que le gusta la literatura aprecia tener el libro. Y disfruta de pasar las páginas, de olerlo y de almacenarlo en su biblioteca. Pues algo similar sucede con el metal. Los singles se consumen entre la gente más joven, y por desgracia, el público del heavy metal está un poco envejecido. Tenemos que recuperar a ese sector de la población.

¿Por qué cuesta tanto enganchar a los más jóvenes?

No tengo ni idea, pero me encantaría saberlo. Yo nací en los 80 y crecí en los 90 y por entonces ya era muy difícil acceder a este tipo de música. Siempre hemos sido muy pocos. El pop y el dance, y ahora el reguetón y el trap, son estilos más consumibles. Te dicen lo que quieres oír, te hacen bailar y ligar, que es lo que todos queremos cuando somos adolescentes. 

A lo mejor tiene algo que ver la mala prensa y la asociación que tradicionalmente se ha hecho del metal con la delincuencia y la mala vida. 

No creo. Igual en los 80 sí, pero ahora lo que no tenemos es presencia en los medios, a diferencia de lo que sucede en países nórdicos y centroeuropeos, donde este tipo de música es un bien cultural. El problema es que el metal pasa de generación en generación, de padres a hijos. Y ahora, por motivos personales y laborales, la gente de este ambiente no está teniendo hijos.

Habrá quienes piensen que con el número uno en ventas os habréis forrado. 

Pues ni de coña. El número uno no reporta ningún beneficio extra, pero te abre las puertas a medios más generalistas y te ayuda a consolidarte. A nosotros nos ha servido para corroborar que somos una buena banda y que no vendemos humo. Somos una pequeña empresa de 4 trabajadores que intenta sobrevivir como puede, porque la pandemia nos ha destruido. Trabajamos muy duro para conseguir un sueldo de entre 1.500 y 1.800 euros, que es mucho más de lo que gana la mayoría de la gente. Tenemos la suerte de dedicarnos a lo que amamos y de no aguantar a un jefe baboso.

El número uno nos ha servido para corroborar que somos una buena banda y que no vendemos humo

¿Cómo ha sido la experiencia de componer y grabar en mitad de una pandemia?

Ha sido la primera vez en muchos años que hemos tenido tiempo suficiente para sentarnos, reflexionar y ponernos a componer. Nos ha servido para descargar la frustración y la ira que teníamos acumulada. Ha sido una experiencia nueva y enriquecedora, pero no quiero volver a pasar por una situación similar de pandemia y encierro.

Toda esa ira que desprende el disco también puede ser sanadora para vuestros seguidores.

Sí. Y de hecho nos llegan muchos comentarios en ese sentido. Siempre hemos creído que la música tiene que ser una forma de expresión para el artista, pero también para quienes nos escuchan. El disco está forjado en una pandemia, como si lo hubiéramos compuesto en una trinchera, y queríamos que eso se notase en las letras y en la música.

Cuando un grupo publica un disco homónimo suele decirse que es para reivindicarse o para dar un giro en su carrera.

En nuestro caso ha sido para reivindicarnos después de todos los planes truncados de 2020. Hemos bajado la afinación y trabajamos con un nuevo productor. Hay unos pequeños cambios que definen lo que somos y lo que llevamos dentro en este momento. Y también estábamos tan centrados en el proceso de creación de las canciones que se nos olvidó pensar en un título. Entonces nos acordamos de una entrevista que le hicieron a Mille Petrozza, el cantante de Kreator, donde le preguntaron por bandas de metal españolas. Habló de nosotros, de Angelus, pero fue incapaz de pronunciar la palabra Apatrida. Así que decidimos llamarlo así, para que el público extranjero recordase nuestro nombre completo.

¿Os planteáis en el futuro cantar en español?

No cantamos en español porque nunca nos ha salido, porque la mayoría de nuestras influencias desde niños son bandas que tocan en inglés y porque estamos inmersos en el circuito internacional. Me resulta más complicado componer en español, porque soy bueno expresando emociones, pero no me considero un buen letrista. Aún así, no descarto que algún día lo hagamos. Me gustaría hacer algún tema en idioma español. 

¿Qué tal la experiencia de trabajar con Zeuss?

Llevábamos 4 años trabajando con Daniel Cardoso, batería de Anathema, que es un buen amigo, pero queríamos dar un paso más. Siempre nos ha gustado el sonido de EE.UU. y tras renovar con Century Records surgió la posibilidad de colaborar con Zeuss. El disco ya sonaba muy bien cuando lo grabamos con Juanan López y el añadido de Zeuss ha sido brutal. Queríamos un sonido orgánico y natural y el tío ha dado en la tecla. 

¿Cómo afrontáis los conciertos en pandemia?

Ya hicimos uno en las noches del Primavera Sound y para nosotros estuvo guay. Claro que es diferente, pero necesitamos trabajar. Y como fan echo mucho de menos ver cualquier tipo de espectáculo en directo. Parece que las cifras de contagios están mejorando y con la vacuna se empieza a ver la luz al final del túnel. Ojalá la situación mejore pronto, pero mientras tanto tenemos que seguir currando. 

Es una buena oportunidad para enseñarle a los aficionados que se puede disfrutar de un concierto de otra manera y que no siempre tiene que ser un desfase. 

Cuando empezamos a tocar en el extranjero nos dimos cuenta de que en España está muy arraigada la asociación de concierto con desfase y se nos olvida que también es un evento cultural. En Alemania, en Suiza, en Austria o en Holanda la gente está acostumbrada a ver un espectáculo en directo un martes y después irse tranquilamente a casa. Un concierto es una fiesta, por supuesto, pero puedes disfrutarlo sin meterte 2 gramos y beberte medio bar.  

Un concierto es una fiesta, por supuesto, pero puedes disfrutarlo sin meterte 2 gramos y beberte medio bar

¿El concierto de la sala La Riviera de Madrid, el 20 de marzo, será un repaso a vuestras dos décadas de carrera? 

Es el concierto de presentación del disco. Tocaremos los temas del nuevo álbum y alguno de nuestra discografía, pero no podemos hacer un espectáculo muy largo porque hay toque de queda y la gente tiene que salir a una hora razonable para volver a casa. Se trata de ponernos en marcha de nuevo y de volver al directo. Lo necesitamos nosotros y lo necesitan todos los trabajadores de la industria musical. Las entradas se están vendiendo bien, aunque sabemos que la gente tiene miedo. Pero se van a tomar todas las medidas de seguridad: sentados, con mascarilla, gel y distancia. Cuando volvamos a la normalidad, ojalá podamos hacer una gira de conciertos de dos horas y media para celebrar los 20 años con nuestra gente. Si se cumplen las predicciones, en verano estará vacunado el 70% de la población. Y por cierto, si hay algún antivacunas escuchando, mi novia y mi hermano son enfermeros, ya están vacunados y funciona. 

Es el momento idóneo para que el Gobierno, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos apoyen a la industria.

Sería el momento si viviéramos en un país normal, pero ni están ni se les espera. Todas las promesas que nos hicieron se han quedado en palabras. Ahora han anunciado una inyección de liquidez para el turismo y la hostelería, que por supuesto lo necesitan, pero la cultura sigue aquí y somos el 3,8% del PIB. No han hecho absolutamente nada por nosotros. Ojalá en verano, las juntas de comunidades destinen una partida para las actividades culturales, aunque seguro que en Castilla-La Mancha, con el señor Page, se lo gastan en toros y en actividades religiosas. 

Sois uno de los grupos más importantes de Castilla-La Mancha, ¿cuántas veces habéis actuado allí? 

Puedo contarlas con los dedos de una mano y siempre por iniciativa privada. Quizás alguna vez, en algún ayuntamiento… Aquí, todo lo que no sea toros o religión, olvídate. Los que nos van a salvar de esta situación es nuestro público, que siempre ha estado con nosotros.

Tenéis la suerte de tener un público fiel y muy consolidado.

El problema es que todo el mundo va a querer girar y podemos encontrarnos con que no haya salas disponibles. Además, hay una crisis económica bestial y la gente no tiene dinero. Pero confiamos plenamente en nuestro público. 

¿Temes que la inversión se decante por los géneros más mainstream? 

No tengo duda. Y bandas muy potentes se bajarán el caché para poder actuar. Pero al menos este verano no podrán venir los grandes grupos extranjeros y eso nos da más posibilidades de reactivarnos. 

Déjame preguntarte por el tema de Pablo Hasél y la libertad de expresión.

Es una aberración y una barbaridad, independientemente de lo que diga o de cómo lo diga, que puedes estar de acuerdo o repugnarte, pero ¿un delito penal? Nos estamos volviendo locos. ¿Qué es el enaltecimiento del terrorismo y quién lo decide? Un rapero enaltece el terrorismo con sus letras, pero luego ves a la nazi de Madrid culpando a los judíos y no pasa nada. Lo más peligroso es que este discurso está calando entre la gente. Ya lo vimos con el "a por ellos" en Cataluña. Dicen que aman a Cataluña y que Cataluña es parte de su país, pero luego animan a los policías para que les peguen de hostias a la gente. Están fatal de la cabeza. Yo creo que es un problema de educación. En los colegios no se habla de la Segunda República ni del golpe de estado. No se educa en el antifascismo y en la conciencia democrática.

El problema es que en los colegios no se educa en el antifascismo y en la conciencia democrática

¿Y sobre los disturbios?

Hay que distinguir a los 4 que aprovechan para saquear una tienda y a los policías infiltrados que se dedican a reventar manifestaciones de la gente que sale a la calle a protestar. Yo no soy una persona violenta. Soy pacífico, pero no pacifista, y llega un momento en que protestar con batucadas y flores no sirve para nada. Lo que espero es que alguien pare esto, antes de que suceda una desgracia. 

Pero, ¿crees que hay algo más que la figura particular de Hasél?

Por supuesto, la gente está en la mierda y sin nada que perder. Cada día me alegro más de haber tomado la decisión de dejar los estudios superiores de informática para dedicarme a lo que me gustaba en ese momento, que era el diseño gráfico y la programación de páginas web. Empecé a trabajar en la producción del Viña Rock y conocí a mucha gente. Y luego lo dejé para dedicarme de pleno a la música, como hicieron mis compañeros de banda, que también tenían trabajos. Trabajos normales y corrientes de los que nos habrían despedido con esta situación. 

Si un grupo de chicos o chicas jóvenes te dijeran que están pensando en formar una banda de metal, ¿les animarías?

Por supuesto que sí y me encantaría darles algún consejo. Les animaría a dedicarse a cualquier tipo de arte, pero también les diría que es muy difícil. En nuestro caso hay mucho trabajo y mucha perseverancia, pero también tuvimos la suerte de estar en el lugar adecuado y en el momento idóneo. Hay bandas que son iguales que nosotros e incluso mejores y que se han visto obligadas a parar. A los jóvenes les diría que no monten un grupo pensando en el éxito y en ganar mucha pasta, pero que tampoco renuncien a nada. Les hablaría de todos los obstáculos que se van encontrar y de que lo más probable es que no lo consigan, pero...¿por qué renunciar a ese sueño?

A los jóvenes les diría que no monten un grupo pensando en el éxito y en ganar mucha pasta, pero que tampoco renuncien a nada

Dime algunos discos que le recomendarías a la gente que está empezando a interesarse por el metal. Como tú no lo vas a incluir, empiezo yo con Clockwork de Angelus Apatrida.

Por supuesto, Somewhere in Time y Seventh Son de Iron Maiden e incluso el directo de Live After Death, que fue lo primero que escuché. Vulgar Display of Power de Pantera es un manual de instrucciones para hacer música metal. Iowa de Slipknot es una obra maestra. Y From Mars to Sirius de Gojira, que son un ejemplo de que se puede conseguir. En 2007, Gojira tocaba en el escenario pequeño del Viña Rock y ahora llenan pabellones. Y mi banda favorita del estado español es Soziedad Alkoholika.

¿Y alguna banda que no sea ni de rock ni de metal?

Me flipa el rap y creo que Violadores del Verso son los mejores. Y un abrazo para SHO-HAI, que es un buen colega. Me gusta Elvis y Chuck Berry. Me encanta Oasis, que es uno de los grupos que más escuchaba cuando era un chaval. Y Los piratas y la voz de Iván Ferreiro. También escucho electrónica. Daft Punk, por ejemplo, que ahora se han separado. Cuando teníamos un blog en la web de la revista Rolling Stone nos pidieron una crítica del álbum 21 de Adele. Lo escuchamos y nos gustó. Y estoy dándole mucho a Miley Cyrus. No me termina de llenar su voz, pero la música está muy guay. Ahora pongo los discos de Backstreet Boys o las Spice Girls y alucino con la producción que tenían. 

¿Y el reguetón?

No me gusta, pero sabemos que en Latinoamérica tiene un componente subversivo. A mí no me entra, no me dice nada, y me pasa un poco igual con el trap. 

¿Crees que ahora se hace más música prefabricada que en los 80 y 90?

En los 80 no lo sé, porque yo nací en el 83. Pero no creo que ahora sea muy diferente que el bakalao de los 90 o el dance de los 2000. Quizá ahora es más global debido al fenómeno de las redes sociales, pero ese tipo de música siempre ha estado ahí. 

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