Los inmigrantes indocumentados sostienen las pensiones en Estados Unidos

A poco más de 9 meses para las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, los políticos de uno y otro lado comienzan a enzarzarse en los grandes temas que coparán buena parte de la campaña electoral.

La inmigración es uno de los ejes centrales sobre el que pivota el debate público que enfrenta a republicanos y a demócratas. Los primeros, con Donald Trump dispuesto a reeditar su victoria de 2016, se afanan en seguir afilando la verborrea xenófoba que tan buenos resultados les dio en el pasado, mientras que los segundos, sumergidos en la guerra fratricida de las primarias, están divididos entre la mayoría que apuesta por seguir manteniendo una política de control férreo sobre la inmigración ilegal, y Bernie Sanders, el candidato que se ha autodefinido como socialista y que criticó duramente las expulsiones masivas de migrantes iniciadas por la administración Obama y sostenidas por Trump en los últimos 4 años.

Los republicanos atacan desde las tripas, con mensajes que aluden directamente al perjuicio que acarrea la carga migratoria para la economía del país y los bolsillos de la clase trabajadora.

El frágil estado del bienestar del país norteamericano presenta preocupantes síntomas de agotamiento, debido a una circunstancia que se repite en todo el hemisferio occidental; los ciudadanos tienen la mala costumbre de vivir más años, mientras la tasa de natalidad no para de decrecer. La hucha de las pensiones se encuentra en mínimos históricos, y de no revertirse la situación, el gobierno federal tendrá serios problemas para hacer frente a los pagos de la jubilación en el 2034, año en el que la generación de los baby boomer pasará a disfrutar del merecido descanso jubilatorio.

Los expertos apuntan a un escenario crítico para las cuentas públicas, más aún cuando en el futuro inmediato no se divisan periodos de holgado crecimiento, pero también aportan una posible solución, aunque no parezca ser del agrado de los grandes prohombres que dominan el poder político en Washington.

Los estudios realizados aseguran que la inmigración, la legal pero también la que cruza el río Bravo sin papeles, será determinante para mantener el equilibrio de las cuentas. Los foráneos aportan cada año miles de millones de dólares a la seguridad social a través de los impuestos sobre las nóminas, y pueden hacerlo durante muchos más años porque son de edades inferiores a la media poblacional de los Estados Unidos. Además, los que se encuentran en una situación de ilegalidad pagan impuestos pero no reciben ningún tipo de beneficio. O dicho de otro modo; contribuyen pero no generan gasto alguno.

Las cifras demuestran que los mejores años para la economía han coincidido con el sostenimiento de un flujo migratorio constante, y aun así, las diferentes administraciones que se han sucedido a lo largo de los años se han esforzado en endurecer las condiciones para obtener un visado que permita engrosar las filas de una fuerza de trabajo cada vez más envejecida.

Los estudios realizados aseguran que la inmigración, la legal pero también la que cruza el río Bravo sin papeles, será determinante para mantener el equilibrio de las cuentas

Mientras Donald Trump continúa señalando a la población inmigrante como el gran culpable de todos los males que asolan el país, su discurso para con las grandes corporaciones de Wall Street oscila entre la tibieza y la complicidad.

Si las cuentas del gobierno federal arrojan un balance negativo es en gran parte debido a la compleja ingeniería fiscal que los gigantes empresariales utilizan para eludir sus obligaciones fiscales. La desregularización imperante en el sistema estadounidense facilita rebajar sensiblemente el pago de impuestos para los que pueden permitirse la construcción de una arquitectura fiscal paralela, una situación  de privilegio que se acentuó con la entrada en vigor en 2018 de una nueva ley tributaria que desenmaraña aún más la tela para los elusores. "La nueva ley redujo la tasa impositiva legal al 21%, al tiempo que dejó intactas la mayoría de las exenciones impositivas que permitieron a las empresas reducir a cero sus impuestos sobre la renta", asegura Matthew Gardner, director ejecutivo del Instituto de Impuestos y Política Económica.

Así las cosas, 60 de las empresas más rentables de los Estados Unidos no han pagado ni un solo dólar en impuestos, a pesar de haber obtenido unas ganancias superiores a los 79 mil millones. Netflix y Amazon son dos de las compañías más beneficiadas. Ambas vieron duplicados sus beneficios con respecto al año anterior, pero no tendrán que hacer frente al pago de tributos. El senador Bernie Sanders aseguró que los 119 dólares que abonan los clientes de Amazon Prime son más que los impuestos que paga el gigante de los minoristas.

El candidato demócrata a la Casa Blanca ha prometido desmantelar la "impunidad tributaria" de Wall Street en caso de resultar elegido presidente. Sanders es, hasta la fecha, el único presidenciable que ha señalado la necesidad de modificar el statu quo que protege a las grandes fortunas y criminaliza a los sectores más vulnerables de la población. Apuesta no solo por revertir el entramado jurídico que cobija a los bolsillos más acaudalados, sino que también se ha mostrado partidario de regularizar a los inmigrantes indocumentados que llevan años contribuyendo al fisco con el dinero de sus salarios.

Las estimaciones del Servicio de Rentas Internas, la agencia gubernamental encargada del cumplimento de las leyes tributarias, calculan que los extranjeros no regularizados aportan cada año 9 mil millones de dólares a las arcas del estado. Como el resto de los trabajadores, una parte de sus nóminas va destinada al llamado Fondo Fideicomiso del Seguro Social, encargado del pago de las jubilaciones. La contribución es significativa, y sin embargo, todavía resulta insuficiente.

Las estimaciones del Servicio de Rentas Internas, la agencia gubernamental encargada del cumplimento de las leyes tributarias, calculan que los extranjeros no regularizados aportan cada año 9 mil millones de dólares a las arcas del estado

Para cuadrar las cuentas, Estados Unidos necesita mantener un tránsito migratorio superior al millón de personas cada año, o en un futuro inmediato, millones de trabajadores tendrán serios problemas para cobrar sus pensiones.

La innegable realidad de las matemáticas contrasta con la retórica incendiaria que los sectores más conservadores mantienen con los inmigrantes, empeñados en señalarles como el principal lastre que solivianta el buen rumbo de la economía. Pero la realidad es tozuda, y los estadounidenses, incluso los que votaron por Donald Trump, necesitarán de la mano de obra extranjera para ayudarles a costear sus jubilaciones. 

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