Jornaleros de Rumanía acuden al auxilio de la agricultura británica

Kamchatka es un espacio colectivo para una forma de hacer periodismo: feminista, de clase, contestatario e independiente. No tenemos grandes inversores que interfieran en nuestra ética profesional y para que esto pueda seguir así necesitamos más que nunca vuestra colaboración. Ayúdanos a seguir siendo libres. Ayúdanos a resistir.

La inmigración y sus casuísticas fueron uno de los argumentos más utilizados por los partidarios del Brexit durante los meses previos al referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea. Boris Johnson, actual primer ministro del Reino Unido, fue especialmente vehemente a la hora de señalar a la población extranjera como el gran responsable de todos los males endémicos que preocupaban a la sociedad británica.

El discurso de la diana sobre el extranjero se ha replicado con éxito en países como EE.UU., Italia, Hungría, Francia o España, donde formaciones ultraderechistas han disfrutado de un repunte electoral que hubiera sido impensable hace tan solo unos años. Sucede que la pandemia no entiende de fronteras y aquellos que clamaban por levantar muros para garantizar la seguridad interior se han visto derrotados por unas cuantas gotas de saliva.

La crisis sanitaria está dejando en evidencia las teorías de los más importantes estadistas de la xenofobia, y sus certezas, que tan bien han funcionado como catalizadores de los instintos más básicos de la muchedumbre, se han derrumbado a medida que la enfermedad avanzaba.

La inmigración no es solo productiva, como un elemento incuestionable de generación de riqueza, sino que también es imprescindible, más aún a este lado del mundo, donde la precariedad laboral y los bajos salarios están provocando un decrecimiento sin precedentes de la tasa de natalidad.

En el Reino Unido han necesitado 28.000 muertos para entenderlo. Los que hace tan solo unos meses eran señalados como delincuentes que ponían en peligro el estilo de vida de la Gran Bretaña se han convertido ahora en trabajadores esenciales para mantener los engranajes del sistema productivo. Tanto es así que el ejecutivo que lideraba Boris Johnson ha fletado 6 aviones para que jornaleros procedentes de Rumanía suplan la demanda de mano de obra en las explotaciones de frutas y hortaliza localizadas al sureste del país.

A pesar de la que la cifra de desempleados continúa creciendo, pudiendo rebasar en los próximos meses el récord histórico del 10%, los trabajadores nacionales no son suficientes, y de no atenderse con urgencia la necesidad de un incremento de la mano de obra, la cadena de suministros podría verse afectada.

Las condiciones de precariedad en el sector agrícola, con bajos salarios y pésimas garantías de salubridad, unido al cierre de fronteras provocado por el coronavirus son los causantes que han empujado al gobierno a tomar una medida que califican de extraordinaria y temporal. O dicho de otro modo, cuando los jornaleros migrantes hayan sido triturados, el sistema volverá a escupirles con el relato del odio y la xenofobia.

Por contra, los sindicatos han pedido al ejecutivo aprovechar la coyuntura actual para mejorar las condiciones laborales en las explotaciones agrícolas y transformar así el sector en un espacio atractivo para los demandantes de empleo, sean nacionales o extranjeros. 

Suscríbete a nuestra newsletter