Mundial de Qatar; esclavitud, muerte y propaganda

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Los mundiales de atletismo de Qatar han dejado tras de sí algunos de los momentos más bochornosos de la historia reciente del deporte profesional. Gradas vacías, atletas al borde del colapso debido a las altas temperaturas y un ejemplo de la deriva autoritaria de los comités organizadores, que anteponen los beneficios económicos a la salud de los atletas y a los principios básicos de la competición.

Los petrodólares de las teocracias del Golfo Pérsico se han hecho con un mundial de fútbol comprado mediante sobornos y con la Supercopa de España, que en el discurso público apuesta por el empoderamiento del fútbol femenino mientras vende la conciencia a la dictadura misógina de Arabia Saudí.

Verónica Boquete, excapitana de la selección española, lamentó que la Federación se haya dejado seducir por la boyante economía wahabita: “Jugar la Supercopa en un país como Arabia Saudí es premiar al agresor”. Lamentablemente, las declaraciones de Boquete son una excepción. Contadas son las voces que se resisten a la perversión del espíritu deportivo, reconvertido ahora en un objeto de subasta para postores de baja estofa.

La Federación Española apuesta en el discurso público por el empoderamiento del fútbol femenino mientras vende la Supercopa a la dictadura misógina de Arabia Saudí

Resulta paradójico que la FIFA, máxima autoridad del fútbol internacional, patrocine campañas para luchar contra el racismo mientras mercadea su máxima competición a un país donde las mujeres y las personas LGTB tienen menos derechos que una rata.

Los regímenes fundamentalistas del petróleo se han hecho con el control de algunas de las entidades y organismos deportivos más importantes del planeta, a sabiendas de que la pasión irracional que genera la alta competición puede serles útil para limpiar una imagen internacional manchada por la sangre y el autoritarismo.

Como ya hicieron los totalitarismos fascistas que asolaron Europa durante la primera mitad del siglo XX, el inmenso seguimiento que tiene el deporte y su trascendencia en la cultura popular, están siendo manipulados como una herramienta de propaganda al servicio de las tiranías más abyectas del mundo.

Los mundiales de atletismo es solo el principio de un camino pedregoso que conduce irremediablemente a la depreciación del juego. Un nuevo escenario donde la pasión de los aficionados pasa a un segundo plano, las necesidades de los atletas ya no son prioritarias y todo el oro que reluce esconde una mugrienta capa de podredumbre moral donde las voces más desfavorecidas son condenadas a los márgenes del relato.

Los mundiales de atletismo de Qatar es solo el principio de un camino pedregoso que conduce irremediablemente a la depreciación del deporte

Decía Xavi Hernández, ex capitán del Fútbol Club Barcelona, que en Qatar "las cosas funcionan mejor que en España", y aunque a la democracia imperfecta de la piel de toro se le ven las costuras de lado a lado, en las dictaduras fundamentalistas sucede que la minoría privilegiada de hombres blancos millonarios vive en un barbaja muy apartada del hedor de las cloacas.

Los miles de trabajadores llegados a Qatar desde Indonesia, Filipinas o Bangladesh para construir los estadios de la Copa del Mundo no disponen del altavoz de una estrella de fútbol. Hacinados en barracones, con un sueldo de miseria que en algunos casos ni siquiera cobran, más de 2.000 han fallecido en lo que las autoridades cataríes califican como "accidentes laborales".

esclavitud mundial de qatar
Trabajadores hacinados en barracones

Los que todavía pueden contarlo sobreviven en condiciones de esclavitud, ya que se les ha retirado el pasaporte y con ello la posibilidad de regresar a sus países hasta que finalicen las obras. "Somos prisioneros, ya no puedo más, solo quiero ir a casa, ni siquiera podemos llamar a nuestras familias", asegura uno de estos obreros en declaraciones al periódico peruano El Comercio.

Unos 2.500 trabajadores han fallecido durante las obras de construcción de los estadios que albergarán la Copa del Mundo de fútbol de Qatar

No es una excepción ni un caso aislado a propósito de la celebración de un acontecimiento deportivo de gran magnitud. Las condiciones laborales en Qatar son propias de un régimen feudal. Un informe de Amnistía Internacional relata las situaciones de miseria que están sufriendo miles de trabajadores y trabajadoras migrantes empleados por tres empresas de construcción y limpieza licitadas para las obras del mundial. "Los trabajadores van a Qatar con la esperanza de dar a sus familias una vida mejor, en lugar de eso, muchas personas regresan a casa sin un céntimo después de pasar meses persiguiendo sus salarios, sin apenas ayuda de los sistemas que que supone que les protegen", asegura Stephen Cockburn, director adjunto de Asuntos Globales de Amnistía Internacional.

Desde marzo de 2018, la organización de defensa de los derechos humanos  ha seguido los casos de 2.000 personas empleadas por Hamton International, Hamad bin Khaled bin Hamad y United Cleaning, después de que las empresas dejaran de pagarles sus sueldos durante varios meses, alegando dificultades económicas, antes de cesar sus operaciones y poner fin a sus contratos.

Al menos 1.620 de estos trabajadores presentaron denuncias ante los nuevos Comités para la Resolución de Conflictos Laborales, introducidos en marzo de 2018 como parte de una serie de reformas que Qatar aprobó a instancia de la Organización Internacional del Trabajo. Todo ha resultado ser otra cortina de humo para aplacar las voces discrepantes que llegaban desde el exterior.

La realidad es que cientos de obreros han regresado a sus países sin cobrar el dinero que se les adeuda, rendidos ante la maraña burocrática que protege al explotador. Es el caso de Bijoy, un ciudadano de la India, que tuvo que esperar tres meses para conseguir una cita con uno de estos pseudo comités de intermediación. Para entonces, había decidido volver a casa, debido al mal estaba de salud que padecía su padre. En lugar de recuperar los más de 13.000 riyales cataríes (3.750 dólares estadounidenses) que le debía Hamton International, Bijoy no tuvo más opción que aceptar tan sólo 1.000 riyales (275 dólares) y su billete de vuelta a India: “Supliqué al hermano del presidente que me diera al menos 4.000 riyales. Me dio 1.000 y el billete de avión. Tuve que olvidarme del dinero e irme. Opté por olvidarlo porque quería ver a mi padre”, relata Bijoy a Amnistía Internacional.

Miles de trabajadores migrantes sobreviven en condiciones de esclavitud, hacinados en barracones, sin cobrar un sueldo y con el pasaporte retenido para que no puedan abandonar el país

Además de la perspectiva de un proceso de denuncia largo y prolongado, los trabajadores deben resignarse también al hecho de que ganar un caso en el comité no garantiza el pago de la indemnización. Es frecuente que se vean obligados a presentar una nueva denuncia en los tribunales civiles, circunstancia que provoca una mayor demora y más gastos.

En octubre de 2018, la administración catarí anunció que pondría en marcha un Fondo de Seguro y Apoyo a Trabajadores para hacer frente al paga de las indemnizaciones adeudadas. Casi un año después, el fondo continúa sin financiación. La situación que se vive en Qatar es extrapolable en todos sus términos a las condiciones laborales que padecen los trabajadores migrantes en Arabia Saudí.

Acontecimientos como los mundiales de Atletismo, la Supercopa de España o la Copa del Mundo de Fútbol solo sirven para lustrar aún más la pátina de lujo y riqueza que envuelve a las naciones teocráticas del golpe Pérsico. A su vez, el colaboracionismo de los comités organizadores supone un apoyo cómplice para esconder en los más profundo del debate público el verdadero rostro de este tipo de regímenes, que están utilizando el deporte profesional para limpiarse las manchas de sangre.  

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