Al mundo le faltan 142 millones de mujeres

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"Día tras día, cientos de miles de niñas de todo el mundo son sometidas a prácticas que les causan daños físicos o psicológicos (o ambos) con el conocimiento y el consentimiento plenos de sus familias, amigos y comunidades". Así comienza el informe 'Contra mi voluntad', sobre el estado de la población mundial, realizado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA por sus siglas en inglés), la agencia de la ONU encargada de la salud sexual y reproductiva. El estudio revela una estadística especialmente dramática: al mundo le faltan 142,6 millones de mujeres, víctimas de feticidio o muerte temprana, porque sus padres desatendieron deliberadamente su alimentación y bienestar. "Hoy en día, las nuevas tecnologías de detección del sexo, el descenso de la fecundidad y la reducción del tamaño de las familias se combinan para impulsar la selección del sexo con sesgo de género", señala la UNFPA. Nacen menos niñas de lo que se considera normal en términos biológicos (100 mujeres por cada 102-106 hombres) y mueren muchas más en sus primeros años de vida. La preferencia por un hijo de sexo masculino es una expresión del bajo valor que se otorga a las mujeres en determinadas comunidades y con frecuencia refleja el carácter discriminatorio de ciertos hábitos y tradiciones socioeconómicas. En algunos países, solo los hijos varones son beneficiarios de las herencias y solo ellos pueden atender a los padres ancianos, realizar ritos funerarios y llevar el nombre familiar. Por su parte, las hijas son consideradas una carga. Estas tradiciones ejercen una enorme presión sobre las mujeres para que tengan hijos, llegando a incluso a ser víctimas de abandono o violencia física si paren a una niña. 

Al mundo le faltan 142,6 millones de mujeres, víctimas de feticidio o muerte temprana, porque sus padres desatendieron deliberadamente su alimentación y bienestar

La preferencia por los varones es una de las 19 formas de violencia que sufren las mujeres, según el informe de la UNFPA, que para la edición de este año ha puesto el foco sobre 3 de ellas: la ya citada selección del sexo, la mutilación genital y el matrimonio infantil. 

A pesar de estar prohibido en casi todo el mundo, cada día 33.000 niñas son obligadas a casarse con hombres adultos y se estima que 650 millones de mujeres que viven en la actualidad han sido víctimas del matrimonio a edades muy tempranas. Se trata de una circunstancia que trasciende a países, culturas, religiones y grupos étnicos, y es el resultado nocivo de la pobreza y la desigualdad de género. Muchos padres en situación de vulnerabilidad piensan que aseguran así el futuro de sus hijas por el simple hecho de garantizarles otra familia que se ocupe de sus cuidados. Un contexto que se acentúa en escenarios de crisis humanitaria, en la que los progenitores temen no poder ser garantes de la protección necesaria y optan por el casamiento forzoso creyendo erróneamente que será una medida eficaz contra la violencia sexual. En otras ocasiones, las niñas son una carga o una mercancía con la que negociar, cuyo valor fluctúa dependiendo de la edad. En aquellos lugares donde las familias pagan una dote, el precio baja a medida que la novia es más mayor, lo que genera un incentivo para que los progenitores casen a sus hijas a una edad temprana. 

Para las niñas, la consecuencia más inmediata es el fin de la escolarización, y con ello, de las oportunidades de futuro en la vida adulta. Además, es frecuente que al matrimonio le siga un embarazo, aun cuando su cuerpo no está física ni mentalmente preparado, y el riesgo de infecciones de transmisión sexual, entre ellas el VIH. En los países en desarrollo, nueve de cada diez nacimientos en los que la madre es una adolescente se producen dentro del matrimonio o de una unión libre y las principales causas de muerte entre las jóvenes de 15 a 19 años son las complicaciones derivadas del embarazo y el parto. 

Cada día 33.000 niñas son obligadas a casarse con hombres adultos y se estima que 650 millones de mujeres que viven en la actualidad han sido víctimas del matrimonio a edades muy tempranas

El pasado mes de mayo, el gobierno de Sudán anunció una importante modificación en su código penal que castiga con hasta 3 años de cárcel la mutilación genital femenina (MGF). Aunque cada vez es mayor el número de países que adoptan una posición punitiva, todavía existen una treintena, en África y en algunas zonas de Asia y Oriente Medio, donde la resección parcial o total de los genitales externos femeninos continúa siendo habitual. Más de 4 millones de mujeres y niñas padecen cada año una práctica que puede causar complicaciones de salud a corto y largo plazo, incluidos dolor crónico, infecciones, mayor riesgo de transmisión del VIH, ansiedad y depresión, complicaciones durante el parto, infecundidad, y en el peor de los casos, la muerte. En algunas sociedades se considera un ritual iniciático; en otras,  un requisito para el matrimonio. Algunas comunidades, tanto cristianas como judías o musulmanas, le atribuyen una base religiosa y una identidad cultural, por lo que es difícil para las familias optar por no someter a sus hijas a la ablación. Las que así lo deciden son condenadas al ostracismo y las niñas pasan a ser consideradas no aptas para el matrimonio. 

En alrededor de 1 de cada 5 casos, el procedimiento de la MGF fue llevado a cabo por un profesional médico capacitado. En determinados países, el número puede llegar hasta 3 de cada 4 niñas. Aunque se lleve a cabo en un entorno estéril, la mutilación genital femenina no cuenta en ningún caso con justificación médica y el personal sanitario que lo realice está socavando las leyes internacionales y los derechos de las mujeres y las niñas a la vida, a la integridad física y a la salud. 

Más de 4 millones de mujeres y niñas padecen cada año la mutilación genital femenina

La causa subyacente de estas y otros muchas violencias que sufre la población femenina es una profunda desigualdad, donde el valor de los seres humanos varía dependiendo de su sexo. Los tratados y acuerdos suscritos a lo largo de decenios sostienen de manera inequívoca que estas prácticas constituyen graves violaciones de los derechos humanos. La prohibición desde el punto de vista legal es una herramienta indispensable y un punto de partida para un trabajo educacional, de concienciación y de prevención para erradicar todas las violencias que sufren las mujeres y las niñas por el mero hecho de serlo.

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