"Mira a tu hijo, que seguro que se te pasan todos los dolores"

Que la ginecología tiene facetas no contempladas en la medicina tradicional es una realidad que evidencian muchas mujeres que han sufrido violencia obstétrica alguna vez en su vida. El proceso reproductivo en ocasiones trae aparejada una deshumanización por parte del personal médico, excesiva medicación o la exageración de procesos naturales. Está muy presente en el imaginario colectivo. Por ejemplo, hay muy pocas películas donde el parto no se tome como un proceso de dolor extremo y totalmente extenuante en todo momento. 

No es que tenga que tomarse a la ligera el proceso de dar a luz, ni tampoco suele ser indoloro o estar exento de riesgos, pero es un tema del que todavía muchas mujeres no quieren hablar tras haber pasado por él. Algo que se infantiliza hasta tal punto que una frase muy repetida es: "cuando veas a tu hijo, todo los dolores se te pasarán". 

Mercedes es matrona y comenta que "la violencia obstétrica se puede dar durante todo el proceso de gestación. Desde la concepción, embarazo, parto y puerperio. Se da sobre todo en el momento del parto. Aunque también es posible que en un embarazo considerado como de bajo riesgo, se haga demasiadas pruebas a la mujer bajo su propio consentimiento, produciendo así un estado de preocupación extrema que no se corresponde con su diagnóstico médico".  

Mercedes es matrona y comenta que la violencia obstétrica se puede dar durante todo el proceso de gestación

Manuela piensa (o lo pensó a posteriori) que en el nacimiento de su hijo no le dejaron elegir como ella hubiese querido que se desarrollase. "Tenía muy claro que quería un sitio donde respetaran mi parto, sabía cómo quería que fuese, aunque aceptaba que podía ser distinto a lo que yo pensaba. Por eso busqué un hospital que me diese confianza. Visité tres y nos decantamos por uno que tenía una tasa baja de cesáreas, en el que no solían practicar episiotomía (corte de la vulva hacia el ano), que tenía bolas fitness y camas transformer para elección de postura al parir. También contaba con área específica de neonatos". Tras realizar el cambio de hospital, esperaron el momento de que su hijo quisiese nacer. "Fui al hospital por rotura de bolsa y durante el tacto inicial me practicaron la maniobra Hamilton, que consiste en despegar con el dedo las membranas del útero para acelerar el nacimiento. No dije nada porque me lo hizo una chica joven, amiga de la obstetra que nos iba a acompañar, y pensé que yo estaría equivocada. Nos mandaron esperar y al poco vino otra matrona, más mayor, y volvió a practicarme la misma maniobra. Le pedí que parase, que me hacía daño y argumentó que me estaba ayudando. Lloré de impotencia e incertidumbre". 

A veces la juventud de la madre es un factor clave para sufrir violencia obstétrica. "Tenía 20 años cuando di a luz en Valencia. Llegué con 6 cm de dilatación, hasta que di a luz pasaron 3 horas y me ocurrió absolutamente de todo. Solicité la epidural y me la negaron porque sólo había un anestesista de guardia para las urgencias y “no iba a estar atendiendo partos". Me dieron un enema, me estiraron en una camilla, me pusieron suero y no dejaron que nadie entrase a acompañarme. Ni siquiera el que entonces era mi marido. Cada contracción era cada vez más intensa, creía que me iba a morir porque algo debía estar saliendo mal, ya que tanto dolor no era humano. Me negaron hasta una gasa para refrescarme. Quise ir al baño y me dijeron que no, que tenía que usar cuña. De mala gana me la pusieron. Pasamos a paritorio, entra el padre, me rasuraron y episiotomía de 5 puntos. Lo peor es que mientras me cosían le dijeron al padre que me iban a dejar bien cerraditas mis partes íntimas para que él estuviese muy contento", cuenta Melina, reviviendo una historia que no olvidará jamás. 

Lo peor es que mientras me cosían le dijeron al padre que me iban a dejar bien cerraditas mis partes íntimas para que él estuviese muy contento

Ana Martín relata que "el parto es uno de los momentos más intensos de la vida y a mi, como a tantas madres, me lo estropearon. Tuve suerte y mi hijo Marc nació por parto natural, pero con interferencias de la excesiva medicación que me pusieron". A continuación muestra un vídeo en el que su hijo acaba de nacer y ella, obnubilada por el efecto de los medicamentos, se queja a duras penas de un intenso dolor. Instantáneamente se oye una voz del entorno médico que dice: "bueno, mira a tu hijo a la cara, que seguro que se te pasa todo". 

Mercedes comenta que distinguir la violencia obstétrica es difícil porque "no está claro hasta dónde la medicina ayuda y hasta dónde perjudica. Para mi gusto la violencia obstétrica se da por este paternalismo médico que tenemos. Antes no tenías ninguna capacidad de decisión, pero esto está cambiando un poco. Hay hospitales en España que son pioneros en partos respetados, como el hospital de Torrejón de Ardoz. Esto significa que no se hacen episiotomías por rutina, ni decenas de tactos para que aprendan los estudiantes o maniobras invasivas. Eso sí, la violencia obstétrica sigue existiendo. A veces se produce debido a la formación y docencia del nuevo personal médico. Por ejemplo, en lugar de dejar a una mujer que dé a luz en más tiempo, aplicarle un forceps para que practique tu alumno. Hay un doble rasero un poco turbio y complicado". 

¿Qué ocurre en países donde la sanidad no es pública? Camila Zarek es matrona y trabaja en un hospital alemán. En Alemania es obligatorio tener un seguro médico, que costará unos 180 euros al mes (mínimo) a su beneficiario. Si la persona está asalariada, podrá pagar a medias el seguro con su empleador o deberá asumir una cuota más alta, en función de su sueldo. El drama viene cuando está en situación de desempleo, ya que deberá tener seguro igualmente. O si su trabajo es un minijob (máximo 450 euros al mes), ya que deberá abonar su propio seguro médico, salvo que solicite ayuda social al Estado por imposibilidad de asunción de ese pago.

Según Camila "intentamos respetar la decisión de las mujeres a la hora del parto. Esto a veces es complicado si son extranjeras por el tema del idioma, o si no saben cómo querrían que fuese su parto. Es verdad que estatalmente se paga más a la caja de salud cuando se hace una cesárea que cuando es un parto vaginal, que es siempre la mejor opción. En mi hospital intentamos tener un ratio muy bajo de cesáreas, pero hay otros en los que practican cesáreas con mayor frecuencia porque les sale más rentable".  

Hay hospitales que practican cesáreas porque les sale más rentable

En España es posible preparar tu propio plan de parto, tal y como explica Mercedes. "Me siento con las mujeres y vemos cómo quieren que sea su parto. Salvo que haya alguna cosa que no me cuadre y se lo explique, solemos aceptar lo que ellas desean". 

En caso de aborto, a veces también se produce violencia obstétrica. Ana Martín tuvo un embarazo ectópico (fuera del útero). "No sabía de qué se trataba, ni siquiera pensaba que pudiese estar embarazada, aunque sí deseaba tener otro hijo. Acudí al médico con muchísimos dolores, me derivaron a un hospital y allí la ginecóloga que me atendió me trató fatal. Me midió el nivel hormonal y dijo que seguramente estaba embarazada. Fui al baño y empecé a asimilarlo, incluso me ilusioné. Al salir me comentó que 'obviamente, no es viable esta gestación', de forma muy seca. Yo no sabía que tenía un embarazo ectópico y la forma en que me lo dijo fue un jarro de agua fría. Deberían tener en cuenta que un embarazo no es sólo la cuestión física, sino que también hay muchas hormonas y sentimientos entre medias". 

Asociaciones como 'El parto es nuestro' informan de las posibilidades ante un futuro parto. Sobre un parto que no ha ido como esperabas dicen que "lo más importante es tener en cuenta que no estamos solas, no culpabilizarse de lo ocurrido, buscar ayuda terapéutica profesional y comunicarse con los profesionales que atendieron el parto para comprender por qué realizaron diversas acciones". Desde esta asociación feminista sin ánimo de lucro ofrecen información sobre grupos de reunión o de apoyo online y también animan a escribir el propio relato del parto. 

Libros como 'Maternidades subversivas', de María Llopis, o 'De esto no se habla. Testimonios de violencia obstétrica', de Lety Jiménez, ponen voz a mujeres que relatan su experiencia al dar a luz y pueden servir de guía en un camino que todavía se torna, en ocasiones, bastante aciago.

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