Los grandes logros de la Segunda República

A las 6:30 de la mañana del 14 de abril de 1931, el Ayuntamiento de Éibar es el primero en izar la bandera republicana. Un día antes, la localidad guipuzcoana, junto con Sahagún en León y Jaca en Huesca, declararon el nuevo régimen con 24 horas de antelación con respecto a la proclamación oficial.

Las elecciones del 12 de abril habían dado la espalda al rey Alfonso XIII, especialmente en las grandes capitales. Los ciudadanos no le perdonaron su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera y en la noche del 14 de abril cruzó la frontera hacia el exilio tras la advertencia de Niceto Alcalá-Zamora, a la postre presidente del Gobierno provisional: "O se marcha antes de que caiga el sol o la violencia del pueblo puede provocar la catástrofe".

Comienza así una nueva etapa en la que España experimenta la democracia por primera vez desde el sexenio de 1868. Un período convulso y de inestabilidad, pero de grandes avances sociales que empieza a tambalearse en 1936 con la sublevación de un grupo de militares, y que se derrumba tres años después cuando las últimas defensas de la legitimidad democrática sucumben ante al empuje de las tropas fascistas.

Durante cuatro décadas, la dictadura de Francisco Franco sumerge al país en uno de los lodazales más profundos de su historia y se afana en borrar de la memoria colectiva los importantes logros conquistados por la II República. Una situación que se perpetúa con la llegada de la democracia, donde lejos de espiar los fantasmas del pasado se construye un relato edulcorado del régimen fascista, difuminando aún más los espacios de libertades colectivas que fueron posibles durante el periodo republicano.

  • Reforma agraria y derechos laborales

En la década de los años 30, el 50% del PIB dependía directa o indirectamente de la agricultura. La revolución industrial aún no era tangible en el país y más del 40% de la población activa se ocupaba en el campo.

Jornaleros en la Segunda República
Jornaleros en la Segunda República

El 28 de abril, el Gobierno provisional, por iniciativa de Francisco Largo Caballero, Ministro de Trabajo y Prevención Social, aprueba un decreto destinado a combatir el paro en el sector mediante la regularización y la implementación de las condiciones laborales de los jornaleros. Se aprueban los bautizados como Jurados Mixtos, unos organismos integrados por seis patrones, seis obreros y un secretario elegido por el ministerio, cuyo voto solía inclinar la balanza debido a las posiciones enfrentadas entre trabajadores y terratenientes. Era precisamente este aspecto el que provocó el rechazo frontal de la CNT, uno de los sindicatos más influyentes de la época, que se oponía a la influencia del representante ministerial, normalmente una persona adscrita a la UGT, debido al control que ejercía sobre la oferta de trabajo.  

A pesar de los obstáculos, los Jurados Mixtos logran mejorar sustancialmente las condiciones laborales de los labriegos mediante las inspecciones públicas, que ponen coto a los abusos, la obligatoriedad de contratar a braceros locales, la repartición de las tierras y la imposición de las ocho horas de jornada laboral, una de las grandes conquistas de los gobiernos republicanos. 

  • Educación 

La República sabía que la educación era la mejor herramienta para defender a la población de los cantos de sirena que le susurraban las bondades de la monarquía recién destronada.

En el primer bienio se construyeron 10.000 escuelas, más que en todos los años del reinado de Alfonso XIII, y se contrataron a 7.000 maestros. Se potenció especialmente la alfabetización en las zonas rurales gracias a las Misiones Pedagógicas, que se encargaron de la edificación de bibliotecas, centros culturales, coros y teatros.

Escuela
Escuela mixta

El estado legisló en favor de una educación laica, mixta y obligatoria con la que logra alcanzar objetivos más que satisfactorios. La cifra de escolarización de niños de edades comprendidas entre los 5 a los 14 años pasó del 55,8% en 1930 al 69% en 1935. Especialmente positivos fueron los datos referidos a la población femenina, donde se obtuvo la tasa más alta de escolarización jamás conseguida hasta entonces con un 66,4% de niñas asistiendo a clase en 1934.

La incorporación de las mujeres al sistema educativo permitió por primera vez su plena emancipación económica, debido al acceso que ello les permitió a un mercado laboral que hasta el momento era terreno de barbecho para ellas.   

  • Sufragio universal

El 1 de abril de 1931 las Cortes de la II República aprobaron el derecho a voto de las mujeres. Para el recuerdo queda el discurso de Clara Campoamor en defensa de una reforma de la ley electoral de la que su propio partido, el Republicano Radical, se posicionó en contra: "No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella".

El proyecto salió adelante a pesar de la oposición de buena parte del hemiciclo, incluidas las otras dos únicas parlamentarias; Victoria Kent, compañera de partido de Campoamor y Margarita Nelken, del PSOE, que argumentó que las mujeres estaban sometidas por la influencia de la iglesia y por tanto su participación beneficiaría a los partidos contrarios a la República.  

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Un grupo de mujeres ejerce su derecho al voto

Pese a las trabas, el Parlamento aprobó la reforma que equiparaba los derechos electorales para los ciudadanos de ambos sexos mayores de 23 años, con los 161 apoyos del Partido Socialista, a excepción de Indalecio Prieto y sus congresistas afines, de la Agrupación al Servicio de la República, de los autonomistas catalanes y gallegos y de los sectores más conservadores de la derecha, que confiaban en su tradicional ascendencia sobre las mujeres.  

  • Libertades individuales 

El mayor logro de los partidarios de la República fue el primigenio; la instauración de un sistema parlamentario que garantizaba la libertad de pensamiento y la militancia política y sindical. Tal fue así que en las elecciones de 1933 hasta 26 partidos consiguieron representación parlamentaria, circunstancia que hizo especialmente compleja la gobernabilidad del Estado.

Aunque la inestabilidad política marcó el devenir del nuevo régimen, el debate y la disensión hicieron posible la consecución de derechos fundamentales como la libertad de asociación, de opinión, de manifestación y de prensa.

El Congreso aprobó la ley del divorcio y el matrimonio civil, además de la regularización del aborto, iniciativas que impulsaron a un país desde las sombras de la dictadura de Primo de Rivera a la vanguardia del mundo contemporáneo. También la sanidad gratuita y universal, muy a pesar del relato oficialista que se afana en atribuírselo a la dictadura franquista.

El modelo de organización territorial alumbró un primer boceto de estructura regional que reconoció el Cabildo de Canarias y permitió la creación de autonomías con su propio estatuto, siempre y cuando las provincias limítrofes estuvieran de acuerdo en su constitución y fuera aprobado en referéndum por dos terceras partes del censo electoral.

Las libertades conquistadas sirvieron como caldo de cultivo para la eclosión definitiva de una de las hornadas culturales y artísticas más importantes del siglo XX. La llamada Generación del 27, encarnada en personalidades de la talla de Federico García Lorca, Pedro Salinas, Rafael Alberti o Vicente Aleixandre y también en las conocidas como "las sin nombre"; intelectuales como las poetisas Concha Méndez-Cuesta y María Teresa León, la novelista Josefina de la Torre o la filósofa y ensayista María Zambrano, voces silenciadas por su condición de género. Unos en mayor medida y otras en la medida que les estaba permitido encontraron en el albedrío republicano el escenario para la creación de un legado cultural que forma parte de nuestra identidad como país. Toda una generación de eruditos ilustrados que pagó a precio de exilio o de muerte su fiel compromiso con la libertad. 

Los avances de la Segunda República fueron sepultados el 1 de abril de 1939 cuando las tropas sublevadas consolidaron el golpe de estado y con ello la liquidación del legítimo gobierno y del estado de derecho.

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El Guernica en la Expo de París

Dos años antes, en 1937, un país azotado por las penurias de la guerra lanzó su último grito de auxilio durante la celebración de la Exposición Internacional de París. El Pabellón de España, localizado en la Avenida del Trocadero, recibía a los visitantes con los trazos del Guernica de Picasso, retrato virtuoso de los horrores del fascismo que se convertiría con el paso de los años en un símbolo internacional contra la guerra. De nada sirvió; las grandes potencias democráticas europeas, temerosas de que su implicación en el conflicto desencadenara un nuevo enfrentamiento global, abandonaron a su suerte a la ya por entonces débil República.

Apenas dos años después, los españoles se vieron obligados a dejar atrás los avances, y también las vicisitudes propias de un sistema democrático, para adentrarse como un condenado hacia el cadalso en una de las épocas más oscuras de su historia reciente; el fascismo había apagado la llama de la República.
 

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