Nico Rost; literatura contra el nazismo

Cuando Nico Rost se enteró de que su abuelo había despedido a un sirviente que había estado trabajando con él durante más de 50 años estalló en cólera. Solo era un niño de 11 años, pero no dudó en enfrentarse al patriarca de la familia. Años más tarde, en su libro 'Los amigos de mi padre', describió este episodio como la mecha que prendió la conciencia social de la que hizo bandera durante toda su vida.

Nicolaas Rost, nacido el 21 de junio de 1896, fue un periodista y escritor holandés, reconocido, no solo por su labor literaria, sino también por su compromiso y lucha antifascista. Fue en Berlín, ciudad a la que se trasladó con 22 años, donde entró en contacto con organizaciones de izquierda y comenzó a frecuentar los ambientes literarios de la capital alemana. Mientras trabajaba como corresponsal para diversas publicaciones de los Países Bajos compartió tertulias con figuras de la talla de Carl Einstein, uno de los máximos exponentes del vanguardismo, Gottfried Benn, considerado el poeta germano más importante del siglo XX, Egon Erwin, un notable periodista checo que comandó un batallón de las Brigadas Internacionales en la guerra civil española, o Franz Kafka, una de las firmas más importantes de la literatura universal.

A finales de los años 20 se afilió al Partido Comunista Holandés y en 1932 publicó un reportaje que trascendió más allá del papel. 'La Ucrania de los Cárpatos: un pueblo que se muere de hambre en el centro de Europa' es un relato de las condiciones de penuria y esclavitud a las que estaban sometidos los habitantes de este pueblo, oprimidos bajo el yugo de Checoslovaquia. Las autoridades gubernamentales desautorizaron la crónica, tachándola de propaganda, y le prohibieron la entrada en el país. Este fue el primer desencuentro de Rost con los regímenes autoritarios que gobernaron Europa durante la primera mitad del siglo XX. En una Alemania donde el veneno del nazismo comenzaba a infestar todos los estratos de la sociedad, no sería el único.

Por ser "amigo de judíos y marxistas" fue encarcelado durante unas semanas en el campo de concentración de Oranienburg. Corría el año 1933 y tras ser liberado tuvo que elegir entre escribir artículos condescendientes con el Tercer Reich o abandonar el país. Optó por lo segundo y recaló en Bruselas donde publicó 'Un campo de concentración en el Tercer Reich', en el que describe su estancia en Oranienburg. Este libro es uno de los primeros relatos de la barbarie nazi. Por primera vez, el mundo pudo contemplar los horrores de la bestia desde sus entrañas.

En la capital belga, Rost persiste en su compromiso antifascista, ejerciendo de traductor de una gran parte de los autores germanos que habían sido prohibidos por el nazismo y sumándose a las filas del Comité de Ayuda para las Victimas del Fascismo. Mientras tanto, la maquinaria de guerra alemana continuaba imparable su avance por todo el continente, y el 10 de mayo de 1940 invade los Países Bajos y Bélgica. Es entonces cuando Rost se alista en las tropas de la resistencia y ofrece su casa como refugio para los intelectuales que habían huido de Alemania. Escritores, pintores, periodistas y artistas encuentran cobijo en su domicilio, mientras él firma decenas de artículos de propaganda en los que ataca, sin ambages, la tiranía de los alemanes. Se convierte así en uno de los hombres más buscados por los nazis, hasta que en 1943 es apresado y enviado al centro de detenciones de Scheveningen. Seis meses después fue trasladado al campo de concentración de Dachau,  localizado a unos 13 kilómetros de Múnich, en la región de Baviera. Allí comienza a escribir la obra que le convertiría en un símbolo inmortal de la resistencia contra el fascismo.

  • Goethe en Dachau

"Dachau, 10 de junio de 1944.

¡La vieja Tierra todavía sigue ahí y el cielo aún sobre mí se arquea!". Unas palabras de Goethe que me acaban de venir a la mente. Hace tiempo que las leí, si no me equivoco, en las Conversaciones con Goethe, aunque sin pensar mucho en ellas. Pero por primera vez aquí en Dachau, en la Revier (enfermería), con una herida en la pierna, empiezo a comprender el profundo significado de estas palabras. Mientras sigue ahí, como dice Goethe, nada está perdido; mientras tenga un tiempo de apoyo me pondré de pie con firmeza sobre la tierra, con ambos pies, y con confianza podré aguardar el futuro. Mientras tanto, no hay ningún motivo para dudar...Goethe tenía razón otra vez, y por ello le estoy agradecido".

Así comienza 'Goethe en Dachau', un diario que Rost redactó durante los 10 meses que pasó recluido en el campo. Escribe en cada trozo de papel que encuentra y aunque la mayoría de los apuntes originales se han perdido, logró plasmarlos en un libro que salió a la luz el 1 de agosto de 1946. En España, la pequeño editorial Contraescritura hizo lo propio en 2016, por primera vez traducido al castellano.

Goethe en Dachau
'Goethe en Dachau' / Contraescritura

Rost desgrana con precisión de cirujano el día a día de su encierro: las enfermedades, el hambre, la muerte, el miedo...mientras reafirma sus convicciones antifascistas; lo hace cada vez que dona sangre para un compañero; lo hace cuando se niega a visitar el lupanar donde los nazis prostituían a las presas del campo; lo hace cada vez que roba medicamentos para aliviar el dolor de un hombre agonizante; lo hace cada vez que reparte su rancho con alguien más hambriento.

"¿Literatura, incluso frente a la muerte? ¿Y por qué no?"

'Goethe en Dachau' no es solo una crónica sobre los horrores del nazismo; es el testimonio de un hombre que encontró en la literatura, la reflexión y el debate con sus compañeros cobijo donde mantenerse a salvo del temporal. Entre las páginas de Goethe, Hölderlin, Renan, Stendhal o Schopenhauer construyó un refugio interior que le mantuvo firme ante la barbarie.

"1 de abril.

Hoy por la mañana 38.3. ¿Tifus? ¿O sólo una broma de mal gusto de primero de abril? En todo caso, a pesar de la fiebre, hoy estoy mucho más calmado que ayer -aún cuando tengo que seguir creyendo que pueda suceder- y sólo puedo decir, con palabras de Tucholsky: "¡Me echaría tremendamente de menos!".
¿Literatura, incluso frente a la muerte?
¿Y por qué no?"

El Ejército de los Estados Unidos liberó el campo de Dachau el 28 de abril de 1945 y Nico Rost regresó a Bélgica. En una Europa partida por dos, su obra fue especialmente celebrada en los círculos de izquierda, hasta el punto de que decidieron encargarle la dirección del archivo literario de la República Democrática Alemana, labor que compaginó con su activismo político. Militó en el Partido Socialista de los Trabajadores de Bélgica, un humilde conglomerado de siglas izquierdistas, y luchó para que los gitanos fueran reconocidos como víctimas del nazismo. En los últimos años de su vida se implicó para preservar el recuerdo de Dachau, labor que culminó con la apertura de un museo que todavía permanece abierto. 

Nico Rost murió en Ámsterdam el 1 de febrero de 1967. Para las generaciones venideras queda el legado de una obra que fue su vida plasmada en papel; una medicina poderosa contra los peligros de la desmemoria, ahora que en la vieja Europa vuelven a rugir las bestias del pasado.

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