En el nombre de la hija

Imagínense que de un día para otro su vida pasa a ser de interés público. De repente, su mundana cotidianidad es objeto de debate y cada paso que dan es escrutado minuciosamente por el ojo iracundo de la muchedumbre. Imagínense que la fama les atropella, que la privacidad ya no es un derecho. Imagínense que su nombre circula de boca en boca por millones de personas, que devoran con cada bocado un trozo más de su existencia. Imagínense que toda su vida se vea reducida a un par de minutos; ya no importa nada de lo que hayan hecho antes y mucho menos nada de lo que intentarán hacer después. Imagínense por un instante ser el plato principal de un banquete de buitres.  

Maria Teresa Giglio rastrea cada día internet en busca de páginas web que tengan alojadas fotos y vídeos de su hija, Tiziana Cantone. Confiesa que es una tarea difícil y dolorosa porque, aunque deseara no hacerlo, siempre consigue su objetivo. A María Teresa le gustaría ser la única persona que recordase el nombre de su hija, pero la memoria de la red no entiende del olvido, más aún cuando lo que hay que olvidar es el rostro de una chica joven y atractiva. 

Tiziana tenía 30 años cuando en el verano del 2015 envió un vídeo a cuatro amigos a través de WhatsApp. Se trata de una grabación explícita donde se la puede ver haciéndole una felación a un hombre. Su rostro es perfectamente visible pero el de él, todavía hoy, no ha logrado ser identificado. Uno de los destinatarios fue un joven llamado Sergio Di Palo, por aquel entonces su ex pareja, sobre el que recaen todas las sospechas de haber sido el responsable de subir las imágenes a internet. En pocas semanas, el vídeo se convirtió en uno de los mayores fenómenos virales jamás conocidos en el país transalpino, debido, en parte, a una frase que Tiziana pronuncia en un momento del metraje: "Mi stai facendo il video? Bravo!" ("¿Me estás haciendo un video? ¡Bravo!"). Aquellas palabras se transformaron en un meme reproducido en camisetas, gorras y fundas para el móvil que se vendieron por miles en internet. Un conocido locutor de radio y DJ la utilizó como una ráfaga que introducía en mitad de las canciones, y dos futbolistas de la primera división italiana, Paolo Cannavaro y Antonio Floro, hicieron su propia parodia mientras compraban en un supermercado. Para ellos solo eran bromas inocentes, pero Tiziana estaba viviendo un auténtico infierno. 

"El video se convirtió en uno de los mayores fenómenos virales jamás conocidos en el país transalpino, debido, en parte, a una frase que Tiziana pronuncia en un momento del metraje: "Mi stai facendo il video. Bravo!"

Un año después, la joven se trasladó a vivir a la Toscana, en un intento infructuoso por ocultarse. Llegó a cambiar de nombre, pero las imágenes continuaron circulando y su rostro era reconocido hasta en los lugares más recónditos del país. Fue entonces cuando ella y su familia decidieron armarse de valor y llevar el caso ante la justicia, donde presentaron sendas querellas contra su ex pareja y contra las compañías tecnológicas que hicieron posible la difusión. Tras una dura batalla legal, el 5 de septiembre de 2016, la corte falló en favor de Tiziana, a la que le concedieron el llamado "derecho al olvido", un requerimiento legal, auspiciado por la Unión Europea, que permite a cualquier persona solicitar la eliminación de sus datos personales de los principales motores de búsqueda y redes sociales.

Se trató de una victoria parcial, porque el tribunal también sentenció que la denunciante debía hacer frente a los 20.000 euros de las costas del juicio. La prensa calificó aquella polémica decisión como "el último clavo de su ataúd", y es que una semana después, Tiziana se ahorcó en la casa de un familiar.

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Camiseta con la frase que pronunció Tiziana / ebay

El traslado del féretro, en su recorrido desde la iglesia hasta el cementerio, fue seguido en directo por millones de personas a través de la televisión. Los mismos que durante meses hicieron mofa de la vida privada de una mujer, se lamentaban ahora de las consecuencias de sus burlas. El trágico desenlace provocó una gran polvareda en el país, que resonó incluso en las más altas esferas de la política italiana. El por entonces Primer Ministro Matteo Renzi calificó lo sucedido como un "hecho luctuoso del que todos somos responsables" y reafirmó su compromiso de "hacer todo lo posible" para erradicar el fenómeno de la violencia contra las mujeres. "Es sobre todo una batalla cultural, social y política", concluyó. 

María Teresa Giglio tiene ahora 58 años y reside junto con su hermana y su madre en Mugnano de Napoli, un pueblo de apenas 30.000 habitantes localizado a las afueras de la ciudad de Nápoles. Desde allí recuerda a su hija como una joven alegre y divertida, cuya vida comenzó a nublarse cuando entró en la adolescencia. La muerte de su abuelo la sumió en una fuerte depresión, que tuvo que soportar junto a la carga de un trastorno alimenticio que había mermado severamente su salud. María Teresa confiesa que Tiziana intentó quitarse la vida en dos ocasiones, antes de que a la tercera, finalmente, lo lograse. 

"Sobre Sergio Di Palo, el ex novio de su hija, al que califica como "celoso y controlador" ha hablado en declaraciones para la revista The Atlantic. "Mi hija le tenía miedo", asegura"

Sobre Sergio Di Palo, el ex novio de su hija, al que califica como "celoso y controlador" ha hablado en declaraciones para la revista The Atlantic. "Mi hija le tenía miedo", asegura. Le acusa de ser el responsable de la difusión masiva del vídeo y en contra de la versión oficial, que mantiene que Tiziana consintió en todo momento la grabación, María Teresa asegura que su hija estaba bajo la influencia de las drogas: "Me dolió verla así, se estaban aprovechando de ella". 

Desde el momento en que se produjo el trágico desenlace, esta madre coraje ha estado recopilando toda la información que los medios de comunicación han publicado sobre su hija. En algunos casos, los menos, noticias con información veraz, en otros muchos, grotescas invenciones fruto de la rumorología que todavía circula por los mentideros de internet.

No vacila a la hora de señalar a la prensa como uno de los principales culpables que empujaron a su hija al suicido, en particular a la periodista Elisa D'Ospina, la primera en revelar la identidad de Tiziana, y por consiguiente, la primera en prender la mecha de la viralización. Además, D'Ospina escribió que la difusión de las imágenes  estuvo motivada por una estrategia calculada de Tiziana para hacerse un hueco en la industria del cine porno, extremo que su madre niega con rotundidad. Un día después del suicidio, el periódico Il Fatto Quotidiano, el medio donde D'Ospina cargó las tintas contra la joven, publicó una disculpa, a medias, que es lo mismo que no disculparse, firmada por su editor: "Es justo y doloroso reconocer que nosotros también jugamos un papel, aunque pequeño, en este crimen cometido por la red".

Han pasado cuatro años y a la fecha en la que se escriben estas líneas nadie ha sido condenado por lo sucedido. La fiscalía de Nápoles inició una investigación por incitación al suicidio, en la que fueron interrogados cuatro hombres, entre ellos Sergio Di Palo, pero todos resultaron absueltos. 

En su pequeña casa de la Toscana, con la única ayuda de un ordenador, María Teresa sigue día a día la rutina de buscar en la red las causas que provocaron la muerte de su hija. Hace un par de días publicó en su cuenta de Facebook una captura donde un usuario de esta red social pide ayuda para encontrar el video de Tiziana. A pesar de que la sentencia de la corte italiana obliga a eliminar cualquier rastro del mismo, todavía quedan páginas webs que alojan las imágenes, al alcance de cualquiera, con títulos tan grotescos que no vamos a reproducir.  

María Teresa se ha embarcado en un compleja batalla legal contra Google, Yahoo!, Facebook y otros gigantes de Internet, a los que acusa de no haber hecho lo suficiente para frenar la difusión del video. Confiesa que su lucha se ha convertido en una práctica obsesiva, pero asegura que no descansará hasta que el buen nombre de su hija sea restituido, o al menos, hasta que el mal nombre sea eliminado. "El día que mi hija murió, yo morí con ella, pero si sigo viva es porque debe tener algún significado, estoy convencida".

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