Yo odio a Skyler

Años 50. La sociedad estadounidense se encuentra avanzando y aumentando su poder adquisitivo. La cultura de masas se impone y el cine, la televisión y la publicidad hacen su correspondiente aportación, alentando al público a que consuma y tenga por meta el American way of life, una vida ideal donde cuanto más posees, más feliz eres. La representación de la familia perfecta pasa obligatoriamente por un esposo sustentador del hogar y una esposa ama de casa que solo tenga en mente el cuidado de los hijos y la satisfacción de su marido.

En este contexto irrumpe en la pequeña pantalla, rompiendo con la aparentemente ideal estampa, la sitcom ‘Yo amo a Lucy’, cuya protagonista es un ama de casa ansiosa por salir de las cuatro paredes que la encierran y trabajar en el mundo del espectáculo, exactamente igual a como lo hace su pareja por el simple hecho de ser un hombre. “Ahora que hay igualdad,” le espeta a este en uno de los episodios, “nosotras queremos ser tratadas exactamente como si fuéramos hombres”, evidenciando que ellos cuentan con un trato privilegiado y ellas no. Lucy se convirtió en la antítesis de la abnegada esposa, sacrificada madre y entregada empleada en sus labores que representaba June Cleaver, el personaje de la serie ‘Leave it to beaver’ que la América conservadora idolatraba por ser una mujer que ‘sabía estar en su lugar’.

Décadas después, las líneas se emborronan y los creadores de ficción utilizan otros métodos en su representación de los clichés femeninos. Y, por sutiles, son más aterradores si cabe que la obvia figura incondicional, sumisa y antifeminista de June Cleaver.

  • Infidelidad y culpabilidad de la mujer

La serie de Showtime ‘Homeland’ revolucionó en 2011 la clásica narrativa de los buenos y los malos (después lo haría ‘Breaking Bad’ y también hablaremos de ella) La protagonista, Carrie, es una mujer que no corresponde al arquetipo tradicional, que sufre un trastorno bipolar y un gran dolor en su interior con el cual empatizamos desde el principio. Nos identificamos con ella y, en contraposición, odiamos por unanimidad a Jessica y Dana, la esposa e hija de Nicholas Brody, el soldado que vuelve del frente convertido a la causa yihadista.

Homeland
Homeland (Showtime)

Por más que como espectadores queramos odiarle a él, en quien concentramos nuestra ira es en las chicas de la familia. Las percibimos como egoístas, caprichosas y manipuladoras. Y, en el caso de Jessica, como traidoras a los valores que se supone que deberían representar en la historia. El elemento infidelidad tiene la culpa de ello, ya que la subtrama nos cuenta cómo ella se acuesta con el mejor amigo de su marido al creer que este había muerto en la guerra. Y, lejos de sentir una mínima empatía, no la comprendemos y pasamos a repudiarla, colocándole una letra escarlata. Su hija adolescente, además, nos despierta una enorme antipatía, por buscar torpemente su camino y no tomar decisiones inteligentes en mitad de la vorágine. Ella misma hace uso de una misoginia al sospechar continuamente que Carrie tiene un affair con su padre y que es por ello la culpable de ‘romper’ la familia.

  • Sexo, mentiras y heroínas de universo zombie

Otro personaje a analizar es Lori Grimes, la mujer del protagonista de la serie de AMC ‘The Walking Dead’. Tras un apocalipsis zombie en el que, de nuevo una mujer cree muerto a su marido, esta pasa a mantener relaciones con, viva la originalidad, el mejor amigo de este. Cuando el esposo regresa de entre los muertos, el personaje de Lori es construído en base únicamente a un conflicto sexual y movido por sus propios intereses.

Walking dead
The Walking Dead (AMC)

Su vida, regida siempre por una moral incluso absurda (en un episodio reprocha al grupo el aprovisionamiento de víveres en una carretera plagada de cadáveres bajo la excusa del respeto a los fallecidos) entra en una constante contradicción al meterse en una espiral de pecado que incluye jugar a dos bandas al continuar, a espaldas de su marido Rick, su relación con Shane, pero lanzándole continuos ataques y reproches; y enfrentarse de forma machista a Andrea, la única mujer antes de la aparición de Michonne que se opone a los roles de género tradicionales. Por todo esto odiamos profundamente a Lori, pero no detestamos a Shane sino que sentimos lástima por ese pobre hombre enamorado que tiene que ocultar su amor y que es manipulado por la pérfida fémina.

  • Moralidad e hipocresía

Los casos que acabamos de ver en ‘Homeland’ y ‘The Walking Dead’, e incluso otros como Marge Simpson y Lois Griffin dan fe de la puritana moralina que empapa la sociedad estadounidense, de donde proviene buena parte de la cultura pop que conocemos, pero si hay un ejemplo burdo de doble moral en la televisión de nuestros tiempos es quien da título a este artículo: Skyler White, la irritante esposa de Walter, alias Heisenberg y atípico antihéroe de la, por otra parte brillante, ‘Breaking Bad’.

Breaking
Breaking Bad (AMC)

Otra vez AMC nos presenta un cliché de matrimonio en el que el hombre lo da todo por su familia y la mujer en cambio es un continuo dolor de cabeza que no valora a su pareja y que también es infiel cuando las cosas se tuercen. Skyler es, de este modo, la verdadera villana de la serie porque desaprueba todo aquello que es inmoral a sus ojos pero que paralelamente no siente pudor en subirse al carro de la estafa económica cuando es ella quien decide ejecutarla, movida por sus propios argumentos.

Nuestro inconsciente separa entonces al personaje masculino que se ve ‘obligado’ a llevar a cabo métodos que están fuera de la ley para lograr un bien mayor, del personaje femenino que parece querer estar siempre por encima del hombre y termina por echarle en cara sus actos, viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. La serie de Vince Gillighan lo hace, además, introduciéndonos en un mundo masculino donde todas las mujeres que aparecen son, en mayor o menor medida, detestables, sin que por nuestra mente pase el preguntarnos por qué se nos ofrece esta imagen.

  • Placeres no tan culpables

Es curioso que, en una industria en la que cada vez más se busca calidad y originalidad, el desdén hacia otras series consideradas ‘menores’ nos haga pasar por alto lo bien construídos que sí están sus personajes femeninos. Una suerte de clasismo nos hace despreciar a los llamados guilty pleasures o ‘placeres culpables’, un término con el que se denomina a series que en muchos casos están dirigidas a un público femenino y que son consideradas melodramas. Por culpa de esto no nos estamos fijando en sus interesantísimos personajes, creados en ocasiones por mujeres, como es el caso de las geniales showrunners y guionistas Callie Khouri y Shonda Rhimes que diseccionan, en ‘Nashville’ y ‘Anatomía de Grey’ respectivamente, los universos femeninos en torno a dos profesiones ligadas tradicionalmente a hombres: la música country y la cirugía de élite. También, y para mencionar otras ficciones creadas por hombres, ciertos productos de entretenimiento como ‘Glee’ o ‘American Horror Story’, ambas de Ryan Murphy y Brad Falchuk, nos presentan a heroínas y villanas fuera de los estereotipos comunes y que son humanas y dueñas de sus propias decisiones, sin supeditarse a los varones y sin que nos disgusten aún cuando algunas poseen particularidades negativas.

Nashville
Nashville (ABC)

Tomemos como ejemplo ‘Nashville’, nacida en ABC y ahora en CMT, donde su protagonista Rayna James, una mujer valiente con una vida profesional, familiar y personal complicada, tiene que lidiar con una industria musical voraz, con un padre dictatorial, político conservador y corrupto para más señas, con un marido que la envidia en secreto y con el amor de su vida, quien sufre un grave alcoholismo. En medio de toda esta problemática realista y dura, Rayna saca adelante su carrera y a sus dos hijas mientras les enseña valores como feminismo y dignidad, mientras que ellas no son organismos vacíos e infantiles, sino que recíprocamente la liberan de prejuicios y vuelan por sí mismas. Otro personaje fuerte y de difícil arco, por la redención que experimenta, es la diva Juliette Barnes, que evoluciona pasando de la competencia a la sororidad, que no obedece las normas establecidas y que logra que empaticemos con ella cuando, en cualquier otra serie, un personaje con sus mismas características habría sido narrado de tal manera que habría conseguido acaparar toda la ira del espectador. Y, finalmente, encontramos a Scarlett O’Connor, una persona que comienza siendo tímida, tradicional y desdichada, y que se rebela contra el estigma que tienen que sufrir las mujeres que abortan o que viven su sexualidad libremente y son señaladas por ello.

  • España: un paso adelante, dos atrás

Hasta ahora hemos visto que quizá las series que supuestamente se dirigen a un público masculino (otra falacia que hay que desmontar) son aquellas que construyen personajes femeninos con características ‘odiables’. En cambio, las dirigidas a mujeres son tratadas de, oh sorpresa, forma menor, pero al ser propiamente analizadas encontramos en ellas signos de empoderamiento feminista.

En España, de un tiempo a esta parte productoras y cadenas españolas han venido pidiendo a los creadores ficciones que hablen de ‘mujeres luchadoras’. La industria televisiva se ha querido por lo tanto subir al carro de una presunta moda feminista y, como siempre que se hacen las cosas teniendo en mente el consumo de masas y no el mensaje que de forma responsable debe transmitir un producto cultural, ha fracasado con títulos como ‘Velvet’ o ‘Las chicas del cable’, que nos han sido vendidas como series feministas y que en realidad siguen perpetuando conceptos como el amor romántico y desgraciado, los cánones de belleza establecidos o la elegancia como condición indispensable en una mujer. Es decir: han vuelto a caer en arquetipos de tramas e ideas aburguesadas calcadas a los de las telenovelas de sobremesa de las que tanto insisten en desligarse. Hasta en series que han logrado aunar excelente contenido y factura como es el caso de ‘Crematorio’ nos encontramos con que sus personajes femeninos obedecen a los tópicos de mujer ambiciosa e infiel, sexy cazafortunas, gobernanta malhumorada o adolescente ingrata y rebelde sin oficio ni beneficio.

Crematorio
Crematorio (Canal +)

Afortunadamente hay honrosas excepciones, como la emitida en TVE ‘El Ministerio del Tiempo’ que nos presenta a dos de sus protagonistas, Amelia Folch e Irene Larra, como mujeres que no cesan en la búsqueda de la igualdad y que llevan la sororidad por bandera, hablándonos de conflictos sociales y de género a través de unos guiones que las llevan por otros caminos aspiracionales más allá de los tan manidos avatares amorosos que, según algunos, parecen el único conflicto al que por norma se enfrenta una mujer en la ficción y en la vida.

  • Sintonizando el cambio

Si nos hemos centrado en el audiovisual televisivo es porque este está cambiando y al mismo tiempo está mutando de la mano de Internet y de las plataformas digitales que buscan constantemente contenido. El público es quien ha de tener en sus manos la guía que entregar a showrunners y a guionistas, exigiendo historias que, de verdad y desde las entrañas, y no de pacotilla y con el enfoque incorrecto, tengan en cuenta a las mujeres y sus problemáticas, y pongan de manifiesto las desigualdades que sufrimos y que tienen que ver con el género, la clase y la política, que siguen lideradas por un patriarcado que muy frecuentemente se manifiesta en los productos culturales. Si Lucy lo sabía, ¿por qué no hemos continuado su legado y hemos dejado que el entretenimiento se pliegue a un capitalismo que jerarquiza todo y que invisibiliza lo que le desafía, incluída la mujer?

Además, nos hemos autoconvencido de que el género del personaje abominable de turno no es relevante y de que lo odiaríamos igual si fuera masculino. No es así, sino que lo que estamos poniendo de relieve es que se asocie lo femenino a la inquina y la hostilidad, y que se piense en la mujer impura como el germen de todo mal, algo que por otra parte viene haciendo la sociedad patriarcal desde que se escribió la primera de las Biblias de ficción de la historia. 

 

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Comentarios

Carlos (no verificado) , Mar, 19/12/2017
Bastante interesante.
Aunque a Shane yo le odié mucho mas que a Lorri.

Respecto a Skyler, yo tengo cierta sensación de que en el fondo, se la presenta irritable para jugar con el espectador, siendo en verdad ella la buena aunque el fan ciego y enamorado de Walter siga justificando sus locuras, la mas afectada y que tiene que soportarlo es ella. Aunque yo la odie durante el desarrollo, acabé por "entenderla" o aceptarla, incluso "admirarla"
Checa (no verificado) , Mié, 20/12/2017
Está guapo el artículo, pero hay algunas cosillas que no comparto. Por ejemplo, no me gustan frases como " odiamos profundamente a Lori, pero no detestamos a Shane sino que sentimos lástima por ese pobre hombre enamorado" ya que presuponen demasiadas cosas. A mí, por ejemplo, me caían mal los dos (jaja).
Por aportar algo, hay personajes femeninos muy guapos y que se salen del estereotipo como Debora Morgan, la hermana de Dexter, que mola bastante y tiene mucha fuerza, y por supuesto la magnífica Defred de The Handmaid's Tale, la mejor serie que he visto últimamente. También ayuda mucho a empoderar a la mujer Juego de Tronos, donde las mujeres tienen el mando en casi todo Poniente.
El Vinazos (no verificado) , Mar, 26/12/2017
Genial artículo.
Sólo un detalle, por polemizar. En la genial serie "Crematorio" dices que hacen un retrato sesgado de las mujeres. Cierto, pero es que no hay un solo personaje que se salve en toda la serie. Es el retrato de un mundo que (aún) existe.