Putas del campo

Richard Zacho dice no arrepentirse. Llevaba 3 años y medio preso en Mauthausen y Alinka era la primera mujer con la que tenía oportunidad de intimar. La recuerda como una chica guapa y agradable, de buen ver, "parecía estar sana", que bien valía los 2 reichmarks que había pagado por ella. Zacho fue un buen prisionero para las SS, obediente, productivo y servicial. No causaba problemas y por eso fue premiado con un servicio en el prostíbulo de Mauthausen.

El Holocausto es uno de los episodios más revisados de la historia reciente, pero incluso bajo la lupa más minuciosa aún quedan rincones que permanecen ocultos entre las sombras. Especialmente los protagonizados por las mujeres, cuyas voces acostumbran a ser relegadas a un segundo plano.

Entre los años 1942 y 1944, Heinrich Himmler, lugarteniente del Führer, ordenó la construcción de diez prostíbulos en sendos campos de exterminio. Se trataba de barracones de madera que contaban con hasta 20 habitaciones, custodiadas por una madame, donde los hombres que habían sido más eficientes en el trabajo podían acceder a través de un sistema de tickets, que pronto se convertiría en motivo de contrabando entre los presos.

Los lupanares fueron el destino de más de 34.000 mujeres, la mayoría procedentes del campo de Auschwitz-Birkenau, reclutadas con promesas de reducción de condena y mejor trato. Aunque en algunos aspectos recibieron mejores condiciones que sus compañeras, también fueron víctimas de un sistema de esclavitud dentro de la esclavitud, forzadas a la esterilización o a la interrupción de embarazos con métodos primitivos que en ocasiones acababan en muerte. Hay testimonios, incluso, que acreditan que algunas de ellas fueron tatuadas con el lema "puta del campo".

Feld-Hure (Puta del campo)
Feld-Here (Puta del campo)

Sin embargo, las SS sabían que para mantener la motivación de los hombres, la "recompensa" debía guardar un aspecto presentable, así que las mujeres disponían de ración extra de comida y buena vestimenta, algo que fue motivo de discordia entre las presas que no eran seleccionadas. "Cuando nos enterábamos que alguna compañera había sido elegida, la envolvíamos en una manta y le dábamos golpes en la cabeza", recuerda Mira Brasjo, interna en el campo de Dachau.

Un sistema fallido.

Himmler pensó que con los prostíbulos ganaría lealtades entre los presos, además de mejorar la productividad, pero las cifras demuestran lo contrario. Solo en Auschwitz la fabricación de materiales descendió en un 20% desde la inauguración del lupanar, en parte porque la debilidad de los presos no permitía mejoras en su capacidad de trabajo y en parte porque las convicciones ideológicas de muchos de ellos rechazaban la explotación de las mujeres y les hacía reafirmarse aún más en su militancia antifascista.

Por tanto, ¿quiénes eran los clientes? En su mayoría, oficiales de las SS, que a pesar de su antisemitismo accedían de buen grabado a abusar de las prostitutas, en buen número judías, y los llamados Kapos o "policía judía", presos que desarrollaban labores administrativas de baja estofa y que recibían un trato privilegiado a cambio de delatar cualquier movimiento subversivo en los barracones.

Los homosexuales fueron protagonistas involuntarios. En 1972, Josef Kohout, superviviente de los campos de concentración de Sachsenhausen y Flossenbürg, describió en su libro 'Los hombres del triángulo rosa: memorias de un homosexual en los campos de concentración del nazismo' como los homosexuales arios eran llevados a los burdeles para observar a cliente y meretriz mientras mantenían relaciones sexuales. Himmler lo llamaba "reeducación sexual" y sobra decir que no consiguió redimir las tendencias de ninguno de aquellos hombres. Los prostíbulos de los campos de concentración fracasaron en todos los objetivos para los que fueron concebidos.

Si bien es cierto que algunas mujeres fallecieron en sus habitaciones, la mayoría logró sobrevivir al holocausto gracias a los privilegios que se les concedía por considerarlas útiles para los objetivos del Reich. No se trató, en ningún caso, de un gesto de misericordia. Los nazis las utilizaron como un engranaje más de su maquinaria y su vida no valía para ellos más que el resto de las piezas. Lograron escapar para contarlo, aunque el estigma que ha mantenido su relato alejado de los focos las retuvo allí para siempre.

Comentarios

David (no verificado) , Lun, 11/12/2017 - 09:05
Las mujeres que fueron forzadas a prostituirse en los prostíbulos de los campos de concentración provenían en su mayoría del campo de concentración de Ravensbrück. Unicamente las mujeres del campo de de Auschwitz, fueron sacadas de ese campo, tal y como indican los estudios de Horst Seferens portavoz de la Foundation of Brandenburg Memorials.

Otro aspecto interesante, es que los presos judíos tenían vetado el acceso a los prostíbulos.