Rock de clase

By order of the prophet
We ban that boogie sound
Degenerate the faithful
With that crazy Casbah sound

La sala Hebe se ha visto forzada, tras más de 38 años de larga vida al rock en directo, a cerrar sus puertas en pleno corazón del barrio obrero de Vallekas. Desde finales del mes de Marzo el recinto arrastra una prohibición para celebrar conciertos por exceso de ruido. No poder continuar con su principal actividad ha generado unas pérdidas económicas que ha llevado a sus propietarios a tomar la dura decisión de echar el cierre. La alternativa pasaría por una costosa reforma que no pueden afrontar, lo que evidencia una problemática a la que salas y bandas se llevan enfrentando muchos años: la gimkana de obstáculos en el camino de quienes quieran ofrecer su música en vivo en Madrid.

Este fin de semana, el mismo en el que asistimos a los últimos dos días de agonía de la sala, el célebre co-fundador de Pink Floyd, Roger Waters, abarrotaba el WiZink Center, antes Palacio de Deportes de Madrid, situado en el barrio de Salamanca y a poco más de cuatro kilómetros de la Hebe. El precio de cada show de Waters oscilaba entre 51 y 102 euros; los conciertos en el local vallekano, entre 5 y 8. Algunos solían ser gratuitos. Y no, ninguno de los miembros de los grupos que allí actuaban pueden enorgullecerse de integrar una formación de fama mundial con himnos que rezaban “We don’t need no education”, ni falta que les hace, porque pueden enorgullecerse de algo mejor, de imbuir al rock y al punk de conciencia de clase, y de mantener su palabra hasta el fin de sus noches, las cuales tenemos el deber de alargar.

En estos tiempos en que parece estar tan de moda la coherencia, los viejos rockeros que gustaban de cagarse en el sistema parecen ahora haberse cagado en el dicho y haber muerto forrados de pasta, ahogados en sus particulares sobredosis de fama regada con sustancias variadas, y sordos, tristemente sordos. Han fallecido así, renegando del club de los 27 y pasando a formar parte de uno más longevo y más hipócrita, en el que su sordera selectiva les permite escuchar las productivas ideas de sus publicistas pero les impide oír los abucheos de quienes antes disfrutaban sus canciones repletas de rock’n’roll actitud y ahora les afean desafinar.

La cultura siempre, siempre, tiene que tener una labor social. Y lo social se construye con hechos, no solo con palabras, riffs y escenografía. Waters cargó en su espectáculo contra, entre otros, el FMI, Trump y Rajoy, y hasta enseñó unas cartulinas en las que se podía leer: “Los cerdos gobiernan el mundo. ¡Que les den!” La metáfora animal proviene del álbum de Pink Floyd ‘Animals’, que critica el sistema neoliberal basándose en la misma representación que Orwell mostraba en ‘Rebelión en la granja’. En el disco encontramos tres temas que hablan de tres clases sociales: los perros, depredadores de los negocios; los cerdos, dirigentes de clase dominante en los ámbitos económico, político y religioso; y las ovejas, el proletariado que vive explotado por los dueños de los medios de producción y manipulado por los medios de comunicación. En la canción dedicada a este estrato ‘ovejil’, la banda británica se deja llevar por el nihilismo y se pregunta si los oprimidos, una vez se liberen de sus cadenas, se convertirán en los opresores. La inquietud marxista deja paso al cuñadismo del ‘todos son iguales’ y a un mensaje de que la única solución es arrastrar el peso de dichas cadenas y sobrevivir a base de amor.

¿Pero qué hostias es eso?

Sábado por la noche, un suelo pegajoso, litros de cerveza y llamadas a patear los culos de los nazis. Evocando esta imagen nos podemos situar en la Hebe de Vallekas y gritar (nada de sacar inofensivas cartulinas) ya no que les den a los cerdos, sino que nosotras hemos de blandir los cuchillos que los abrirán en canal. ¿De qué sirve que el ex Pink Floyd, o cualquier ex de cualquier mito de guitarras, bajos, baterías y egos, predique mensajes supuestamente antisistema cuando lo que subyace es un conformismo derrotista? ¿De qué sirve que esos mensajes solo lleguen a quienes pueden pagar entradas en torno a 100 euros? Y, lo que es más importante, ¿de qué hostias sirve que todo suceda mientras los verdaderos núcleos de resistencia son tapiados?

El punk nació como reacción a la deriva burguesa del rock, y poco después el punk experimentó su propia deriva hacia la apatía y la falta de compromiso político, sí, pero sus valores han permanecido ahí, en ese sábado por la noche, en ese suelo pegajoso, en esos litros de cerveza y en esas llamadas a patear los culos de los nazis. Mientras, los dirigentes cerdos y el Capitalismo profeta prohíben la música rebelde de las ovejas, a la vez que los perros neoliberales hacen negocio vendiendo, a las ovejas que aspiran a ladrar, tickets para el WiZink Center. Necesitamos revertir esta situación, porque la cultura precisa de espacios donde las proletarias seamos las protagonistas, de espacios creados por y para nosotras, donde ninguna orden de cierre por exceso de ruido nos deje sin lugar para nuestra expresión. Los espacios mediáticos hoy en día se encuentran invadidos por voceros de ultraderecha lanzando espumarajos por la boca contra la gente del activismo y de la cultura como ya hiciera el franquista Queipo de Llano contra Picasso. Esperemos no llegar al punto de que haya asesinos que disparen a genios como Lorca. De momento se dispara al aire, a la cultura de clase, a la que molesta e incomoda a los del palco y la sala VIP.

But the Bedouin they brought out
The electric camel drum
The local guitar picker
Got his guitar picking thumb
Had cleared the square
They began to wail.

“Cuando sales a conseguir la miel no sales a matar a todas las abejas”, dijo Joe Strummer, líder de los Clash, cuyas estrofas del ‘Rock the Casbah’ se cuelan en este artículo y cuya metáfora también animal nos completa la que sus paisanos planteaban en ‘Animals’. Strummer, disconforme con la apatía del movimiento hippie y con el mainstream de la radio, quería sacudirse de encima su mala opinión sobre la sociedad y volver a creer en la gente, buscar los restos de Federico García Lorca y desenterrarlo, porque dicho escritor le fascinaba. De nuevo nuestra alma está con Lorca, quien dirigió ‘La Barraca’, aquel grupo de teatro universitario que llevaba la cultura a las zonas rurales que no podían disfrutarla. El granadino, su obra y su actividad, comprometidos con el pueblo, comprometidos con quienes no pueden pagar 100 euros de entrada, quienes pertenecen a la clase que necesita fundir los eslabones de sus cadenas. El compromiso siempre estará ahí y no con los equidistantes, con los que habrían cerrado los ojos ante el asesinato, a manos del fascismo y a sangre fría, del artista, de la cultura, de los ideales.

“Sin la gente no eres nada”. Esto también lo dijo Strummer, y los impedimentos que se le ponen a la gente desde las esferas que controlan los perros y los cerdos son, lo dicho, una gimkana de obstáculos que tenemos que derribar empleando para ello nuestra unión y nuestra conciencia. La foto de recuerdo del WiZink Center nos tiene que importar una mierda; la de la fachada cerrada de la Hebe de Vallekas es la que ha de aparecer en nuestra cabecera, para que no se nos olvide quiénes somos, de dónde venimos, cuál es nuestra (contra)cultura, qué es actualmente la defensa de Madrid y de tantos otros lugares donde las ovejas buscamos rebelarnos. El rock, el punk, la ficción, el ensayo, el audiovisual, el arte, será de clase o no será.

Incluso si al sharif no le gusta,
nosotras vamos a sacudir la Casbah.

Foto: @vallekalles

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