La visibilidad del Documental en Los Oscars

Hay una idea, de las muchas que flotan sobre la ceremonia de los Oscars, acerca de que los documentales candidatos son más avanzados en la cuestión social que los filmes de ficción que concurren. Se supone que estos últimos son de grandes productoras  y que los docus son filmes más independientes en su gestación y por tanto pueden ser más autopermisivos a la hora de afrontar temáticas más comprometidas. En cierto modo, es una aplicación errónea de los procedimientos europeos, y más concretamente españoles, a los estándares estadounidenses.

Es cierto que en nuestro continente y en nuestro país hay un movimiento bastante fuerte de documentalistas independientes, que tienen su ventana en festivales de cines y programaciones de centros culturales más comprometidos. Pero si vemos las listas de los premios nacionales de cine, como los mismos Goya, veremos que están ausentes de las candidaturas de premios siempre controlados por la industria y el mainstream.

En Estados Unidos también hay documentalistas independientes que no catan los Oscars ni de lejos. De hecho, muchos de los que llegan a la gran final son de productoras especializadas –allí es más fácil comercializar un documental- con larga trayectoria. Incluso están presentes los dos cocos del siglo XXI, Netflix y HBO. La primera concurre con el largo “Icaro”, sobre el dopaje en el deporte ruso, y la segunda con el cortometraje “Traffic Stop”. No es tan raro en el caso de HBO. Aunque se ha hecho mundialmente famosa por sus series, nació en su momento como cadena dedicada al documental, consiguiendo algunos Oscars en su trayectoria. Sin ir más lejos, su corto “A Girl in the River: the Price of Forgiveness”, fue galardonado en 2015.

Nominados a mejor documental Oscars 2018
Nominados a mejor documental Oscars 2018

La pregunta sería si el axioma que abría estas líneas, el de que los documentales de los Oscars son más comprometidos con la realidad del mundo que nos rodea, es cierto. El problema para el gran público es que los docus en el gran autohomenaje que se da todos los años la industria de Hollywood pasan muy desapercibidos, ahogados en la parafernalia de las estrellas. Además, sabemos que los Oscars suelen “adoptar” en cada gala algún tema social, que subsume todos los demás. Así, la cuestión racial, los derechos de la comunidad gay o este año, el previsible eco del “Me Too”, hacen que otras causas pasen desapercibidas.

Los discursos de los ganadores y ganadoras en la categoría documental suelen ser bastante combativos, pero los resúmenes televisivos de las galas los obvian, no tanto por esto, sino porque todo el espacio se lo comen las estrellas. A no ser claro, el famoso “Shame, Mister Bush” de Michael Moore cuando recogió su estatuilla por “Farenheit 9/11”. La “gran causa” de todos los años hace que estas pequeñas reivindicaciones desde el escenario pasen desapercibidas. Si el apoyar estas causas es algo sincero por parte de la Academia o simplemente un acto de oportunismo es otro tema de discusión.

Aún así. ¿Merecen esta fama los documentales de los Oscars de ser más comprometidos socialmente? Echemos un vistazo a los largos ganadores de esta década, que ya avanza a su final. Ha habido tres de temática musical (“Searching the Sugar Man”, “A 20 pasos de la fama” y “Amy”). Uno sobre la crisis económica (“Inside Job”) y otro sobre el caso Snowden (“Citizenfour”). El último ganador fue “OJ, Made in América”, acerca de la vida y el famoso proceso a OJ Simpson. Entre ellos, aparece “Undefeated”, sobre una enferma de sida en Londres. Parece que sí, que se cumple el axioma a primera vista, pero si analizamos veremos sorpresas. En realidad, los tres musicales presentan temas muy americanos explotados por el cine de ficción. El gran cantante olvidado que resurge, las chicas del coro que tienen sus cinco minutos de gloria, el mito de Amy Winehouse que representa el clásico “muere joven y deja un bonito cadáver”. “Citizenfour” habla del tema de Snowden, pero en realidad deriva hacía el modelo “Todos los hombres del presidente” o la reciente “Los archivos del Pentágono” sobre la libertad de expresión. “Undefeated” cae en uno de los riesgos de este tipo de documentales, el melodrama. Queda “Inside Job”, que lejos de caer en convenciones más genéricas tiene lo que se debería pedir a un documental social, más análisis sobre lo que habla y llegar a conclusiones universales.

Documental Amy
Documental 'Amy'

El riesgo de centrar un tema en un caso concreto es perder la perspectiva. Aquí gana de largo el excelente “OJ Simpson: Made in América”, que trasciende la anécdota sensacionalista del famoso asesinato cometido por el ex deportista para hablar de racismo, violencia de género y el circo mediático en que se ha convertido nuestra sociedad, en un gran fresco de los actuales Estados Unidos.

Los cortos ganadores ofrecen más variedad, pero se detectan varias líneas de las que apuntábamos en el párrafo anterior: el melodrama (“Hellium” sobre las relaciones entre un niño enfermo terminal y uno de los celadores del hospital al que acude. “Incierto” con una aspirante a artista callejera que vagabundea por Los Angeles y que sufrió abusos sexuales en la infancia). La violencia en cortos como “Killing in the Name”, acerca de las víctimas del terrorismo islámico o la muy interesante “Salvar la cara”, sobre los cirujanos plásticos pakistaníes que se ofrecen a reconstruir a las mujeres que en su país son víctimas de salvajes ataques con ácido. Aquí tenemos otra muestra de cómo se puede hacer un discurso global a partir de un hecho concreto, algo que a veces falla.

No se trata de criticar a estos documentales por el tema que tratan, sino de establecer –en estos y en todos- hasta qué punto son capaces de trascender lo que cuentan y no fascinarse por un caso concreto que les haga perder de vista el discurso global, al que como documentales tienen la opción de llegar. Algo donde no llegan muchos filmes de ficción, que caen en el mismo pecado de no generalizar un discurso. Y dejarlo todo en manos de unos pocos personajes, como si su historia no tuviera trascendencia más allá de ellos.

Este año se mantienen las líneas habituales. “Heaven is a Traffic Jam on the 405” trata sobre una artista con serios trastornos mentales que se ha convertido en artista (otro riesgo del documental: hacer de una excepción la norma. No todos los enfermos mentales acaban siendo artistas. Así como en otro candidato, el corto “Knife Skills”, sobre un restaurante donde el personal son convictos, ya que su dueño pasó por prisión y quiere dar una oportunidad). Más interesantes parecen “Edith & Eddie”, sobre una pareja interracial de casi centenarios que se casan o “Traffic Stop”, que nos acerca al caso de un maestro afroamericano que sufrió abusos policiales por saltarse un stop. Evidentemente, los documentales estadounidenses miran a sus problemáticas, en estos dos casos raciales. Las consecuencias del neoliberalismo están presentes en “Abacus: Small Enough to Jail”, sobre el único banco estadounidense que acabó en los tribunales por el tema de las subprime. Curiosamente, es un establecimiento familiar, nada relacionado con las grandes cadenas bancarias, en lo que parece un ejemplo de manual de atacar el eslabón más débil. Y como nota exótica, la primera película siria nominada en la historia de los Oscar, “Last Men in Aleppo”, sobre los Cascos Blancos que están actuando en Siria. Un tema que gusta a la Academia, ya que el corto ganador el año pasado trataba del mismo tema. También los premios pueden servir para sacudir malas conciencias ante las pasividades internacionales.

Documental Abacus: Small Enough to Jail
Documental 'Abacus: Small Enough to Jail'

En suma, los documentales de los Oscars meten el dedo en la llaga de cuestiones candentes, pero con matices. Falta análisis, falta mirar por encima de las historias que cuentan y llegar a conclusiones generales, y corren el riesgo de quedarse en ilustraciones de casos concretos, con lo que paradójicamente se acercan a géneros del cine de ficción. Esto puede ayudarles a dar visibilidad a estas películas y conseguir un público mayor, pero puede hacerles perder efectividad como reflexión genérica. En cualquier caso, hay que reconocerles que dan un primer paso en concienciación sobre cuestiones que, de otro modo, no llegarían al gran público.

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